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Hojas de Oro
Un Llamado A Regresar A Las Ense–anzas B’blicas
Ò...que
contend‡is por la fe...Ó
A–o XXXX, No. 3
MARZO
2010
êndice:
...El libro de
Zacar’as.
...ÀDebo ser miembro
de una asamblea?
...Los falsos
maestros enga–an, manipulan y traicionan.
...Mercachifle.
...Respuesta a una
carta.
...Con relaci—n a
las ofrendas voluntarias.
...El perd—n de
Dios.
...Marcas de los
falsos maestros y profetas.
...Dones
espirituales.
...Fundamentos (VI
parte).
...Lecci—n 9: La
Palabra de Dios.
...Lecci—n 10:
Mayordom’a.
...Los dones del Esp’ritu Santo (continuaci—n).
...Las marcas de una Asamblea de Jesucristo.
...La
perseverancia de los creyentes.
...Cristo es el
Se–or de todo.
...La muerte
espiritual, f’sica y la muerte segunda.
...En los
postreros tiempos.
...Comentario sobre los Diez Mandamientos (continuaci—n).
...La
œltima palabra.
El libro de Zacar’as.
Al igual que Hageo, Zacar’as
era un profeta del remanente fiel que regres— a Palestina despuŽs de los
setenta a–os de cautiverio. Compar‡ndose con las dem‡s profec’as del reino, los
grandes pasajes mesi‡nicos de Zacar’as se hacen perfectamente claros. En las
predicciones de este profeta se presentan los dos advenimientos de Cristo (9:9
con Mateo 21:1-11 y Zacar’as 14:3,4). Zacar’as revela la mente divina tocante a
los poderes mundiales gentiles que rodean al remanente fiel que ha sido ya
restaurado a Palestina. El libro se divide en tres secciones: I. Visiones
simb—licas a la luz de la esperanza mesi‡nica (1:1–6:15); II. La misi—n
desde Babilonia (7, 8); III. El Mes’as en Su rechazamiento y en Su reino
(9–14).
ÀDebo ser miembro de una asamblea?
(Por David Cloud)
TEXTO: Hechos
2:41.
INTRO: Es
pr‡ctico. Pablo dice que Òtodas las cosas deben ser hechas con ordenÓ. Sin una
lista de miembros Àc—mo conocerse?
Hay cuatro razones por las
cuales un creyente debe ser miembro de una asamblea:
I. Porque cada asamblea es un ÒcuerpoÓ que est‡ formado
por muchas partes, cada una de las cuales tiene una responsabilidad.
1. En el N. T.
vemos que todos los creyentes forman parte de la familia de Dios, pero cada
asamblea es una organizaci—n aut—noma e independiente (Hechos 14:21-23). VŽase
1 Timoteo 3:15; 3:1-14.
2. En el N. T.
cada asamblea es un cuerpo espiritual que cuenta con sus propios miembros (1
Corintios 12:26, 27). VŽase Romanos 16:1.
II. Los creyentes necesitan una asamblea que estŽ unida
(1 Corintios 1:10; Filipenses 1:27). Si no eres miembro de una asamblea no
tendr‡s parte en los negocios.
III. Para practicar la disciplina se debe contar
con una lista de miembros (1 Corintios 5:11-13).
1. Los padres no pueden disciplinar los hijos de sus
vecinos.
2. Una asamblea no tiene autoridad para disciplinar a
alguien que no es miembro (1 Corintios 5:11-13).
IV. El creyente debe ser miembro de una asamblea para
estar bajo autoridad como se indica en las Escrituras (Hebreos 13:7, 17). (Fin)
Los falsos maestros enga–an, manipulan y traicionan. (Adaptado)
En el movimiento
Òcarism‡ticoÓ o ÒpentecostŽsÓ muchas veces los miembros ignoran los pecados de
sus l’deres. Las Escrituras son
claras respecto a que el creyente no debe tolerar el pecado en las asambleas.
VŽase 1 Tesalonicenses 5:20-22; 1 Corintios 14:29; 1 Juan 4:1-3; 1
Tesalonicenses 5:19-21.
Por lo general, los miembros
est‡n m‡s interesados en tener mucha alabanza que no les importa lo que se
predique. Si el mensaje no concuerda con las Escrituras el predicador es un falso profeta.
Pˆgina 2 Es la obligaci—n
de cada creyente el escudri–ar y entender las Escrituras (Juan 5:39; 2
Tesalonicenses 2:2, 3, 15; 1 Corintios 14:29; Judas 16).
Unas de las caracter’sticas
de los falsos profetas es que no se apegan a la sana doctrina, sino que van
inventando Òcosas y mŽtodos mejoresÓ. El verdadero ministro se limita a lo que
la Biblia establece con claridad.
Por lo general los falsos
maestros promueven la adoraci—n a otros dioses y doctrinas de demonios. Debemos
seguir el ejemplo de los creyentes de Tesal—nica (Hechos 17:11).
El buen ministro practica el
concepto de que solamente la Palabra de Dios es lo que puede cambiar a los
seres humanos. Ninguna otra cosa funciona. Los falsos maestros desobedecen las
claras restricciones e instrucciones que aparecen en la Biblia (1 Reyes 13:21,
22; 1 Samuel 3:19; ƒxodo 20:14). Cuando un l’der comete tales pecados esto
indica que Žl no proviene de Dios, sino que es un emisario de su padre Satan‡s
(Mateo 6:24, 1 Timoteo 6:6-8). Hoy vemos la proliferaci—n de ÒministrosÓ que
ense–an todo lo contrario, para lo cual han montado un Òevangelio de la
prosperidadÓ y ense–an que Dios quiere hacer rico a todo el mundo.
