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Hojas de Oro

Un Llamado A Regresar A Las Ense–anzas B’blicas

Ò...que contend‡is por la fe...Ó

A–o XXXX, No. 3                            MARZO                                            2010

 


êndice:

...El libro de Zacar’as.

...ÀDebo ser miembro de una asamblea?

...Los falsos maestros enga–an, manipulan y traicionan.

...Mercachifle.

...Respuesta a una carta.

...Con relaci—n a las ofrendas voluntarias.

...El perd—n de Dios.

...Marcas de los falsos maestros y profetas.

...Dones espirituales.

...Fundamentos (VI parte).

...Lecci—n 9: La Palabra de Dios.

...Lecci—n 10: Mayordom’a.

...Los dones del Esp’ritu Santo (continuaci—n).

...Las marcas de una Asamblea de Jesucristo.

...La perseverancia de los creyentes.

...Cristo es el Se–or de todo.

...La muerte espiritual, f’sica y la muerte segunda.

...En los postreros tiempos.

...Comentario sobre los Diez Mandamientos (continuaci—n).

...La œltima palabra.

 

El libro de Zacar’as.

    Al igual que Hageo, Zacar’as era un profeta del remanente fiel que regres— a Palestina despuŽs de los setenta a–os de cautiverio. Compar‡ndose con las dem‡s profec’as del reino, los grandes pasajes mesi‡nicos de Zacar’as se hacen perfectamente claros. En las predicciones de este profeta se presentan los dos advenimientos de Cristo (9:9 con Mateo 21:1-11 y Zacar’as 14:3,4). Zacar’as revela la mente divina tocante a los poderes mundiales gentiles que rodean al remanente fiel que ha sido ya restaurado a Palestina. El libro se divide en tres secciones: I. Visiones simb—licas a la luz de la esperanza mesi‡nica (1:1–6:15); II. La misi—n desde Babilonia (7, 8); III. El Mes’as en Su rechazamiento y en Su reino (9–14).

 

ÀDebo ser miembro de una asamblea?

(Por David Cloud)

TEXTO: Hechos 2:41.

INTRO: Es pr‡ctico. Pablo dice que Òtodas las cosas deben ser hechas con ordenÓ. Sin una lista de miembros Àc—mo conocerse?

    Hay cuatro razones por las cuales un creyente debe ser miembro de una asamblea:

I. Porque cada asamblea es un ÒcuerpoÓ que est‡ formado por muchas partes, cada una de las cuales tiene una responsabilidad.

1. En el N. T. vemos que todos los creyentes forman parte de la familia de Dios, pero cada asamblea es una organizaci—n aut—noma e independiente (Hechos 14:21-23). VŽase 1 Timoteo 3:15; 3:1-14.

2. En el N. T. cada asamblea es un cuerpo espiritual que cuenta con sus propios miembros (1 Corintios 12:26, 27). VŽase Romanos 16:1.

II. Los creyentes necesitan una asamblea que estŽ unida (1 Corintios 1:10; Filipenses 1:27). Si no eres miembro de una asamblea no tendr‡s parte en los negocios.

III. Para practicar la disciplina se debe contar con una lista de miembros (1 Corintios 5:11-13).

1. Los padres no pueden disciplinar los hijos de sus vecinos.

2. Una asamblea no tiene autoridad para disciplinar a alguien que no es miembro (1 Corintios 5:11-13).

IV. El creyente debe ser miembro de una asamblea para estar bajo autoridad como se indica en las Escrituras (Hebreos 13:7, 17). (Fin)

 

Los falsos maestros enga–an, manipulan y traicionan. (Adaptado)

    En el movimiento Òcarism‡ticoÓ o ÒpentecostŽsÓ muchas veces los miembros ignoran los pecados de sus l’deres.  Las Escrituras son claras respecto a que el creyente no debe tolerar el pecado en las asambleas. VŽase 1 Tesalonicenses 5:20-22; 1 Corintios 14:29; 1 Juan 4:1-3; 1 Tesalonicenses 5:19-21.

    Por lo general, los miembros est‡n m‡s interesados en tener mucha alabanza que no les importa lo que se predique. Si el mensaje no concuerda con las Escrituras el predicador es un falso profeta.

Pˆgina 2    Es la obligaci—n de cada creyente el escudri–ar y entender las Escrituras (Juan 5:39; 2 Tesalonicenses 2:2, 3, 15; 1 Corintios 14:29; Judas 16).

    Unas de las caracter’sticas de los falsos profetas es que no se apegan a la sana doctrina, sino que van inventando Òcosas y mŽtodos mejoresÓ. El verdadero ministro se limita a lo que la Biblia establece con claridad.

    Por lo general los falsos maestros promueven la adoraci—n a otros dioses y doctrinas de demonios. Debemos seguir el ejemplo de los creyentes de Tesal—nica (Hechos 17:11).

    El buen ministro practica el concepto de que solamente la Palabra de Dios es lo que puede cambiar a los seres humanos. Ninguna otra cosa funciona. Los falsos maestros desobedecen las claras restricciones e instrucciones que aparecen en la Biblia (1 Reyes 13:21, 22; 1 Samuel 3:19; ƒxodo 20:14). Cuando un l’der comete tales pecados esto indica que Žl no proviene de Dios, sino que es un emisario de su padre Satan‡s (Mateo 6:24, 1 Timoteo 6:6-8). Hoy vemos la proliferaci—n de ÒministrosÓ que ense–an todo lo contrario, para lo cual han montado un Òevangelio de la prosperidadÓ y ense–an que Dios quiere hacer rico a todo el mundo.

    Cada creyente tiene que escudri–ar las Escrituras y aplicarlas a toda su vida. Esta labor tambiŽn deber’a ser la meta y el trabajo de cada asamblea, pero muchasÓ iglesiasÓ se dedican m‡s a entretener a sus miembros con teatro, show musicales, mimos, etcŽtera, que a predicar la sana doctrina.

    Usaremos un ejemplo m‡s para dejar totalmente claro d—nde se est‡n torciendo las Escrituras en muchas ÒiglesiasÓ y ministerios:     mujeres que predican (1 Timoteo 2:11-14; 1 Corintios 14:33-35). La Biblia ense–a que en el huerto del EdŽn Dios maldijo a toda mujer, repitiendo esa maldici—n en las asambleas como una restricci—n respecto al ministerio (1 Timoteo 2:11-14). ÀQuŽ nos muestra la Biblia? ÀDios levant— la restricci—n? No. ÀEst‡ en vigor todav’a hoy? S’.

    Para terminar llamo la atenci—n sobre Tito 1:9; 2:1; 1 Timoteo 1:10; 4:16; 2 Tesalonicenses 2:8; 2 Pedro 3:16; 2 Corintios 4:2. (Fin)

 

Mercachifle.

(Por J. Candeas, Apdo. 2, CP 11300, La L’nea, Espa–a)

TEXTO: Apocalipsis 18:13 Ò...almas de hombres...Ó

    S’, la iglesia papista es un vulgar mercachifle (mercader de poca importancia) desde hace siglos. En la Palabra hay much’simas profec’as sobre ella ya cumplidas, y una que queremos hacer patente aqu’ es la que la se–ala como comerciando con las almas de los hombres. Esta profec’a est‡ m‡s que cumplida. Pero Àse puede mercadear con las almas de las personas? ÁPues claro que s’! La ÒiglesiaÓ cat—lica, no apost—lica y romana lo hace desde siglos. Se trata de la diab—lica doctrina del inexistente purgatorio.  Esta granujer’a encendi— la antorcha de la Reforma en el siglo XVI. Estaba el siervo de Dios, Mart’n Lutero, enfrascado en su trabajo en el monasterio cuando alz— la cabeza, intrigado: ÀQuŽ ruido era ese? Se trataba del ÒinsigneÓ siervo del papa Juan Tetzel, quien con gran esc‡ndalo, acompa–ado de otros muchos ÒinsignesÓ como Žl y precedido de su tropa, iba haciendo mercader’a con las almas de las personas. Pon’a el tenderete en la plaza del pueblo y con gran elocuencia gritaba algo as’: ÒVuestros seres queridos est‡n en el purgatorio, sufriendo horriblemente. Pero vosotros podŽis pagarles una gracia y aliviarles sus sufrimientos. En cuanto suene la moneda en la caja vuestro ser querido saldr‡ del purgatorio e ir‡ al cieloÓ.

    El purgatorio es una granujer’a papista. Ella ense–a que las personas, por buenas que sean en esta vida, siempre tienen un pecado sin pulir y, por eso, al morir no pueden ir directamente al Cielo porque all’ no entra nada impuro.  Pero tampoco van al infierno, porque un pecadillo sin importancia no es suficiente da–o para entrar all’. Entonces, todas las personas cuando mueren van al purgatorio, un lugar temporal de purgaci—n de los pecados. Cuando los pecados estŽn purgados con el sufrimiento de las llamas, pasan al Cielo. TambiŽn se puede ayudar a salir de ese horrible lugar pagando misas a su favor. ÀCu‡ntas misas?  El cura no lo sabe y le dice al feligrŽs: ÒPaga cuantas m‡s misas mejor, as’ tu ser querido saldr‡ m‡s prontoÓ.

    Una vez purgados los pecados, son los ‡ngeles los encargados de ir a por los ya limpios para llevarlos al Cielo.