Cada creyente tiene que
escudri–ar las Escrituras y aplicarlas a toda su vida. Esta labor tambiŽn
deber’a ser la meta y el trabajo de cada asamblea, pero muchasÓ iglesiasÓ se
dedican m‡s a entretener a sus miembros con teatro, show musicales, mimos,
etcŽtera, que a predicar la sana doctrina.
Usaremos un ejemplo m‡s para
dejar totalmente claro d—nde se est‡n torciendo las Escrituras en muchas
ÒiglesiasÓ y ministerios: mujeres que predican (1
Timoteo 2:11-14; 1 Corintios 14:33-35). La Biblia ense–a que en el huerto del
EdŽn Dios maldijo a toda mujer, repitiendo esa maldici—n en las asambleas como
una restricci—n respecto al ministerio (1 Timoteo 2:11-14). ÀQuŽ nos muestra la
Biblia? ÀDios levant— la restricci—n? No. ÀEst‡ en vigor todav’a hoy? S’.
Para terminar llamo la
atenci—n sobre Tito 1:9; 2:1; 1 Timoteo 1:10; 4:16; 2 Tesalonicenses 2:8; 2
Pedro 3:16; 2 Corintios 4:2. (Fin)
Mercachifle.
(Por J. Candeas,
Apdo. 2, CP 11300, La L’nea, Espa–a)
TEXTO: Apocalipsis
18:13 Ò...almas de hombres...Ó
S’, la iglesia papista es un
vulgar mercachifle (mercader de poca importancia) desde hace siglos. En la
Palabra hay much’simas profec’as sobre ella ya cumplidas, y una que queremos
hacer patente aqu’ es la que la se–ala como comerciando con las almas de los
hombres. Esta profec’a est‡ m‡s que cumplida. Pero Àse puede mercadear con las
almas de las personas? ÁPues claro que s’! La ÒiglesiaÓ cat—lica, no apost—lica
y romana lo hace desde siglos. Se trata de la diab—lica doctrina del
inexistente purgatorio. Esta
granujer’a encendi— la antorcha de la Reforma en el siglo XVI. Estaba el siervo
de Dios, Mart’n Lutero, enfrascado en su trabajo en el monasterio cuando alz—
la cabeza, intrigado: ÀQuŽ ruido era ese? Se trataba del ÒinsigneÓ siervo del
papa Juan Tetzel, quien con gran esc‡ndalo, acompa–ado de otros muchos
ÒinsignesÓ como Žl y precedido de su tropa, iba haciendo mercader’a con las
almas de las personas. Pon’a el tenderete en la plaza del pueblo y con gran
elocuencia gritaba algo as’: ÒVuestros seres queridos est‡n en el purgatorio,
sufriendo horriblemente. Pero vosotros podŽis pagarles una gracia y aliviarles
sus sufrimientos. En cuanto suene la moneda en la caja vuestro ser querido
saldr‡ del purgatorio e ir‡ al cieloÓ.
El purgatorio es una
granujer’a papista. Ella ense–a que las personas, por buenas que sean en esta
vida, siempre tienen un pecado sin pulir y, por eso, al morir no pueden ir
directamente al Cielo porque all’ no entra nada impuro. Pero tampoco van al infierno, porque un
pecadillo sin importancia no es suficiente da–o para entrar all’. Entonces,
todas las personas cuando mueren van al purgatorio, un lugar temporal de
purgaci—n de los pecados. Cuando los pecados estŽn purgados con el sufrimiento
de las llamas, pasan al Cielo. TambiŽn se puede ayudar a salir de ese horrible
lugar pagando misas a su favor. ÀCu‡ntas misas? El cura no lo sabe y le dice al feligrŽs: ÒPaga cuantas m‡s
misas mejor, as’ tu ser querido saldr‡ m‡s prontoÓ.
Una vez purgados los pecados,
son los ‡ngeles los encargados de ir a por los ya limpios para llevarlos al
Cielo.
ÀQuŽ diremos a tanta
blasfemia? Primeramente que el purgatorio no existe, se invent— al final del
siglo sexto. Segundo, que las indulgencias plenarias (remiten de todo el
castigo temporal) es una contradicci—n a la Palabra de Dios. Es Cristo quien purg— los pecados
(Hebreos 1:2, 3; 10:14). VŽase
Lucas 23:39-43, 1 Juan 1:7.
Los Òcat—licosÓ est‡n
haciendo un Òcomercio con las almas de los hombreÓ (Apocalipsis 18:13). (Fin)
Respuesta a una carta.
Como has descubierto hay
muchas Òreligiones cristianasÓ que no son de Jesœs sino que pertenecen a
Satan‡s. La organizaci—n ÒFamilia UnidaÓ es una de los cientos de ÒiglesiasÓ
que no son cristianas porque no siguen las ense–anzas de las Escrituras. El
motivo de estas ÒiglesiasÓ es obtener dinero apoy‡ndose en textos aislados,
sobre todo del A. T.
Los ÒAdventistas del SŽptimo
D’aÓ son una organizaci—n mundial que tuvo su comienzo en el siglo pasado. Rechazan la obra final de Jesœs en la
cruz puesto que uno Òtiene queÓ guardar el d’a s‡bado. DespuŽs de la muerte de
Jesœs todos de los libros en el N. T. indican que las reuniones cristianas
siempre se celebraron en el d’a domingo. S’, Pablo predic— a los jud’os en el s‡bado. El d’a de
adoraci—n P‡gina 3 no importa.
Puedes adorar a Dios en el sŽptimo d’a, no comer carne, vivir una vida
ejemplar, guardar cada uno de los diez mandamientos y aœn as’, al morir,
despertar en tormento en el sheol
(hades), esperando la segunda resurrecci—n en el futuro para recibir tu grado
de tormento en el Lago de Fuego. La salvaci—n es por gracia (favor inmerecido),
no por obras sino por la fe en Jesucristo. (Fin)
Con
relaci—n a las ofrendas voluntarias.
(Por Oscar R. Gil Leal, Cuba)
TEXTO: Nœmeros 18:8. ÒDijo
m‡s Jehov‡ a Aar—n: He aqu’ yo te he dado EL
CUIDADO de mis ofrendasÓ.
1.
Mateo 21:3. Cooperaci—n: ÒEl
Se–or lo necesitaÓ.
2.
Marcos 12:41-44. ÀQuiŽn da m‡s?
3.
Marcos 14:8. ÒEsta dio cuanto pod’aÓ.
4. Lucas 10:7. El
obrero es digno de su salario.
5. Hechos 4:32-37.
Todas las cosas en comœn.
6. Hechos 5.1-11.
Privacidad y dominio de los bienes.
7. Hechos
6:1. Distribuci—n.
8. Hechos 20:33-35.
No a la codicia.
9. Romanos 15:25-33.
Los pobres.
10. 1 Co. 9:1-18.
Presentando a Cristo gratuitamente.
11. 1 Co. 16:1-24.
Ofrenda.
12. 2 Co. 8, 9.
Ofrenda Voluntaria.
13. 2 Co. 11:7-8.
Hab’a asambleas que pagaban SALARIO,
pero estos pastores no recib’an DIEZMOS
sino SALARIOS.
14. 2 Co. 11:20. La
asamblea no debe permitir que LOS MALOS
OBREROS la despojen de su econom’a.
15.
2 Co. 12:14-16. El pastor no puede ser motivado
a pastorear por los bienes materiales que va a recibir, antes debe gastar, si
fuera necesario, lo suyo propio.
16.
G‡latas 2:10. Tener siempre en cuenta a los
pobres (recuŽrdese las viudas que en
verdad lo sean, asimismo los pobres que en verdad lo sean, pues el
principio b’blico es que Òel que no trabaja, que
no comaÓ).
17.
G‡latas 6:6-10. Compromiso de dar y a quiŽn.
18. 1
Tesalonicenses 2:6. ÒPod’amos seros carga
como ap—stoles de CristoÓ.
19.
2 Tesalonicenses 3:6 ss. Los pastores tienen
derecho a ser mantenidos o sostenidos por la iglesia.
20.
Tito 3:13. Que a los misioneros nada les falte.
Es la asamblea la que atiende los casos de necesidad y a esto se le llama BUENAS OBRAS.
Fil. 2:19-30
relata que Epafrodito enferm— por servir a Pablo, es decir, por pasarle su
sustento a Žl (vers’culo 30). ÒNadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois
mis amigos, si hacŽis lo que yo os mando.Ó (Juan. 15:13-14). (Fin)
El
perd—n de Dios.
TEXTO: Salmo 51:1-3.
INTRO: Sin la seguridad del
perd—n, la vida no tiene valor.
I. ÀHemos sido
demasiado malos como para recibir perd—n?
1. ÀQuŽ dicen las
Escrituras? La oferta de perd—n viene con condiciones. Recuerde que nuestro
Dios es un Dios de ira. (Mateo 10:28). VŽase 2 Reyes 22:13; Salmo 2:12; Juan
3:36; Romanos 1:18; 2:8; Efesios 5:6.
2. Siendo que Dios
es Santo, Santo, Santo (Apocalipsis 4:8) ƒl no puede tolerar ningœn pecado en
Su presencia. Por causa del pecado Òno hay esperanza de vivir eternamente a su
ladoÓ. ÁPero contamos con el amor de Dios! (Juan 3:16).
3. El Sustituto
(Romanos 3:20-26).
II. El perd—n de Dios
cubre todos nuestros pecados (2 Corintios 5:21; Romanos 5:1, 2).
1. Tal perd—n es
completo (Romanos 4:7, 8; Isa’as 43:25).
2. No son imputados
al pecador. Imputar es atribuir a otro una culpa. Dios carg— a Su Hijo con
nuestros pecados, vŽanse Sus promesas en Juan 3:16; 5:24; 6:47; 7:38; 11:25;
20:31; Hechos 13:48; 16:31; Ro. 1:16; 4:3; 5:1; 10:11.
II. Hay varias clases
de perd—n.
1. El perd—n de Dios
legalmente (1 Juan 2:1; Romanos 8:28, 39) que se da œnicamente al pecador
arrepentido.
2. El perd—n de Dios
en Su familia. Primero el pecador es perdonado una vez y para siempre de sufrir
la pena del Lago de Fuego (salvaci—n una vez y para siempre). Pero en el camino
el creyente cae a veces en pecado. ÀQuŽ debe hacer? La respuesta se encuentra
en 1 Juan 1:9.
3. El perd—n entre
unos y otros (Lucas 17:1-10).
III. Ahora ÀquŽ es el
pecado imperdonable? (Mt. 12:31, 32).
1. Este pecado es la
blasfemia contra el Esp’ritu Santo. El contexto nos muestra que los fariseos
(los jud’os m‡s religiosos) oyeron las palabras de Jesœs, vieron Sus milagros,
observaron Su vida perfecta, pero atribuyeron Sus actos sobrenaturales a
Satan‡s. Esto es la blasfemia contra el Esp’ritu Santo.
2. Los creyentes no pueden ser culpables de este
pecado.
IV. Tres errores acerca el perd—n. Unos dicen que hay
que gritar, llorar. Otros dicen que hay que ser sumergido. Otros dicen que hay
que hacer buenas obras. Pero ÀquŽ dicen las Escrituras?
1. El N. T. ense–a el ÒarrepentimientoÓ, pero esto no
siempre viene con llanto y tristeza. El ÒarrepentimientoÓ es un cambio mental.