    ÀQuŽ diremos a tanta blasfemia? Primeramente que el purgatorio no existe, se invent— al final del siglo sexto. Segundo, que las indulgencias plenarias (remiten de todo el castigo temporal) es una contradicci—n a la Palabra de Dios.   Es Cristo quien purg— los pecados (Hebreos 1:2, 3; 10:14).  VŽase Lucas 23:39-43, 1 Juan 1:7.

    Los Òcat—licosÓ est‡n haciendo un Òcomercio con las almas de los hombreÓ (Apocalipsis 18:13). (Fin)

 

Respuesta a una carta.

    Como has descubierto hay muchas Òreligiones cristianasÓ que no son de Jesœs sino que pertenecen a Satan‡s. La organizaci—n ÒFamilia UnidaÓ es una de los cientos de ÒiglesiasÓ que no son cristianas porque no siguen las ense–anzas de las Escrituras. El motivo de estas ÒiglesiasÓ es obtener dinero apoy‡ndose en textos aislados, sobre todo del A. T.

    Los ÒAdventistas del SŽptimo D’aÓ son una organizaci—n mundial que tuvo su comienzo en el siglo pasado.  Rechazan la obra final de Jesœs en la cruz puesto que uno Òtiene queÓ guardar el d’a s‡bado. DespuŽs de la muerte de Jesœs todos de los libros en el N. T. indican que las reuniones cristianas siempre se celebraron en el d’a domingo. S’, Pablo predic— a los jud’os en el s‡bado. El d’a de adoraci—n P‡gina 3 no importa. Puedes adorar a Dios en el sŽptimo d’a, no comer carne, vivir una vida ejemplar, guardar cada uno de los diez mandamientos y aœn as’, al morir, despertar en tormento en el sheol (hades), esperando la segunda resurrecci—n en el futuro para recibir tu grado de tormento en el Lago de Fuego. La salvaci—n es por gracia (favor inmerecido), no por obras sino por la fe en Jesucristo. (Fin)

 

Con relaci—n a las ofrendas voluntarias.

(Por Oscar R. Gil Leal, Cuba)

TEXTO: Nœmeros 18:8. ÒDijo m‡s Jehov‡ a Aar—n: He aqu’ yo te he dado EL CUIDADO de mis ofrendasÓ.

1. Mateo 21:3. Cooperaci—n: ÒEl Se–or lo necesitaÓ.

2. Marcos 12:41-44. ÀQuiŽn da m‡s?

3. Marcos 14:8. ÒEsta dio cuanto pod’aÓ.

4. Lucas 10:7. El obrero es digno de su salario.

5. Hechos 4:32-37. Todas las cosas en comœn.

6. Hechos 5.1-11. Privacidad y dominio de los bienes.

7. Hechos 6:1. Distribuci—n.

8. Hechos 20:33-35. No a la codicia.

9. Romanos 15:25-33. Los pobres.

10. 1 Co. 9:1-18. Presentando a Cristo gratuitamente.

11. 1 Co. 16:1-24. Ofrenda.

12. 2 Co. 8, 9. Ofrenda Voluntaria.

13. 2 Co. 11:7-8. Hab’a asambleas que pagaban SALARIO, pero estos pastores no recib’an DIEZMOS sino SALARIOS.           

14. 2 Co. 11:20. La asamblea no debe permitir que LOS MALOS OBREROS la despojen de su econom’a.

15. 2 Co. 12:14-16. El pastor no puede ser motivado a pastorear por los bienes materiales que va a recibir, antes debe gastar, si fuera necesario, lo suyo propio.

16. G‡latas 2:10. Tener siempre en cuenta a los pobres (recuŽrdese las viudas que en  verdad lo sean, asimismo los pobres que en verdad lo sean, pues el principio b’blico es que Òel que no trabaja, que no comaÓ).

17. G‡latas 6:6-10. Compromiso de dar y a quiŽn.

18. 1 Tesalonicenses 2:6. ÒPod’amos seros carga como ap—stoles de CristoÓ.

19. 2 Tesalonicenses 3:6 ss. Los pastores tienen derecho a ser mantenidos o sostenidos por la iglesia.

20. Tito 3:13. Que a los misioneros nada les falte. Es la asamblea la que atiende los casos de necesidad y a esto se le llama BUENAS OBRAS.

    Fil. 2:19-30 relata que Epafrodito enferm— por servir a Pablo, es decir, por pasarle su sustento a Žl (vers’culo 30). ÒNadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacŽis lo que yo os mando.Ó (Juan. 15:13-14). (Fin)

 

El perd—n de Dios.

TEXTO: Salmo 51:1-3.

INTRO: Sin la seguridad del perd—n, la vida no tiene valor.

I. ÀHemos sido demasiado malos como para recibir perd—n?

1. ÀQuŽ dicen las Escrituras? La oferta de perd—n viene con condiciones. Recuerde que nuestro Dios es un Dios de ira. (Mateo 10:28). VŽase 2 Reyes 22:13; Salmo 2:12; Juan 3:36; Romanos 1:18; 2:8; Efesios 5:6.

2. Siendo que Dios es Santo, Santo, Santo (Apocalipsis 4:8) ƒl no puede tolerar ningœn pecado en Su presencia. Por causa del pecado Òno hay esperanza de vivir eternamente a su ladoÓ. ÁPero contamos con el amor de Dios! (Juan 3:16).

3. El Sustituto (Romanos 3:20-26).

II. El perd—n de Dios cubre todos nuestros pecados (2 Corintios 5:21; Romanos 5:1, 2).

1. Tal perd—n es completo (Romanos 4:7, 8; Isa’as 43:25).

2. No son imputados al pecador. Imputar es atribuir a otro una culpa. Dios carg— a Su Hijo con nuestros pecados, vŽanse Sus promesas en Juan 3:16; 5:24; 6:47; 7:38; 11:25; 20:31; Hechos 13:48; 16:31; Ro. 1:16; 4:3; 5:1; 10:11.

II. Hay varias clases de perd—n.

1. El perd—n de Dios legalmente (1 Juan 2:1; Romanos 8:28, 39) que se da œnicamente al pecador arrepentido.

2. El perd—n de Dios en Su familia. Primero el pecador es perdonado una vez y para siempre de sufrir la pena del Lago de Fuego (salvaci—n una vez y para siempre). Pero en el camino el creyente cae a veces en pecado. ÀQuŽ debe hacer? La respuesta se encuentra en 1 Juan 1:9.

3. El perd—n entre unos y otros (Lucas 17:1-10).

III. Ahora ÀquŽ es el pecado imperdonable? (Mt. 12:31, 32).

1. Este pecado es la blasfemia contra el Esp’ritu Santo. El contexto nos muestra que los fariseos (los jud’os m‡s religiosos) oyeron las palabras de Jesœs, vieron Sus milagros, observaron Su vida perfecta, pero atribuyeron Sus actos sobrenaturales a Satan‡s. Esto es la blasfemia contra el Esp’ritu Santo. 

2. Los creyentes no pueden ser culpables de este pecado.

IV. Tres errores acerca el perd—n. Unos dicen que hay que gritar, llorar. Otros dicen que hay que ser sumergido. Otros dicen que hay que hacer buenas obras. Pero ÀquŽ dicen las Escrituras?

1. El N. T. ense–a el ÒarrepentimientoÓ, pero esto no siempre viene con llanto y tristeza. El ÒarrepentimientoÓ es un cambio mental. El pecador cambia sus pensamientos acerca de Dios, entiende que Dios le ha provisto salvaci—n para Žl, y est‡ pronto a cambiar su estilo de vida para obtener la gracia de Dios, creyendo en la obra final de Jesœs el Cristo.

2. Las Escrituras ense–an el ÒbautismoÓ, pero son claras en cuanto a que una inmersi—n no tiene nada que ver con el perd—n de los pecados. En Hechos 2:38 hay un texto que no se entiende. Cuando Pedro dijo: Òarrepent’os y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de JesucristoÓ, el texto griego dice: Òa causa del perd—nÓ o Òsobre la base

P‡gina 4    del perd—nÓ. Aquella gente tuvo que ser sumergida para mostrar su perd—n, no para obtener perd—n. Adem‡s:

(1) Abraham fue perdonado antes de ser circuncidado (Romanos 4:9, 10).

(2) Jesœs perdon— los pecados de las personas antes de ser sumergidos (Mateo 9:1-7; Lucas 7:36-50; 18:9-14; 19:1-9; Juan 8:1-12).

(2) Cornelio y su familia recibieron la Òse–alÓ de la salvaci—n antes a ser sumergidos (Hechos 10:44-48).

(3)  Las Escrituras muestran que el perd—n y la salvaci—n se reciben por fe, no por inmersi—n (Juan 3:16; Romanos 5:1; 10:1-13; Efesios 2:10).

(4) A la luz de todo esto, el bautismo debe ser visto como un hecho exterior por medio del cual estamos mostrando pœblicamente nuestra fe en Jesucristo. El bautismo no es un requisito para la salvaci—n.

3. Buenas obras. Sin duda las Òbuenas obrasÓ son importantes en la vida cristiana, pero no son una condici—n para recibir el perd—n de pecados (Romanos 3:27, 28). VŽase Efesios 2:8-10.