El pecador cambia sus pensamientos acerca de Dios, entiende que Dios le ha
provisto salvaci—n para Žl, y est‡ pronto a cambiar su estilo de vida para
obtener la gracia de Dios, creyendo en la obra final de Jesœs el Cristo.
2. Las Escrituras ense–an el ÒbautismoÓ, pero son
claras en cuanto a que una inmersi—n no tiene nada que ver con el perd—n de los
pecados. En Hechos 2:38 hay un texto que no se entiende. Cuando Pedro dijo: Òarrepent’os y sea bautizado cada uno de
vosotros en el nombre de JesucristoÓ, el texto griego dice: Òa causa del perd—nÓ o Òsobre la base
P‡gina 4 del perd—nÓ. Aquella gente tuvo que ser
sumergida para mostrar su perd—n, no
para obtener perd—n. Adem‡s:
(1) Abraham fue perdonado antes de ser circuncidado
(Romanos 4:9, 10).
(2) Jesœs perdon— los pecados de las personas antes de
ser sumergidos (Mateo 9:1-7; Lucas 7:36-50; 18:9-14; 19:1-9; Juan 8:1-12).
(2) Cornelio y su familia recibieron la Òse–alÓ de
la salvaci—n antes a ser sumergidos (Hechos 10:44-48).
(3) Las Escrituras
muestran que el perd—n y la salvaci—n se reciben por fe, no por inmersi—n (Juan
3:16; Romanos 5:1; 10:1-13; Efesios 2:10).
(4) A la luz de todo esto, el bautismo debe ser visto
como un hecho exterior por medio del cual estamos mostrando pœblicamente
nuestra fe en Jesucristo. El bautismo no es un requisito para la salvaci—n.
3. Buenas obras. Sin duda las Òbuenas obrasÓ son
importantes en la vida cristiana, pero no son una condici—n para recibir el
perd—n de pecados (Romanos 3:27, 28). VŽase Efesios 2:8-10.
(1) Pero, ÀquŽ dice Santiago 2:14-26? Santiago est‡
diciendo que una fe genuina produce
Òbuenas obrasÓ. Nuestras Òbuenas obrasÓ no son una parte para recibir el perd—n
sino el resultado de la salvaci—n.
V. Preguntas comunes.
1. ÀPor quŽ no siento el perd—n? El Òperd—nÓ es una
obra de Dios, es un ÒhechoÓ y no depende de nuestras sensaciones. El Òperd—nÓ se acepta por fe. VŽase a
continuaci—n:
(1) Job 14:17; Isa’as 44:22; Salmo 103:12; Miqueas 7:19;
Isa’as 38:17; 43:25; 1:18.
2. ÀEl
perd—n no es algo entre Dios y yo? S’, es algo muy personal. Si has sido
perdonado lo vas a proclamar pœblicamente.
3. ÀPor quŽ dice la Biblia que Dios no nos perdona si
no podemos perdonar a otros?
(Mateo 6:14, 15). Este texto no trata de la salvaci—n sino de c—mo vivir
la vida cristiana.
4. ÀDebe el creyente siempre perdonar a otros? ÁNo! No
hasta que el pecador se haya arrepentido de su pecado (Lucas 17:1-10; Mateo
18:15-17). Tampoco aqu’ se refiere a la salvaci—n.
5. ÀQuŽ hay acerca de lo que Jesœs dijo en Lucas 17:3,
4? Este es un astuto familiar, dentro de los creyentes. No se trata de la
salvaci—n.
6. ÀNo es verdad que Dios nos perdona
incondicionalmente?
(1) El creyente, una vez perdonado, debe perdonar a
otros (Ef. 4:32) y, cada vez que cometa pecado, est‡ bien claro lo que debe
hacer (1 Juan 1:9). (Fin)
Marcas de los falsos maestros y profetas.
(Adaptado de
ÒCristianismo Hist—ricoÓ)
Un estudio
dirigido a cada predicador pentecostal.
Jesœs dijo en Mateo 24:11
que: ÒMuchos falsos profetas se
levantar‡n y enga–ar‡n a muchosÓ. VŽase Jerem’as 14:14; Mateo 7:15. ÁPor
tanto, pueden ser tan espiritualmente peligrosos y mortales para los creyentes
como un lobo salvaje y oculto lo es para una manada de ovejas!
Los falsos predicadores se
conocen por sus frutos (Mateo 7:16) y no por sus reclamaciones personales o
ÒdonesÓ. De hecho, algunos falsos
profetas pueden incluso producir se–ales milagrosas (Marcos 13:22), y predecir
acertadamente un evento que est‡ por ocurrir (Deuteronomio 13:1-4, 18:20-22).
Los falsos profetas hablan
con convicci—n ya que esperan el cumplimiento de sus palabras mentirosas
(Ezequiel 13:6; 1 Timoteo 1:5-7; Hechos 13:6; Jerem’as 26:7-15; 1 Reyes 22:24
(vŽase el contexto); Zacar’as 10:1, 2; Jerem’as 23:16; 8:10, 11).
Los falsos profetas que
enga–aron a Acab ten’an esp’ritus mentirosos, ellos predijeron triunfo y
victoria en nombre del Se–or (1 Reyes 22:11, 12). ÁPorque Acab crey— su
mensaje, fue a la batalla y muri—! (v. 35). En forma similar, Pablo predijo que
un gran nœmero de falsos maestros hablar’an lo que la gente con comez—n de o’r
querr’an escuchar y no lo que necesitaban (la verdad), tal y como se encuentra
en 2 Timoteo 4:3.
De nuevo ÒmuchosÓ ser‡n
enga–ados por enemigos mortales de la Cristiandad con apariencia de
religiosidad e inocencia, que traer‡n el camino de la verdad al descrŽdito (2
Pedro 2:1, 2). Pablo dijo que hay ense–anzas que en realidad provienen de
ÒdemoniosÓ a travŽs de falsos maestros (1 Timoteo 4:1, 2), y que Satan‡s tiene
gente que se disfraza como siervos de justicia (2 Corintios 11:15).
La noticia: 2 Juan 9-11. VŽase
1 Juan 4:1; 2 Timoteo 3:16, 17.
Hermanos, Jesœs no estaba
bromeando cuando dijo que nos cuid‡ramos de los falsos profetas (Mateo 7:15)
ÁEst‡n aqu’ ahora mismo! Tienes que estar alerta. Tu destino eterno est‡ en
juego. (Fin)
Dones espirituales.
(Tomado de una
obra de John McArthur)
TEXTO: 1 Corintios
12:9, 28, 30.
INTRO: Es de suma
importancia que entiendas lo que las Escrituras ense–an, pues hay muchas
doctrinas falsas que salen hoy por la tele.
Durante los primeros a–os del
establecimiento de las EKKLESêAS hubo Òdones y se–alesÓ: milagros, sanidades,
lenguas y la interpretaci—n de lenguas. Con el fin del Nuevo Testamento
esos ÒdonesÓ desaparecieron y hoy
no tienen parte en la EKKLESêA del Se–or.
Los que dicen hoy que tienen
la habilidad de llevar a cabo servicios de ÒsanidadÓ deben preguntarse: ÒÀQuŽ
dicen las Escrituras?Ó
P‡gina 5 ÒY estas se–ales seguir‡n a los que creenÓ,
Marcos 16:17.
ÒDones de se–alesÓ. Fueron
algo provisional y no existen hoy. Hubo Òse–alesÓ de milagros (1 Corintios
12:10); sanidades (1 Corintios 12:9, 28, 30); el poder de los ap—stoles,
milagros (Mateo 10:1-4); los setenta (Lucas 10:1), y algunos de los asociados,
I. Y Àcu‡l era el
prop—sito? Confirmar el mensaje que Dios estaba dando.
El modelo de las sanidades
hechas por Jesœs: completas, para todo el mundo, sanidad de enfermedades
org‡nicas, resucitaci—n inclusive.
El modelo de las sanidades
hechas por los ap—stoles: Lucas 9:1, milagros, sanidades.
A los setenta, igual.
A los asociados de los
ap—stoles. Aquel ÒdonÓ nunca fue usado por Òtodo el mundoÓ
II. El
prop—sito: Para autenticar y confirmar que aquellos varones eran de Dios
(Hechos 3:1-15; 19:10-12).
III. La controversia del mensaje: Aquel mensaje
nuevo fue confirmado por se–ales. Una vez que el ÒmensajeÓ qued— escrito las
se–ales cesaron.
IV. Ahora, regresemos a cuando Dios dio aquel ÒdonÓ a
los ap—stoles. Ellos:
1. Sanaron con una palabra (Hechos 9:32-35), o un toque
(Hechos 28:8).
2. Sanaron instant‡neamente (Hechos 3:4).
3. Sanaron totalmente (Hechos 9:34).
4. Sanaron a todo el mundo (Hechos 5:12, 14-16; 28:9).
5. Sanaron enfermedades org‡nicas, cosas invisibles.
6. Levantaron a los muertos (Hechos 9:36-40).
Pero, una vez que los
escritos del Nuevo Testamento se completaron, tales ÒdonesÓ cesaron y los
disc’pulos comenzaron a predicar la Palabra. VŽase la ilustraci—n de JosuŽ
5:11-12.
V. La restricci—n de Pablo. Pablo hab’a usado el don de
sanidad muchas veces, pero cuando su compa–ero se enferm— Žl no lo us—
(Filipenses 2:25-27). VŽase 2 Timoteo 4:20; 1 Timoteo 5:23; a s’ mismo, 2
Corintios 12:7-9.
V. La perspectiva de la enfermedad. No es el plan de
Dios que todo el mundo sea sano (Hebreos 12:6; ƒxodo 4:11; Juan 9:2,3).
VI. La hipocres’a del sanador de hoy. Todo lo que hacen
es un fraude y un enga–o, una mentira.
VII. ÀPor quŽ los creyentes se enferman?
1. Tal enfermedad es de Dios y tiene un prop—sito.
2. Tal enfermedad proviene de Satan‡s (Lucas 13:11).
3. Dios le da permiso a Satan‡s para poner enfermedades
(Job 1:8; 2 Corintios 12:7).
4. Dios permite la enfermedad para obrar una perfecci—n
en ti (Salmo 119:67, 71).
5. Es el castigo de nuestro pecado en la vida (Nœmeros
12:9-10; Deuteronomio 28:21-22; 2 Reyes 5:15-27; 2 Cr—nicas 26:5, 21; ƒxodo
15:26; 2 Corintios 11:30).
VIII. Tenemos la obligaci—n de confesar nuestros
pecados (Stg. 5:14-16). (Fin)
Fundamentos (VI parte).
I. GƒNESIS.
PROTAGONISTAS PRINCIPALES: Ad‡n, Eva, NoŽ, Abraham, Sara, Isaac,
Rebeca, Esaœ, Jacob, Raquel, JosŽ.
CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE GƒNESIS.
ProfŽticamente:
inmediatamente despuŽs de la ca’da, se da la promesa de la salvaci—n a travŽs
de la simiente de la mujer (3:15). Luego, por la l’nea de Set se traza la
relaci—n Mesi‡nica en todo el libro de GŽnesis. Entonces tenemos: la l’nea de
Set (4:25), los descendientes de Sem (9:26), la familia de Abraham (12:3), la
simiente de Isaac (26:3), los hijos de Jacob (46:3), y la tribu de Jud‡
(49:10).
Tenemos
varios ÒtiposÓ que representan al Salvador en GŽnesis. Ad‡n es un tipo de
Cristo (Romanos 5:14). Ad‡n es la cabeza de la vieja creaci—n y Cristo es la
cabeza de una creaci—n espiritual.