(1) Pero, ÀquŽ dice Santiago 2:14-26? Santiago est‡ diciendo que una fe genuina produce Òbuenas obrasÓ. Nuestras Òbuenas obrasÓ no son una parte para recibir el perd—n sino el resultado de la salvaci—n.

V. Preguntas comunes.

1. ÀPor quŽ no siento el perd—n? El Òperd—nÓ es una obra de Dios, es un ÒhechoÓ y no depende de nuestras sensaciones.  El Òperd—nÓ se acepta por fe. VŽase a continuaci—n:

(1) Job 14:17; Isa’as 44:22; Salmo 103:12; Miqueas 7:19; Isa’as 38:17; 43:25; 1:18.

2.  ÀEl perd—n no es algo entre Dios y yo? S’, es algo muy personal. Si has sido perdonado lo vas a proclamar pœblicamente.

3. ÀPor quŽ dice la Biblia que Dios no nos perdona si no podemos perdonar a otros?  (Mateo 6:14, 15). Este texto no trata de la salvaci—n sino de c—mo vivir la vida cristiana.

4. ÀDebe el creyente siempre perdonar a otros? ÁNo! No hasta que el pecador se haya arrepentido de su pecado (Lucas 17:1-10; Mateo 18:15-17). Tampoco aqu’ se refiere a la salvaci—n.

5. ÀQuŽ hay acerca de lo que Jesœs dijo en Lucas 17:3, 4? Este es un astuto familiar, dentro de los creyentes. No se trata de la salvaci—n.

6. ÀNo es verdad que Dios nos perdona incondicionalmente?  

(1) El creyente, una vez perdonado, debe perdonar a otros (Ef. 4:32) y, cada vez que cometa pecado, est‡ bien claro lo que debe hacer (1 Juan 1:9). (Fin)

 

Marcas de los falsos maestros y profetas.

(Adaptado de ÒCristianismo Hist—ricoÓ)

Un estudio dirigido a cada predicador pentecostal.

    Jesœs dijo en Mateo 24:11 que: ÒMuchos falsos profetas se levantar‡n y enga–ar‡n a muchosÓ. VŽase Jerem’as 14:14; Mateo 7:15. ÁPor tanto, pueden ser tan espiritualmente peligrosos y mortales para los creyentes como un lobo salvaje y oculto lo es para una manada de ovejas!

    Los falsos predicadores se conocen por sus frutos (Mateo 7:16) y no por sus reclamaciones personales o ÒdonesÓ.  De hecho, algunos falsos profetas pueden incluso producir se–ales milagrosas (Marcos 13:22), y predecir acertadamente un evento que est‡ por ocurrir (Deuteronomio 13:1-4, 18:20-22).

    Los falsos profetas hablan con convicci—n ya que esperan el cumplimiento de sus palabras mentirosas (Ezequiel 13:6; 1 Timoteo 1:5-7; Hechos 13:6; Jerem’as 26:7-15; 1 Reyes 22:24 (vŽase el contexto); Zacar’as 10:1, 2; Jerem’as 23:16; 8:10, 11).

    Los falsos profetas que enga–aron a Acab ten’an esp’ritus mentirosos, ellos predijeron triunfo y victoria en nombre del Se–or (1 Reyes 22:11, 12). ÁPorque Acab crey— su mensaje, fue a la batalla y muri—! (v. 35). En forma similar, Pablo predijo que un gran nœmero de falsos maestros hablar’an lo que la gente con comez—n de o’r querr’an escuchar y no lo que necesitaban (la verdad), tal y como se encuentra en 2 Timoteo 4:3.

    De nuevo ÒmuchosÓ ser‡n enga–ados por enemigos mortales de la Cristiandad con apariencia de religiosidad e inocencia, que traer‡n el camino de la verdad al descrŽdito (2 Pedro 2:1, 2). Pablo dijo que hay ense–anzas que en realidad provienen de ÒdemoniosÓ a travŽs de falsos maestros (1 Timoteo 4:1, 2), y que Satan‡s tiene gente que se disfraza como siervos de justicia (2 Corintios 11:15).

    La noticia: 2 Juan 9-11. VŽase 1 Juan 4:1; 2 Timoteo 3:16, 17.

    Hermanos, Jesœs no estaba bromeando cuando dijo que nos cuid‡ramos de los falsos profetas (Mateo 7:15) ÁEst‡n aqu’ ahora mismo! Tienes que estar alerta. Tu destino eterno est‡ en juego. (Fin)

 

Dones espirituales.

(Tomado de una obra de John McArthur)

TEXTO: 1 Corintios 12:9, 28, 30.

INTRO: Es de suma importancia que entiendas lo que las Escrituras ense–an, pues hay muchas doctrinas falsas que salen hoy por la tele.

    Durante los primeros a–os del establecimiento de las EKKLESêAS hubo Òdones y se–alesÓ: milagros, sanidades, lenguas y la interpretaci—n de lenguas. Con el fin del Nuevo Testamento esos  ÒdonesÓ desaparecieron y hoy no tienen parte en la EKKLESêA del Se–or.

    Los que dicen hoy que tienen la habilidad de llevar a cabo servicios de ÒsanidadÓ deben preguntarse: ÒÀQuŽ dicen las Escrituras?Ó

P‡gina 5    ÒY estas se–ales seguir‡n a los que creenÓ, Marcos 16:17.

    ÒDones de se–alesÓ. Fueron algo provisional y no existen hoy. Hubo Òse–alesÓ de milagros (1 Corintios 12:10); sanidades (1 Corintios 12:9, 28, 30); el poder de los ap—stoles, milagros (Mateo 10:1-4); los setenta (Lucas 10:1), y algunos de los asociados,

I. Y Àcu‡l era el prop—sito? Confirmar el mensaje que Dios estaba dando.

    El modelo de las sanidades hechas por Jesœs: completas, para todo el mundo, sanidad de enfermedades org‡nicas, resucitaci—n inclusive.

    El modelo de las sanidades hechas por los ap—stoles: Lucas 9:1, milagros, sanidades.

    A los setenta, igual.

    A los asociados de los ap—stoles. Aquel ÒdonÓ nunca fue usado por Òtodo el mundoÓ

II.   El prop—sito: Para autenticar y confirmar que aquellos varones eran de Dios (Hechos 3:1-15; 19:10-12).

III. La controversia del mensaje: Aquel mensaje nuevo fue confirmado por se–ales. Una vez que el ÒmensajeÓ qued— escrito las se–ales cesaron.

IV. Ahora, regresemos a cuando Dios dio aquel ÒdonÓ a los ap—stoles. Ellos:

1. Sanaron con una palabra (Hechos 9:32-35), o un toque (Hechos 28:8).

2. Sanaron instant‡neamente (Hechos 3:4).

3. Sanaron totalmente (Hechos 9:34).

4. Sanaron a todo el mundo (Hechos 5:12, 14-16; 28:9).

5. Sanaron enfermedades org‡nicas, cosas invisibles.

6. Levantaron a los muertos (Hechos 9:36-40).

    Pero, una vez que los escritos del Nuevo Testamento se completaron, tales ÒdonesÓ cesaron y los disc’pulos comenzaron a predicar la Palabra. VŽase la ilustraci—n de JosuŽ 5:11-12.

V. La restricci—n de Pablo. Pablo hab’a usado el don de sanidad muchas veces, pero cuando su compa–ero se enferm— Žl no lo us— (Filipenses 2:25-27). VŽase 2 Timoteo 4:20; 1 Timoteo 5:23; a s’ mismo, 2 Corintios 12:7-9.

V. La perspectiva de la enfermedad. No es el plan de Dios que todo el mundo sea sano (Hebreos 12:6; ƒxodo 4:11; Juan 9:2,3).

VI. La hipocres’a del sanador de hoy. Todo lo que hacen es un fraude y un enga–o, una mentira.

VII. ÀPor quŽ los creyentes se enferman?

1. Tal enfermedad es de Dios y tiene un prop—sito.

2. Tal enfermedad proviene de Satan‡s (Lucas 13:11).

3. Dios le da permiso a Satan‡s para poner enfermedades (Job 1:8; 2 Corintios 12:7).

4. Dios permite la enfermedad para obrar una perfecci—n en ti (Salmo 119:67, 71).

5. Es el castigo de nuestro pecado en la vida (Nœmeros 12:9-10; Deuteronomio 28:21-22; 2 Reyes 5:15-27; 2 Cr—nicas 26:5, 21; ƒxodo 15:26; 2 Corintios 11:30).

VIII. Tenemos la obligaci—n de confesar nuestros pecados (Stg. 5:14-16). (Fin)

 

Fundamentos (VI parte).

I. GƒNESIS.

PROTAGONISTAS PRINCIPALES: Ad‡n, Eva, NoŽ, Abraham, Sara, Isaac, Rebeca, Esaœ, Jacob, Raquel, JosŽ.

CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE GƒNESIS.

    ProfŽticamente: inmediatamente despuŽs de la ca’da, se da la promesa de la salvaci—n a travŽs de la simiente de la mujer (3:15). Luego, por la l’nea de Set se traza la relaci—n Mesi‡nica en todo el libro de GŽnesis. Entonces tenemos: la l’nea de Set (4:25), los descendientes de Sem (9:26), la familia de Abraham (12:3), la simiente de Isaac (26:3), los hijos de Jacob (46:3), y la tribu de Jud‡ (49:10).