La
ofrenda de Abel es un sacrificio de sangre que nos dirige la mirada hacia
Cristo quien muri— por nosotros. El asesinato de Abel por manos de su hermano
Ca’n ilustra la muerte de Cristo.
Melquisedec,
como sacerdote y rey, es tambiŽn un tipo de Cristo (Hebreos 7:3).
JosŽ,
que era amado por su padre, traicionado por sus hermanos para luego convertirse
en el medio de la liberaci—n de ellos, tambiŽn es un tipo de Cristo.
BOSQUEJO.
1. Cuatro Eventos (1:1-11:32)
A. La creaci—n del mundo y del hombre
(1:1-2:25)
B. La corrupci—n del hombre, la ca’da
(3:1-5:32)
C. La destrucci—n del hombre, el diluvio
(6:1-9:29)
D. La dispersi—n del hombre, las
naciones (10:1-11:32)
2. Cuatro personas: La elecci—n de una
naci—n y la preparaci—n para el Redentor (12:1-50:26).
A. Abraham (el padre de la fe y de la
naci—n de Israel) (12:1-23:20)
B. Isaac (el hijo amado de la promesa)
(24:1-36:35)
C. Jacob (trampa y castigo) (27:1-36:43)
D. JosŽ (sufrimiento y gloria)
(37:1-50:26)
E. Es el libro de la redenci—n.
II. ƒXODO.
AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO.
MoisŽs
escribi— este libro. ÒƒxodoÓ es una palabra griega y es el nombre dado al libro
por los traductores de la Septuaginta griega (LXX). La palabra Žxodo significa
Òsalir.Ó
FECHA DE ESCRITURA: 1450 – 1410 a.C.
P‡gina 6 TEMA Y PROPîSITO.
Hay
dos temas sobresalientes en ƒxodo. (1) La redenci—n representada por la Pascua
y, (2) la liberaci—n de la esclavitud de Egipto, expresada claramente en la
salida de Egipto y en el cruce del mar Rojo.
PROTAGONISTAS PRINCIPALES: MoisŽs, Aar—n, Mar’a y Fara—n.
CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE ƒXODO.
Aunque el ƒxodo no contiene ninguna
profec’a directa acerca de Cristo, existen aqu’ un nœmero de tipos preciosos
del Salvador. En muchas maneras, MoisŽs es un tipo de Cristo. Deuteronomio
18:15 nos muestra que MoisŽs, siendo un profeta, nos anticipa a Cristo. Ambos
son parientes-redentores cercanos que estuvieron en peligro durante su
infancia, renunciaron a su poder y gloria para servir a otros. TambiŽn fueron
mediadores, legisladores y libertadores.
La
Pascua es un tipo espec’fico de Cristo ya que ƒl es el Cordero de Dios sin
mancha (Juan 1:29, 36; 1 Corintios 5:7).
Las
siete fiestas, cada una de ellas representa algœn aspecto del Salvador.
El
ƒxodo mismo, que Pablo conecta con el bautismo, representa nuestra
identificaci—n con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrecci—n (1 Corintios
10:1,2; Romanos 6:23).
El
man‡ y el agua son ambos representaciones de Cristo (Juan 6:31-35, 48-63; 1
Corintios 10:3,4).
El
tabern‡culo representa al Salvador en el material, los colores, los muebles, el
arreglo y las ofrendas para el sacrificio (Hebreos 9:1-10:18).
El
Sumo Sacerdote es claramente una sombra de la persona y el ministerio de Cristo
(He. 9:11,12; 24-28).
BOSQUEJO.
1. Redenci—n de Egipto (1:1-18:27).
A. En esclavitud (sumisi—n) (1:1-12:32)
B. Fuera de la esclavitud (redenci—n por
sangre y poder) (12:33-14:31)
C. Viaje al Sina’ (educaci—n)
(15:1-18:27)
2. Revelaci—n de Dios (19:1-40:38).
A. La entrega de la ley (19:1-40:38)
B. La instituci—n del tabern‡culo
(25:1-31:18)
C. La transgresi—n de la ley (32:1-34:35)
D. La construcci—n del tabern‡culo
(35:1-40:38)
Croquis
del Tabern‡culo:
Altar
de sacrificio.
Lavacro.
Mesa
del pan.
Candelero.
Altar
de incienso.
El
Arca.
III. LEVêTICO (el libro de la santidad).
AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO.
MoisŽs
escribi— este libro. Lev’tico recibe su nombre de la Septuaginta y significa
Òpertinente a los levitas.Ó Los levitas eran los sacerdotes elegidos por Dios
para ministrar a su naci—n. El libro de Lev’tico contiene muchas de las leyes
dadas por Dios para dirigirles a travŽs de la obra de sacerdocio hacia la
adoraci—n de Dios.
FECHA DE ESCRITURA: 1450-1410 a.C.
TEMA Y PROPîSITO.
Lev’tico
11:45 dice: ÒSerŽis, pues, santos, porque
Yo Soy Santo.Ó Las instrucciones dadas en el libro de Lev’tico le ense–aron
a Israel que deb’a caminar delante de Dios como una naci—n santa. Lev’tico fue
dise–ado para ense–ar a Israel (1) c—mo adorar y caminar con Dios y, (2) c—mo
cumplir su llamamiento como una naci—n de santificaci—n. El tema principal de
Lev’tico es santidad. Santidad es el proceso de hacer a alguien santo. Para
tener acceso al Dios santo la œnica manera era el sacrificio mediado por un
sacerdote.
PROTAGONISTAS PRINCIPALES: MoisŽs y Aar—n.
CRISTO EN LA PERSPECTIVA DE LEVêTICO.