    Tenemos varios ÒtiposÓ que representan al Salvador en GŽnesis. Ad‡n es un tipo de Cristo (Romanos 5:14). Ad‡n es la cabeza de la vieja creaci—n y Cristo es la cabeza de una creaci—n espiritual.

    La ofrenda de Abel es un sacrificio de sangre que nos dirige la mirada hacia Cristo quien muri— por nosotros. El asesinato de Abel por manos de su hermano Ca’n ilustra la muerte de Cristo.

    Melquisedec, como sacerdote y rey, es tambiŽn un tipo de Cristo (Hebreos 7:3).

    JosŽ, que era amado por su padre, traicionado por sus hermanos para luego convertirse en el medio de la liberaci—n de ellos, tambiŽn es un tipo de Cristo.

BOSQUEJO.

1. Cuatro Eventos (1:1-11:32)

A. La creaci—n del mundo y del hombre (1:1-2:25)

B. La corrupci—n del hombre, la ca’da (3:1-5:32)

C. La destrucci—n del hombre, el diluvio (6:1-9:29)

D. La dispersi—n del hombre, las naciones (10:1-11:32)

2. Cuatro personas: La elecci—n de una naci—n y la preparaci—n para el Redentor (12:1-50:26).

A. Abraham (el padre de la fe y de la naci—n de Israel) (12:1-23:20)

B. Isaac (el hijo amado de la promesa) (24:1-36:35)

C. Jacob (trampa y castigo) (27:1-36:43)

D. JosŽ (sufrimiento y gloria) (37:1-50:26)

E. Es el libro de la redenci—n.

II. ƒXODO.

AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO.

    MoisŽs escribi— este libro. ÒƒxodoÓ es una palabra griega y es el nombre dado al libro por los traductores de la Septuaginta griega (LXX). La palabra Žxodo significa Òsalir.Ó

FECHA DE ESCRITURA: 1450 – 1410 a.C.

P‡gina 6      TEMA Y PROPîSITO.

    Hay dos temas sobresalientes en ƒxodo. (1) La redenci—n representada por la Pascua y, (2) la liberaci—n de la esclavitud de Egipto, expresada claramente en la salida de Egipto y en el cruce del mar Rojo.

PROTAGONISTAS PRINCIPALES: MoisŽs, Aar—n, Mar’a y Fara—n.

CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE ƒXODO.

     Aunque el ƒxodo no contiene ninguna profec’a directa acerca de Cristo, existen aqu’ un nœmero de tipos preciosos del Salvador. En muchas maneras, MoisŽs es un tipo de Cristo. Deuteronomio 18:15 nos muestra que MoisŽs, siendo un profeta, nos anticipa a Cristo. Ambos son parientes-redentores cercanos que estuvieron en peligro durante su infancia, renunciaron a su poder y gloria para servir a otros. TambiŽn fueron mediadores, legisladores y libertadores.

    La Pascua es un tipo espec’fico de Cristo ya que ƒl es el Cordero de Dios sin mancha (Juan 1:29, 36; 1 Corintios 5:7).

    Las siete fiestas, cada una de ellas representa algœn aspecto del Salvador.

    El ƒxodo mismo, que Pablo conecta con el bautismo, representa nuestra identificaci—n con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrecci—n (1 Corintios 10:1,2; Romanos 6:23).

    El man‡ y el agua son ambos representaciones de Cristo (Juan 6:31-35, 48-63; 1 Corintios 10:3,4).

    El tabern‡culo representa al Salvador en el material, los colores, los muebles, el arreglo y las ofrendas para el sacrificio (Hebreos 9:1-10:18).

    El Sumo Sacerdote es claramente una sombra de la persona y el ministerio de Cristo (He. 9:11,12; 24-28).

BOSQUEJO.

1. Redenci—n de Egipto (1:1-18:27).

A. En esclavitud (sumisi—n) (1:1-12:32)

B. Fuera de la esclavitud (redenci—n por sangre y poder) (12:33-14:31)

C. Viaje al Sina’ (educaci—n) (15:1-18:27)

2. Revelaci—n de Dios (19:1-40:38).

A. La entrega de la ley (19:1-40:38)

B. La instituci—n del tabern‡culo (25:1-31:18)

C. La transgresi—n de la ley (32:1-34:35)

D. La construcci—n del tabern‡culo (35:1-40:38)

    Croquis del Tabern‡culo:

    Altar de sacrificio.

    Lavacro.

    Mesa del pan.

    Candelero.

    Altar de incienso.

    El Arca.

III. LEVêTICO (el libro de la santidad).

AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO.

    MoisŽs escribi— este libro. Lev’tico recibe su nombre de la Septuaginta y significa Òpertinente a los levitas.Ó Los levitas eran los sacerdotes elegidos por Dios para ministrar a su naci—n. El libro de Lev’tico contiene muchas de las leyes dadas por Dios para dirigirles a travŽs de la obra de sacerdocio hacia la adoraci—n de Dios.

FECHA DE ESCRITURA: 1450-1410 a.C.

TEMA Y PROPîSITO.

    Lev’tico 11:45 dice: ÒSerŽis, pues, santos, porque Yo Soy Santo.Ó Las instrucciones dadas en el libro de Lev’tico le ense–aron a Israel que deb’a caminar delante de Dios como una naci—n santa. Lev’tico fue dise–ado para ense–ar a Israel (1) c—mo adorar y caminar con Dios y, (2) c—mo cumplir su llamamiento como una naci—n de santificaci—n. El tema principal de Lev’tico es santidad. Santidad es el proceso de hacer a alguien santo. Para tener acceso al Dios santo la œnica manera era el sacrificio mediado por un sacerdote.

PROTAGONISTAS PRINCIPALES: MoisŽs y Aar—n.

CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE LEVêTICO.

    Al igual que en ƒxodo, en Lev’tico podemos observar un nœmero de tipos. Las cinco ofrendas, son tipos de la persona y la obra de Cristo en Su vida sin pecado y Su sumisi—n al Padre a fin de que nosotros podamos tener comuni—n con Dios. El Sumo Sacerdote es un tipo muy notable de Cristo en Lev’tico. Las siete fiestas tambiŽn forman tipos del Salvador y nos ense–an acerca de Su persona perfecta, Su sacrificio substituidor, Su resurrecci—n de los muertos y Su obra expiatoria.

BOSQUEJO.

1. Leyes de Sacrificios (1:1-17:16)

A. Para aproximarse a Dios (1:1-7:38)

B. Para los sacerdotes (8:1-10:20)

C. Con respecto a la pureza (11:1-15:33)

D. Con respecto a la expiaci—n nacional (16:1-17:16)

2. Leyes de Santificaci—n (18:1-27:34)

A. Para el pueblo de Dios (18:1-20:27)

B. Para los sacerdotes de Dios (21:1-22_33)

C. En la adoraci—n (23:1-24:23)

D. En la tierra de Cana‡n (25:1-26:46)

E. En lo concerniente a los votos (27:1-34)

IV. DEUTERONOMIO (peregrinaje en el desierto).

AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO. 

      MoisŽs fue el escritor. Nœmeros obtiene su nombre de los dos censos de los cap’tulos 1 y 26 que son el conteo del pueblo de Israel, el primero en el Monte Sina’ y el segundo en la llanura de Moab.

FECHA DE ESCRITURA: 1450 – 1410 a.C.

TEMA Y PROPîSITO.

    Aunque el nombre del libro se debe al censo del pueblo, Nœmeros narra principalmente casi 40 a–os de peregrinar en el desierto. Un viaje que debi— haber tomado once d’as se convirti— en 38 a–os de sufrimiento simple                  P‡gina 9   mente             por la incredulidad y la desobediencia del pueblo. Nœmeros nos muestra las consecuencias de no combinar la fe con las promesas de Dios (Hebreos 3:16-4:2). Adem‡s, Nœmeros nos ense–a que aunque la vida tiene sus experiencias Òde desierto,Ó el pueblo de Dios no debe quedarse en esas circunstancias. Las decisiones que hagamos trazan la direcci—n que nosotros tomemos en nuestra vida. JosuŽ ilustrar‡ esto m‡s adelante.

    Otro tema importante en el libro de Nœmeros es el cuidado continuo de Dios por Su pueblo. Una y otra vez, a pesar de su rebeli—n e incredulidad, ƒl supli— sus necesidades milagrosamente. ƒl les dio agua, man‡ y codornices. ƒl les am— continuamente y los perdon— aunque ellos se quejaron, protestaron y se rebelaron contra ƒl.

(Continuar‡)

 

 LECCIîN 9: LA PALABRA DE DIOS.

ÒÀCu‡l es mi relaci—n con otros cristianos?Ó

      Como aprendimos en la lecci—n uno, al aceptar a Cristo pasaste a la familia de Dios. Espiritualmente hablando, ahora tienes muchos hermanos y hermanas en Cristo Jesœs. Vimos c—mo la asamblea se compara con el cuerpo humano en la lecci—n anterior, y en esta lecci—n vamos a estudiar la relaci—n espiritual que tienes con tu familia espiritual. Esta lecci—n est‡ dise–ada para darte un claro entendimiento de c—mo opera el cuerpo de Cristo como unidad familiar.

I. ÀCUçL ES MI RELACIîN CON OTROS CRISTIANOS?

1. ELLOS SON TUS HERMANOS EN CRISTO JESòS.  Procura comprender que solo aquellos que est‡n en Cristo Jesœs (los salvos) son tus hermanos, sin importar los dem‡s factores (Romanos 8:29; 9:8; Hebreos 2:9-12; 1Juan 3:1-3).

2. ELLOS SON TUS COLABORADORES EN EL SER-VICIO A JESUCRISTO (1 Corintios 3: 5-10).

ll. ÀCUçLES SON MIS RESPONSABILIDADES HA-CIA LOS OTROS CRISTIANOS?

1. DEBEMOS ORAR UNOS POR OTROS. Casi todas las cartas de Pablo empiezan con una oraci—n por aquellos a los que les est‡ escribiendo (1 Ts. 1:2-3; 2 Timoteo 1:3).

III. DEBEMOS MINISTRARNOS UNOS A OTROS.

1.  F’sicamente, por aquellos de nuestra familia inmediata   (G‡latas 6:10; Ro. 12:13; 1 Timoteo 5:8).

2. As’ como a todo el cuerpo de Cristo en otras ‡reas (Hechos 11: 27-30).

3. Espiritualmente (G‡. 6: 1-2; Ro. 15: 1-2; He. 13:3).

IV. DEBEMOS AMARNOS Y EDIFICARNOS UNOS A OTROS (1Tesalonicenses 5:11).

V. DEBEMOS SERVIRNOS UNOS A OTROS (Filipenses 2:3-4; Mateo 20: 25-28).

VI. ÀCUçL DEBE SER MI ACTITUD HACIA OTROS CRISTIANOS?

1. LA ACTITUD PRINCIPAL DEBE SER DE AMOR HACIA ELLOS (1 Juan 3:14-16; 1 Pedro 4:8).

2. SER PACIENTE CON ELLOS (Romanos 15:5-7).

3. SER SENSIBLE A SUS NECESIDADES (1 Juan 3:17-18).

4. PERDONARNOS UNOS A OTROS (Efesios 4:32; Colosenses 3:13).

V. ÀQUƒ ES EL COMPA„ERISMO?

1. ÒCOMPA„ERISMOÓ ES UN TƒRMINO USADO COMòNMENTE POR CRISTIANOS REFIRIƒNDOSE GENERALMENTE A LAS REUNIONES PARA ACTIVIDADES O MOMENTOS PARA COMPARTIR INTERESES COMUNES. Sin embargo, esto es solamente una peque–a parte del compa–erismo. Es cierto que tener compa–erismo es compartir cosas, pero el verdadero compa–erismo va MUCHO MçS ALLç que una simple comida o actividad conjunta. Es compartir la vida con otros creyentes a travŽs de la persona del Se–or Jesucristo.

2. LOS ELEMENTOS ESENCIALES DEL VERDADERO COMPA„ERISMO NO SON CUESTIONES FêSICAS COMO EL NIVEL SOCIAL, LA AMISTAD, INTERESES COMUNES, ETC. SINO MçS BIEN SON LOS REQUERIMIENTOS ESPIRITUALES DE CARçCTER PERSONAL.

(1) La humildad (Filipenses 2:3-8).

(2) La honradez (Efesios 4:25; 2 Corintios 4:2).

(3) El amor (Juan 13:35; G‡latas 5: 13-15).

(4) La hospitalidad (Tito 1:8; Hechos 2:42, 46-47).

3. LAS çREAS DEL VERDADERO COMPA„ERISMO INCLUYEN, ENTRE OTRAS:

(1)  La oraci—n (2 Corintios 1:11).

(2) La fe (Romanos 1:12).

(3) El ministerio (2 Corintios 8:4; G‡latas 2:9).

(4) El sufrimiento (Filipenses 3:10; 1 Pedro 4:13, 5:1).

4. AUNQUE LAS CREENCIAS DOCTRINALES SON VITALMENTE IMPORTANTES, EL VERDADERO COMPA„ERISMO NO ESTç BASADO EN UN ACUERDO DOCTRINAL EXACTO, SINO EN LA PERSONA DE NUESTRO SE„OR JESUCRISTO. Debes aprender a tener compa–erismo con ƒl personalmente antes de tener buen compa–erismo con otros creyentes (1 Juan 1:3-7).

V. PREGUNTAS FUNDAMENTALES.     

1. ÀY SI ME OFENDE OTRO CRISTIANO? Desafortunadamente, es probable que te vaya a pasar esto al pasar el tiempo con tus hermanos en Cristo. Va a haber momentos en que habr‡ ofensas, roces y desacuerdos dentro del cuerpo de Cristo, al igual que los hay en tu familia f’sica. Cuando esto pase, si es bastante serio, la Biblia da una progresi—n definida de principios para tratar el problema. ÀC—mo debe uno contestar en tal caso?

(1) Trata la ofensa en privado directamente con la persona, y traten de arreglarla entre los dos (Mateo 18:15).

P‡gina 10  (2) Si el asunto no se resuelve en privado, tr‡talo con uno de los l’deres de la iglesia para intentar que sirva de mediador en la situaci—n (Mateo 18:16; 1 Corintios 6:1-5).

(3) No vayas con los incrŽdulos a arreglar el problema del cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:6).

(4)  Si aœn el problema no ha sido resuelto:

  A. Acepta la ofensa (1 Corintios 6:7-8).

  B. Encomienda el asunto al Se–or. ƒl lo manejar‡ en forma justa (1 Pedro 2:19-23).

  C. Perdona al hermano (Colosenses 3:13).

  D. Ora por tu hermano (Mateo 5:43-48; Romanos 12:14).

 

LECCIîN 10: MAYORDOMêA.

ÒÀCu‡l es el significado de la mayordom’a y cu‡les son mis responsabilidades en esta ‡rea?Ó

      En la actualidad, la mayordom’a es una cuesti—n extremadamente controversial dentro del cristianismo lo cual se debe, en gran parte, a fuertes presiones ejercidas sobre el pueblo de Dios para contribuir para causas dignas. Quiz‡s este sea uno de los temas m‡s mal entendidos entre los cristianos en general, e incluso entre los l’deres de las iglesias. Antes de que puedas comprender correctamente la naturaleza de la mayordom’a neotestamentaria, primero debes comprender claramente esta verdad: DIOS NO NECESITA NUESTRO DINERO.

     Esta lecci—n trata acerca de la responsabilidad del cristiano de administrar tanto su vida como sus recursos.

I. ANTES DE CONSIDERAR SI DARçS DE TU DINERO, DEBES PRIMERO ESTAR DISPUESTO A DARTE A TI MISMO.

A. DIOS TE COMPRî POR UN PRECIO: SU SANGRE, Y Tò LE PERTENECES (1 Corintios 6:19-20).

B. DIOS TE MANDA PRESENTAR TU CUERPO EN SACRIFICIO VIVO, NO SOLAMENTE TU BOLSILLO (Romanos 12:1).

C. ANTES DE DAR LO ECONîMICO DEBE HABER UNA MENTE Y UN CORAZîN DISPUESTOS CON UNA VIDA ENTREGADA AL SERVICIO DEL SE„OR, PARA QUE DIOS TE BENDIGA (2 Corintios 8:3-5, 12).

D. DEBES ENTENDER QUE LA VERDADERA MAYORDOMêA NEOTESTAMENTARIA EMPIEZA CON TU VIDA, PERO INCLUYE TAMBIƒN TUS OTROS RECURSOS. Si Dios tiene el control de tu vida, ƒl debe tener el control de tus recursos tambiŽn.

II. ÀPOR QUƒ DEBEMOS DAR?

A. PORQUE AL DAR SE PRUEBA LA SINCERIDAD DE TU AMOR POR CRISTO (2 Corintios 8:8).

B. PORQUE AL DAR SE DESARROLLA UNA ACTITUD DE GRACIA PARA OTRAS OBRAS. No se necesitan talentos o habilidades especiales para dar, gracia solamente (2Corintios 8:6-7, 9:8).

C. PORQUE AL DAR SE INVIERTE EN LAS RIQUEZAS ETERNAS Y TE AYUDA A QUITAR TUS OJOS DE LAS RIQUEZAS TERRENALES QUE SE DESVANECEN (Filipenses 4:17; Mateo 6:19-21; Lucas 6:38).

D. PORQUE LA PERSONA QUE SE BENEFICIA MçS AL DAR ERES Tò.

III. ÀDîNDE DEBO DAR MIS OFRENDAS?

A. TU RESPONSABILIDAD PRIMORDIAL ES A TU ASAMBLEA LOCAL. Todos los casos del nuevo testamento en que se mencionan ofrendas est‡n dentro del contexto de algœn ministerio de la asamblea local (1Corintios 16:1-3 es el pasaje definitivo).

B. OBVIAMENTE, CUALQUIERA ES LIBRE DE DAR A CAUSAS FUERA DE LA ASAMBLEA LOCAL, Y PUEDE SER QUE DIOS TAMBIƒN LO USE Y LO BENDIGA. No obstante, es la asamblea local la que ocupa el lugar central en el plan de Dios. Todas las ofrendas fuera de la asamblea nunca deber‡n hacerse a expensas de lo que Dios quiere que des a la asamblea local. Esto tambiŽn se aplica a tu tiempo y tu servicio, as’ como a tu dinero.