Al
igual que en ƒxodo, en Lev’tico podemos observar un nœmero de tipos. Las cinco
ofrendas, son tipos de la persona y la obra de Cristo en Su vida sin pecado y
Su sumisi—n al Padre a fin de que nosotros podamos tener comuni—n con Dios. El
Sumo Sacerdote es un tipo muy notable de Cristo en Lev’tico. Las siete fiestas
tambiŽn forman tipos del Salvador y nos ense–an acerca de Su persona perfecta,
Su sacrificio substituidor, Su resurrecci—n de los muertos y Su obra
expiatoria.
BOSQUEJO.
1. Leyes de Sacrificios (1:1-17:16)
A. Para aproximarse a Dios (1:1-7:38)
B. Para los sacerdotes (8:1-10:20)
C. Con respecto a la pureza (11:1-15:33)
D. Con respecto a la expiaci—n nacional
(16:1-17:16)
2. Leyes de Santificaci—n (18:1-27:34)
A. Para el pueblo de Dios (18:1-20:27)
B. Para los sacerdotes de Dios
(21:1-22_33)
C. En la adoraci—n (23:1-24:23)
D. En la tierra de Cana‡n (25:1-26:46)
E. En lo concerniente a los votos
(27:1-34)
IV. DEUTERONOMIO (peregrinaje en el desierto).
AUTOR Y NOMBRE DEL LIBRO.
MoisŽs fue el escritor. Nœmeros
obtiene su nombre de los dos censos de los cap’tulos 1 y 26 que son el conteo
del pueblo de Israel, el primero en el Monte Sina’ y el segundo en la llanura
de Moab.
FECHA DE ESCRITURA: 1450 – 1410 a.C.
TEMA Y PROPîSITO.
Aunque
el nombre del libro se debe al censo del pueblo, Nœmeros narra principalmente
casi 40 a–os de peregrinar en el desierto. Un viaje que debi— haber tomado once
d’as se convirti— en 38 a–os de sufrimiento simple
P‡gina 9 mente
por la incredulidad y la desobediencia del pueblo. Nœmeros nos muestra
las consecuencias de no combinar la fe con las promesas de Dios (Hebreos
3:16-4:2). Adem‡s, Nœmeros nos ense–a que aunque la vida tiene sus experiencias
Òde desierto,Ó el pueblo de Dios no debe quedarse en esas circunstancias. Las
decisiones que hagamos trazan la direcci—n que nosotros tomemos en nuestra
vida. JosuŽ ilustrar‡ esto m‡s adelante.
Otro
tema importante en el libro de Nœmeros es el cuidado continuo de Dios por Su
pueblo. Una y otra vez, a pesar de su rebeli—n e incredulidad, ƒl supli— sus
necesidades milagrosamente. ƒl les dio agua, man‡ y codornices. ƒl les am—
continuamente y los perdon— aunque ellos se quejaron, protestaron y se
rebelaron contra ƒl.
(Continuar‡)
LECCIîN 9: LA PALABRA DE DIOS.
ÒÀCu‡l
es mi relaci—n con otros cristianos?Ó
Como aprendimos en
la lecci—n uno, al aceptar a Cristo pasaste a la familia de Dios.
Espiritualmente hablando, ahora tienes muchos hermanos y hermanas en Cristo
Jesœs. Vimos c—mo la asamblea se compara con el cuerpo humano en la lecci—n
anterior, y en esta lecci—n vamos a estudiar la relaci—n espiritual que tienes
con tu familia espiritual. Esta lecci—n est‡ dise–ada para darte un claro
entendimiento de c—mo opera el cuerpo de Cristo como unidad familiar.
I.
ÀCUçL ES MI RELACIîN CON OTROS CRISTIANOS?
1. ELLOS SON TUS
HERMANOS EN CRISTO JESòS. Procura
comprender que solo aquellos que est‡n en Cristo Jesœs (los salvos) son tus
hermanos, sin importar los dem‡s factores (Romanos 8:29; 9:8; Hebreos 2:9-12;
1Juan 3:1-3).
2. ELLOS SON TUS
COLABORADORES EN EL SER-VICIO A JESUCRISTO (1 Corintios 3: 5-10).
ll.
ÀCUçLES SON MIS RESPONSABILIDADES HA-CIA LOS OTROS CRISTIANOS?
1. DEBEMOS ORAR UNOS
POR OTROS. Casi todas las cartas de Pablo empiezan con una oraci—n por aquellos
a los que les est‡ escribiendo (1 Ts. 1:2-3; 2 Timoteo 1:3).
III. DEBEMOS
MINISTRARNOS UNOS A OTROS.
1. F’sicamente, por aquellos de nuestra
familia inmediata (G‡latas
6:10; Ro. 12:13; 1 Timoteo 5:8).
2. As’ como a todo
el cuerpo de Cristo en otras ‡reas (Hechos 11: 27-30).
3. Espiritualmente
(G‡. 6: 1-2; Ro. 15: 1-2; He. 13:3).
IV. DEBEMOS AMARNOS Y
EDIFICARNOS UNOS A OTROS (1Tesalonicenses 5:11).
V. DEBEMOS SERVIRNOS
UNOS A OTROS (Filipenses 2:3-4; Mateo 20: 25-28).
VI.
ÀCUçL DEBE SER MI ACTITUD HACIA OTROS CRISTIANOS?
1. LA ACTITUD
PRINCIPAL DEBE SER DE AMOR HACIA ELLOS (1 Juan 3:14-16; 1 Pedro 4:8).
2. SER PACIENTE CON
ELLOS (Romanos 15:5-7).
3. SER SENSIBLE A
SUS NECESIDADES (1 Juan 3:17-18).
4. PERDONARNOS UNOS
A OTROS (Efesios 4:32; Colosenses 3:13).
V.