IV. ÀEN QUƒ SE USA MI DINERO?

A. PARA EL SOSTENIMIENTO DE LOS LêDERES DE LA ASAMBLEA (1 Co. 9:13-14; G‡. 6:6; 1 Ti. 5:17-18).

B. PARA OTRAS OBRAS DE DIOS SOSTENIDAS POR MEDIO DE TU ASAMBLEA (Filipenses 4:15-16).

C. PARA EL SOSTENIMIENTO DE LOS NECESITADOS DENTRO DE LA ASAMBLEA, QUE NO SE PUEDEN SOSTENER A Sê MISMOS Y SON FIELES A LA ASAMBLEA (Hechos 6:1; 1Timoteo 5:16; 9-10)

D. PARA SATISFACER LAS NECESIDADES GENERALES QUE DETERMINEN LOS LêDERES DE LA ASAMBLEA (2 Corintios 8:4; Hechos 11:27-30).

V. ÀCUçNTO DEBO DAR? Examinemos las cantidades que se mencionan en la Biblia:

A. EL DIEZMO. En el Antiguo Testamento se les ped’a a los jud’os que dieran cierto porcentaje de acuerdo con su ley religiosa. Aunque el diezmo era solamente el diez por ciento de su ingreso, hab’a varios diezmos para varios prop—sitos que proven’an de diferentes porciones de sus ingresos.

En su totalidad lo que se le demandaba al jud’o era entre el 25 y el 30 por ciento de su ingreso total. Adem‡s de eso, los jud’os deb’an dar ofrendas para otras obras de Dios.

B. LOS PRINCIPIOS DEL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL OFRENDAR A LA OBRA SE ENCUENTRAN RESUMIDOS EN 2 Corintios 9:7.

1. ÒCada uno dŽ como propuso en su coraz—nÓ. Da tanto como el Se–or te da gracia para dar.

2. ÒÉno con tristezaÓ.

3. ÒÉni por necesidadÓ. No est‡s sujeto por la ley del diezmo cuando das a la obra, ni por ninguna otra ley.

4.  ÒÉporque Dios ama al dador alegre

C. OTROS PRINCIPIOS.

(P‡gina 11) 1. ÒDa segœn hayas prosperado.Ó No te preocupes en dar m‡s que los dem‡s, solamente da de acuerdo con lo que Dios te haya bendecido (1 Co. 16:2; 2 Co. 8:12).

2.  Da m‡s all‡ de tus fuerzas. La gracia de dar en tu vida se magnifica cuando tienes que sacrificar para poder dar (2 Corintios 8:3; 2 Samuel 24:24).

3. Recuerda siempre la ley de la siembra y la cosecha (2 Corintios 9:6; G‡latas 6:7-9).

D. LA VERDADERA OFRENDA DEL NUEVO TESTAMENTO VA MAS ALLç DEL SIMPLE DIEZMO. Es darle al Se–or Jesœs todo el control de tu vida y tus recursos. Todos los principios anteriores sobre el ofrendar se pueden aplicar a tu tiempo y servicio, as’ como a tu dinero.

VI. PREGUNTAS BçSICAS.

A. ÀCîMO PUEDO ESTAR SEGURO DE QUE ESTOY DANDO LAS OFRENDAS CORRECTAMENTE Y QUE MI DINERO (Y TIEMPO) ESTçN SIENDO USADOS COMO DIOS QUIERE?

1. Edifica tu ofrendar (tiempo, servicio y dinero) en conexi—n con la asamblea local. Es la instituci—n ordenada por Dios para esta Žpoca.

2. En la mayor’a de las asambleas se da a varios hombres la responsabilidad de controlar los asuntos financieros de la asamblea. Si has buscado en oraci—n el liderazgo de parte de Dios al seleccionar tu asamblea local, y has seguido los principios en Su Palabra, entonces debes depositar tu confianza en los l’deres de la asamblea para que manejen este asunto en forma adecuada. Si tienes razones suficientes para dudar que los recursos de la asamblea se estŽn usando de acuerdo a la Biblia, habla entonces con la persona encargada. Si no te dan una respuesta satisfactoria, quiz‡s debas entonces considerar en oraci—n unirte a otra asamblea (2 Corintios 8:20-21).  (Continuar‡)

 

Los dones del Esp’ritu Santo (continuaci—n).

I. El don de la fe (1 Co. 12:9»). Se trata de un Òdon especialÓ que permite ejercer un ministerio especial.

II. El don de la curaci—n (1 Co. 12:9b). El poder de Dios no se ha limitado, interviene a menudo de forma sobrenatural.  Es una falta que cometen algunos cristianos al poner su confianza en ser curados solamente por la ciencia de los mŽdicos. VŽase Santiago 5:14, 15.

1. No le ha sido dado a todos y permanece la excepci—n (1 Corintios 12:9).

2. Puede ser retirado. En Hechos 19:11, 12 y m‡s adelante Pablo no puede curar a Tr—fimo (2 Ti. 4:20; 1 Ti. 5:23).

3. El don de curaci—n no opera en todos los casos. En ninguna parte nos ha prometido Dios curarnos de todas nuestras enfermedades, puesto que esto significar’a no morir jam‡s.

4. El don de curaci—n es a menudo falsificado.

III. El don de profec’a (1 Corintios 12:10). Este don comunica, no da œnicamente la facultad de predecir el futuro, sino, segœn 1 Corintios 14:3 y 4, la de edificar, exhortar y consolar.

1. Parece que en las primeras asambleas el ejercicio del Òdon de profec’aÓ consist’a generalmente en la entrega de un mensaje inspirado o de una revelaci—n (1 Corintios 14:3, 4, 24, 29-33). En aquel tiempo no se contaba con el Nuevo Testamento. El papel de los ÒprofetasÓ era alimentar la fe de los fieles por medio de revelaciones seguras de las verdades evangŽlicas. Pero, despuŽs que toda la revelaci—n de Dios fue dada aquel don ces—.

IV. El discernimiento de esp’ritus (1 Corintios 12:10; 1 Juan 4:1, 3). El esp’ritu del anticristo est‡ obrando por todas partes. Nosotros hemos de estar en guardia puesto que circula mucha literatura corrupta y la voz del Tentador se eleva sin cesar para enga–ar nuestra conciencia (2 Corintios 11:14).

V. El don de lenguas.

1. Hay dos clases: La facultad de hablar lenguas sin haberlas aprendido. El don de hablar en una especie de Žxtasis incomprensible. Pablo trata con este segundo en 1 Co. 14.

2. El hablar lenguas sirve para la edificaci—n personal (14:2, 4). Esta es la raz—n de por quŽ este don es de poca utilidad para el creyente (14:6, 9, 11, 16,17, 19). Hablar en lenguas es aœn menos œtil para los no convertidos (v. 23).

3. Para ser œtil a la asamblea ha de ser interpretado (14:27, 28).

4. El don de lenguas no le es dado a todos (1 Corintios 12:8-10, 28-30). Es pues err—neo decir que quien no habla en lenguas no ha recibido el Esp’ritu Santo.

5. El don de lenguas no es una se–al del Òbautismo del Esp’rituÓ (1 Corintios 12:10, 30, 31).

6. No impid‡is el hablar en lenguas, Òpero h‡gase todo decentemente y con ordenÓ (14:33, 40). (Continuar‡n)

 

Las marcas de una Asamblea de Jesucristo.

TEXTO: Mateo 16:18.

INTRO: La palabra ÒiglesiaÓ no se encuentra en el texto griego. El tŽrmino utilizado es EKKLESêA y est‡ compuesta por dos palabras (del griego EK [afuera de] y KELEO [llamar aparte]) y significa literalmente: Ògente llamada fuera de un local para reunirse con un prop—sitoÓ (Juan 1:34-51). Por esto la ÒasambleaÓ del Se–or se compone de personas salvas llamadas a salir de sus casas para reunirse con un prop—sito. Siendo que Jesœs no le dio un nombre a Su EKKLESIA, Sus fieles seguidores usaron el nombre ÒBautistaÓ como una identificaci—n con Juan el Bautista, Jesœs el Bautista, los doce ap—stoles, todos bautistas, y los primeros creyentes en las asambleas, tambiŽn todos bautistas. La palabra bautista NO debe identificar una Òdenominaci—nÓ.

I. Usa una traducci—n que sea digna de confianza. La Revisi—n Reina-Valera de 1960 es muy buena. Tengamos en         Pagina 12  cuenta que no hay ninguna traducci—n perfecta en relaci—n con las lenguas originales.

II. Su prop—sito es predicar las Buenas Noticias y, una vez que el creyente se ha arrepentido y recibido a Jesœs como Salvador, debe, despuŽs de que la asamblea ha o’do su testimonio, ser sumergido usando la f—rmula de Mateo 28:19.

1. Tal asamblea ha de rechazar los ÒbautismosÓ de las Òiglesias pentecostalesÓ y otras que no ense–an las Escrituras honestamente. A esto se le conoce como Òbautismo extranjeroÓ.

2. Al ser sumergido, cada persona debe dar un testimonio claro de que ha Ònacido de nuevoÓ citando la fecha de cu‡ndo ocurri— esto.

3. El que lleva a cabo la inmersi—n puede ser cualquier persona seleccionada por la asamblea.

4. El motivo de ser sumergido es obedecer al mandato de Cristo y no para obtener el perd—n de pecados.

III. La    EKKLESêA que Jesœs comenz— existe todav’a, Mateo 16:18 dice: ÒY las puertas del mundo invisible (el lugar de los esp’ritus de los incrŽdulos muertos) no prevalecer‡n contra ellaÓ. Aunque millones de creyentes han muerto durante estos muchos a–os, la EKKLESêA existe todav’a.

IV. La EKKLESêA es una asamblea local aut—noma (1 Corintios 12:13). 

1. El texto debe leerse as’: ÒPorque con un intento, prop—sito, fuimos sumergidos todos en un solo cuerpo (la EKKLESêA)Ó. La palabra Òesp’rituÓ usada aqu’ no es una referencia al Esp’ritu Santo, sino a una disposici—n mental, sentido, intento, prop—sito.

V. Cada asamblea debe ser ÒmisioneraÓ a fin de cumplir con los mandamientos de Jesœs de llevar las Buenas Noticias a todo el mundo, proclamando que hay salvaci—n del Lago de Fuego para los que se arrepientan de su vida pecaminosa y pongan su fe en la obra final de Jesœs en la cruz.

VI. La asamblea debe participar de la ÒCena del Se–orÓ de vez en cuando. Si se hace cada ocho d’as llega a ser mon—tono.

1. Solo los miembros con buen testimonio pueden participar de ella. (Fin)

 

La perseverancia de los creyentes.

INTRO: Perseverancia: firmeza y constancia en la ejecuci—n de los prop—sitos y en las resoluciones del ‡nimo; duraci—n o continuaci—n de una cosa.

    Los predicadores pentecostales predican un Òevangelio falsoÓ diciendo que uno puede perderse despuŽs de ser salvo. Pero, ÀquŽ dicen las Escrituras?

I. Lo que Dios comienza, ƒl lo termina (Salmo 138:8; EclesiastŽs 3:14; Isa’as 46:4; Jerem’as 32:40; Romanos 11:29; Filem—n 1:6; 2 Timoteo 4:18).

II. De todos los que Dios llam— y trajo a Cristo ninguno se perder‡ (Juan 6:39, 40; 10:27-29; Romanos 8:28-31, 35-39; Hebreos 7:25; 10:14).

III. Es Dios quien nos santifica y nos motiva a perseverar (Juan 15:16; 1 Corintios 1:30, 31; 6:11; 12:3; 15:10; G‡latas 3:1-6; Efesios 2:10; Filipenses 2:12,13: 1 Tesalonicenses 5:23,24; Hebreos 13:20,21; 1 Juan 2:29; Judas 24, 25).  (Fin)

 

Cristo es el Se–or de todo.

TEXTO: Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:19.

I. Las Escrituras proclaman que el prop—sito de Dios desde la eternidad era hacer a Jesucristo el Se–or de todo (Efesios 1:4, 9, 10; 20-23; Colosenses 1:13-19; 1 Corintios 12:3; Colosenses 3:11; Juan 1:1; Filipenses 2:6; Juan 17:5, 24; Proverbios 8:23; 1 Pedro 1:20).

1. As’ que entendemos por la Escritura que Cristo es el Se–or de todo porque ƒl era desde el principio, igual a Dios el Padre y, por lo tanto, merece nuestra adoraci—n, alabanza, amor y obediencia.

II. Lleg— el tiempo en que esta tierra fuera creada y Àd—nde estaba Cristo en aquel entonces? (Juan 1:3; Colosenses 1:16; Hebreos 1:10; Proverbios 8:27-30).

1. As’ que vemos que nuestro Se–or fue el Creador de todas las cosas. ƒl es el Se–or de todo y ha de ser alabado, amado, obedecido, y adorado en sumisi—n a ƒl. S’, ƒl es el Se–or sobre todo porque es Dios y fuera de ƒl no hay otro (Isa’as 45:21-23).

III. Segœn Romanos 5:12, 13 el pecado entr— en el mundo el d’a en que Ad‡n desobedeci— a Dios.

1. Pregunto: ÀD—nde estaba Cristo? Fue ƒl quien dio la primera promesa de Su venida (GŽnesis 3:15). 

2. Al cumplirse el tiempo, Cristo dej— la gloria que ten’a desde la eternidad con el Padre y vino a darnos salvaci—n.

(1) ƒl tom— nuestra naturaleza sobre s’ mismo.

(2) ƒl cumpli— al pie de la letra la voluntad de Dios. 

(3) ƒl sufri— en la cruz la ira de Dios.

(4) ƒl nos trajo la justicia perdurable. 

(5) ƒl nos redimi— de la maldici—n de la ley quebrantada.  (6) ƒl muri— por nuestros pecados. 

(7) ƒl resucit— para nuestra justificaci—n. 

(8) ƒl ascendi— a la diestra de Dios y all’ se sent— y ahora est‡ ofreciendo salvaci—n a todos aquellos que vienen a ƒl.

3. ÁHe aqu’, a nuestro bendito Se–or, sentado en el trono espiritual en los lugares celestiales! (Hechos 2:34). Su trono de misericordia es mediador con los mensajeros; las autoridades y potestades est‡n sujetos a ƒl (1 Pedro 3:22).

IV. Viene un tiempo cuando el pecado ser‡ echado fuera de este mundo. Satan‡s no siempre ser‡ el dios de este mundo.  Habr‡ una restituci—n de todas las cosas (Romanos 8:22; Hechos 3:21; 2 Pedro 3:13; Isa’as 11:9).

1. ÀY d—nde estar‡ Cristo en aquel entonces? ÀQuŽ har‡? (2 Tesalonicenses 1:7-9).

Pagina 13  2. Tenemos una representaci—n de esta escena en Mateo 25:21-34 y 41.

3. S’, ƒl es el Se–or de todo, de los muertos y de los vivos.

4. ÁPero eso no es todo! M’ralo en los cielos nuevos y en la tierra nueva, y contŽmplalo con todo Su pueblo comprado con Su sangre, mientras ƒl recibe la gloria y la honra, puesto que ƒl es el templo, la luz y el esposo amado de todo Su pueblo.

V. ÀSab’as que el verdadero camino de salvaci—n en Dios es poco conocido hoy? El mensaje que o’mos hoy con frecuencia es Òotro evangelioÓ. ÀQuŽ dice la Palabra de Dios?

1. En cada lugar del N. T. donde aparecen los dos t’tulos de nuestro Se–or, es decir, Se–or y Salvador, siempre est‡n en este orden, lo cual quiere decir que ƒl es el Se–or de la vida y el Salvador del alma.

2. Cuando Dios salva a un pecador este recibe a Jesœs como Profeta, Sacerdote y Rey.

(1) En Su oficio de Profeta para ense–arnos.

(2) En Su oficio de Sacerdote para interceder por nosotros.

(3) En Su oficio de Rey para gobernar sobre nosotros.  Jesœs es el Se–or a quien le fue dado el poder para dar la vida eterna (Juan 17:2-4). VŽase Lucas 1:46, 47; 2 Pedro 1:11; Hechos 5:31.

3. Ahora, vŽase la predicaci—n de Pedro en Hechos 2:33-36 y 10:36.

4. El evangelio de la gracia de Dios en Cristo Jesœs nos libra de la esclavitud, el cautiverio y el reino del pecado, y nos libra de Òla ley del pecado y de la muerteÓ (Romanos 8:2; Colosenses 1:13).

5. Hay pocos hoy que tienen un concepto correcto de lo que es una conversi—n verdadera y b’blica como se nos presenta en el evangelio. La verdadera aparece en dos pasajes: Isa’as 55:7 y 1 Tesalonicenses 1:9. La conversi—n es una sumisi—n al Se–or’o de Dios en rendici—n voluntaria de todo lo que somos y todo lo que tenemos.

(1) ÀPor quŽ exige Dios el arrepentimiento y la sumisi—n de nuestras voluntades al Se–or’o de Jesucristo? Es por causa de nuestra naturaleza rebelde y testaruda, vŽase ƒxodo 45:2 y Lucas 19:14.

(2) S’, este es el coraz—n de cada alma fuera de Cristo: enemistad contra Dios y rebeld’a.

VI. VŽase Efesios 1:9-11. El gran objetivo sobre el cual el coraz—n de Dios est‡ puesto es el de sujetar todas las cosas al Se–or Jesucristo. 1 Corintios 15:26-28 presenta esta misma verdad. VŽase Efesios 1:20-23.

1. No hay ningœn elemento en la obra de la salvaci—n que no estŽ bajo Su control y autoridad, porque ƒl es el Se–or.  VŽase Mateo 11:27 y Hechos 5:31.

2. En el arrepentimiento venimos al Se–or, renunciando a nuestro modo de vivir y sometiŽndonos a Su gobierno sobre nuestras vidas (Isa’as 55:7). Es un cambio radical de la mente y del coraz—n y resulta en una conducta transformada (2 Corintios 5:17; 1 Juan 3:7, 9).

3. El verdadero arrepentimiento produce un auto-aborrecimiento (Lucas 10:13; Joel 2:12,13; Job 42:5, 6; Salmo 51:1-12), mientras que la fe en Cristo reconoce Su soberan’a y Se–or’o.

4. La œnica evidencia del verdadero arrepentimiento son los Òfrutos dignos de arrepentimientoÓ (Mateo 3:8; Hechos 20:21).

VII. Ahora veamos la soberan’a o el se–or’o de Cristo en Su redenci—n (Juan 10:17, 18).

1. Vemos que la vida del Se–or no le fue quitada, sino que ƒl escogi— darla por S’ mismo (Hebreos 12:2; Apocalipsis 19:15; Hebreos 2:10, 15).

2. Las Escrituras hablan de la redenci—n como Òla cruz de nuestro Se–or JesucristoÓ (G‡latas 6:14; 1 Corintios 2:8; Colosenses 1:22; Efesios 5:25-27).

3. Vemos la soberan’a o el se–or’o en la resurrecci—n (Romanos 1:3, 4; Hechos 2:30, 31, 32, 36).

4. Por ser el Se–or de la resurrecci—n fue que Jesœs pudo decirle a Marta: ÒYo soy la resurrecci—n y la vidaÓ. VŽase Juan 11:25, 26; 5:21; 5:25.

5.  ƒl tambiŽn es el Se–or de la Segunda Resurrecci—n (Juan 5:28, 29).

Conclusi—n: Amigo, Àlo conoces como tu Se–or? ÀTe has sometido a Su Se–or’o con arrepentimiento y con fe? ƒl no es el Salvador de los que no se le someten a ƒl como Se–or.

(Fin)

 

La muerte espiritual, f’sica y la muerte segunda.

I. La muerte espiritual es el estado del hombre natural o no regenerado que se halla todav’a en sus pecados (Efesios 2:1), alejado de la vida de Dios (4:18, 19), y destituido del Esp’ritu. Prolongada m‡s all‡ de la muerte f’sica, la muerte espiritual es el estado de eterna separaci—n de Dios en sufrimiento consciente. Esto es lo que se llama Òla segunda muerteÓ (Apocalipsis 2:11, 20:6,14, 21:8).

II. La muerte f’sica.

1. Es una consecuencia del pecado (GŽnesis 3:19), y la universalidad de la muerte demuestra la universalidad del pecado (Romanos 5:12-14).

2. La muerte f’sica afecta solamente el cuerpo y no es el fin de la existencia del individuo ni de su estado consciente (Habacuc 2:5, Lucas 16:23; Apocalipsis 6:9, 10).

3. La muerte f’sica terminar‡ para todos con la resurrecci—n del cuerpo (1 Corintios 15:52).

4. Debido a que la muerte f’sica es una consecuencia del pecado no es inevitable para el redimido (GŽnesis 5:24; 1 Corintios 15:51, 52; 1 Tesalonicenses 4:15-17).

5. La muerte f’sica tiene para el creyente en Cristo un car‡cter muy peculiar. Se la llama Òsue–oÓ porque el cuerpo del redimido puede ser ÒdespertadoÓ en cualquier momento (Filipenses 3:20, 21; 1 Tesalonicenses 4:14-18).

6. El alma y el esp’ritu viven independientemente de la muerte del cuerpo, el cual se describe como un Òtaberna    

P‡gina 14 culoÓ (tienda) en que el ÒyoÓ mora y que puede ponerse a un lado, segœn 2 Corintios 5:1-8.

7. Al morir, el creyente es ÒsobrevestidoÓ de una Òhabitaci—n celestialÓ, quedando pendiente la resurrecci—n de su Òcasa terrestreÓ y siendo introducido al instante en la presencia del Se–or (2 Corintios 5:1-8; Filipenses 1:23; Lucas 23:43).

III. La muerte segunda (Apocalipsis 20:14) es Òel lago de fuegoÓ, o sea, el Òinfierno finalÓ. La segunda muerte y el lago de fuego son tŽrminos idŽnticos y se usan con referencia al estado eterno de los malos. Es ÒsegundaÓ con relaci—n a la precedente muerte f’sica de los perversos, quienes parten de este mundo en su incredulidad y rechazo hacia Dios; su estado eterno es un estado de ÒmuerteÓ perpetua, es decir, separaci—n de Dios por el pecado (Juan 8:21, 24).  Que la segunda muerte no es la aniquilaci—n de los perdidos se demuestra por una comparaci—n de Apocalipsis 19:20 con 20:10. DespuŽs de permanecer mil a–os en el lago de fuego, la Bestia (el anticristo) y el Falso Profeta (el l’der religioso durante la tribulaci—n) se hallan todav’a all’, sin haber sido destruidos. Las palabras Òpor los siglos de los siglosÓ se usan con referencia a la duraci—n del trono de Dios que es eterno en el sentido de no tener fin. (Fin)

 

En los postreros tiempos.

TEXTO: 1 Timoteo 4:1-3.

     ÒPostreros tiemposÓ. Hace referencia al per’odo desde la primera venida de Cristo hasta Su regreso. La apostas’a existir‡ durante todo este per’odo y tendr‡ su punto culminante justo antes de la llegada de Cristo.

    ÒApostatar‡n de la feÓ. Los que caigan presa de los falsos maestros abandonar‡n la fe cristiana. ÒApostar‡nÓ se refiere a una persona que se aleja por completo de una posici—n original. Se trata de cristianos nominales o de profesi—n que se asocian con aquellos que creen verdaderamente en el evangelio y luego desertan al seguir mentiras y enga–os, lo cual revela su verdadera naturaleza de inconversos.

     ÒEsp’ritus enga–adoresÓ. Aquellos esp’ritus demoniacos que de manera directa o a travŽs de los falsos maestros optaron por alejarse de la verdad y se dedican a animar a otros a hacer lo mismo. La palabra que mejor define todas las actividades de Satan‡s y sus demonios es Òenga–oÓ.

     ÒDoctrinas de demoniosÓ. No es una ense–anza acerca de los demonios, sino todas las ense–anzas falsas que se originan en ellos.

     ÒLa hipocres’a de los mentirososÓ. Son los falsos maestros humanos que propagan la doctrina demon’acaÓ (MacArthur).

     Hermano predicador: Es tiempo de tomar una posici—n firme contra las mentiras que dicen los predicadores pentecostales, quienes exponen que no es la voluntad de Dios de que el creyente se enferme, que es la voluntad de Dios que los creyentes sean ricos, que uno no puede estar seguro de su salvaci—n y que puede perderse, que hay que hablar en lenguas para probar la salvaci—n, etc. Cada predicador del movimiento ÒpentecostŽsÓ o Òcarism‡ticoÓ es un Òfalso profetaÓ. 

     Todo esto indica que el regreso del Se–or se acerca.  Durante mis 85 a–os he visto la ca’da de las ÒiglesiasÓ de la ense–anza pura de la verdad a la predicaci—n de mentiras.

     Pon atenci—n a lo que Jesœs le dijo a Sus disc’pulos en Mateo 24:3-28. Hambre, terremotos, falsos profetas, etc. Todas estas cosas las estamos viendo hoy. Seguro, sin lugar a dudas, el Se–or ha de regresar en cualquier momento. Y la pregunta es: ÀHas sido fiel en la predicaci—n? ÀHas declarado toda la verdad de las Escrituras? ÀEst‡s listo a aparecer ante el Tribunal de Cristo y dar cuenta de tu vida como predicador? ÀHas preparado tu congregaci—n para estar lista para el regreso inminente de Jesœs? ÀTœ propia familia est‡ bien con el Se–or? Oh, ÁquŽ gran responsabilidad tenemos tœ y yo como representantes del Dios de la Creaci—n! Mientras esperamos Su regreso tenemos el deber de ense–ar toda la doctrina de verdad. (Fin)

 

Comentarios sobre los Diez Mandamientos (continuaci—n).

(Pastor H. B. Pratt. Traductor de la Biblia conocida comœnmente como Versi—n Moderna que finaliz— en 1893. Comentarista de los libros del GŽnesis, ƒxodo y Lev’tico y autor de Noches de los Romanistas.)

III. EL TERCER MANDAMIENTO.

      ÒNo tomar‡s el nombre de Jehov‡ tu Dios en vano (1); porque Jehov‡ no tendr‡ por inocente al que tomare su nombre en vano.Ó (ƒxodo 20:7, Versi—n Moderna).

       (1) Para una nada (Hebreo) = vanidad, o falsedad.

       Para su nombre, y para todas las cosas suyas, Dios reclama de nuestra parte el uso santo y reverente de ellos.

       El tercer mandamiento proh’be el uso irreverente o irrespetuoso de Su nombre, proh’be con aun m‡s grave censura la forma m‡s agravada de tal profanaci—n, que consiste en cubrir o acreditar la mentira con solemne juramento y apelaci—n a Dios y, sobre todo, al dar testimonio ante los tribunales. Y as’ en el texto original la frase Òen vanoÓ puede traducirse Òpara una mentiraÓ, pero sin excluir su uso m‡s ordinario de Òpara nadaÓ o Òen vanoÓ.

(Continuar‡)

 

La œltima palabra.

    Esta obra de amor por parte de J. Alvino Nelson y su esposa Janet  se env’a gratis por correo postal o electr—nico a todo aquel que la solicita. Puede visitar nuestra p‡gina web para tener acceso a nœmeros anteriores de la revista

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