ÀQUƒ ES EL COMPA„ERISMO?
1. ÒCOMPA„ERISMOÓ ES
UN TƒRMINO USADO COMòNMENTE POR CRISTIANOS REFIRIƒNDOSE GENERALMENTE A LAS
REUNIONES PARA ACTIVIDADES O MOMENTOS PARA COMPARTIR INTERESES COMUNES. Sin
embargo, esto es solamente una peque–a parte del compa–erismo. Es cierto que
tener compa–erismo es compartir cosas, pero el verdadero compa–erismo va MUCHO
MçS ALLç que una simple comida o actividad conjunta. Es compartir la vida con
otros creyentes a travŽs de la persona del Se–or Jesucristo.
2. LOS ELEMENTOS
ESENCIALES DEL VERDADERO COMPA„ERISMO NO SON CUESTIONES FêSICAS COMO EL NIVEL
SOCIAL, LA AMISTAD, INTERESES COMUNES, ETC. SINO MçS BIEN SON LOS
REQUERIMIENTOS ESPIRITUALES DE CARçCTER PERSONAL.
(1) La humildad
(Filipenses 2:3-8).
(2) La honradez
(Efesios 4:25; 2 Corintios 4:2).
(3) El amor (Juan
13:35; G‡latas 5: 13-15).
(4) La hospitalidad
(Tito 1:8; Hechos 2:42, 46-47).
3. LAS çREAS DEL
VERDADERO COMPA„ERISMO INCLUYEN, ENTRE OTRAS:
(1) La oraci—n (2 Corintios 1:11).
(2) La fe (Romanos
1:12).
(3) El ministerio (2
Corintios 8:4; G‡latas 2:9).
(4) El sufrimiento
(Filipenses 3:10; 1 Pedro 4:13, 5:1).
4. AUNQUE LAS
CREENCIAS DOCTRINALES SON VITALMENTE IMPORTANTES, EL VERDADERO COMPA„ERISMO NO
ESTç BASADO EN UN ACUERDO DOCTRINAL EXACTO, SINO EN LA PERSONA DE NUESTRO SE„OR
JESUCRISTO. Debes aprender a tener
compa–erismo con ƒl personalmente antes de tener buen compa–erismo con otros
creyentes (1 Juan 1:3-7).
V.
PREGUNTAS FUNDAMENTALES.
1. ÀY SI ME OFENDE
OTRO CRISTIANO? Desafortunadamente, es probable que te vaya a pasar esto al
pasar el tiempo con tus hermanos en Cristo. Va a haber momentos en que habr‡
ofensas, roces y desacuerdos dentro del cuerpo de Cristo, al igual que los hay
en tu familia f’sica. Cuando esto pase, si es bastante serio, la Biblia da una
progresi—n definida de principios para tratar el problema. ÀC—mo debe uno
contestar en tal caso?
(1) Trata la ofensa
en privado directamente con la persona, y traten de arreglarla entre los dos
(Mateo 18:15).
P‡gina 10 (2) Si el asunto no se resuelve
en privado, tr‡talo con uno de los l’deres de la iglesia para intentar que
sirva de mediador en la situaci—n (Mateo 18:16; 1 Corintios 6:1-5).
(3) No vayas con los
incrŽdulos a arreglar el problema del cuerpo de Cristo (1 Corintios 6:6).
(4) Si aœn el problema no ha sido resuelto:
A. Acepta la ofensa (1 Corintios 6:7-8).
B. Encomienda el asunto al Se–or. ƒl lo manejar‡ en
forma justa (1 Pedro 2:19-23).
C. Perdona al hermano (Colosenses 3:13).
D. Ora por tu hermano (Mateo 5:43-48; Romanos 12:14).
LECCIîN
10: MAYORDOMêA.
ÒÀCu‡l
es el significado de la mayordom’a y cu‡les son mis responsabilidades en esta
‡rea?Ó
En la actualidad, la mayordom’a es una cuesti—n
extremadamente controversial dentro del cristianismo lo cual se debe, en gran
parte, a fuertes presiones ejercidas sobre el pueblo de Dios para contribuir
para causas dignas. Quiz‡s este sea uno de los temas m‡s mal entendidos entre
los cristianos en general, e incluso entre los l’deres de las iglesias. Antes
de que puedas comprender correctamente la naturaleza de la mayordom’a
neotestamentaria, primero debes comprender claramente esta verdad: DIOS NO NECESITA NUESTRO DINERO.
Esta
lecci—n trata acerca de la responsabilidad del cristiano de administrar tanto
su vida como sus recursos.
I.
ANTES DE CONSIDERAR SI DARçS DE TU DINERO, DEBES PRIMERO ESTAR DISPUESTO A
DARTE A TI MISMO.
A. DIOS TE COMPRî
POR UN PRECIO: SU SANGRE, Y Tò LE PERTENECES (1 Corintios 6:19-20).
B. DIOS TE MANDA
PRESENTAR TU CUERPO EN SACRIFICIO VIVO, NO SOLAMENTE TU BOLSILLO (Romanos
12:1).
C. ANTES DE DAR LO
ECONîMICO DEBE HABER UNA MENTE Y UN CORAZîN DISPUESTOS CON UNA VIDA
ENTREGADA AL SERVICIO DEL SE„OR, PARA QUE DIOS TE BENDIGA (2 Corintios 8:3-5,
12).
D. DEBES ENTENDER
QUE LA VERDADERA MAYORDOMêA NEOTESTAMENTARIA EMPIEZA CON TU VIDA, PERO INCLUYE
TAMBIƒN TUS OTROS RECURSOS. Si Dios tiene el control de tu vida, ƒl debe tener
el control de tus recursos tambiŽn.
II. ÀPOR QUƒ DEBEMOS DAR?
A. PORQUE AL DAR SE
PRUEBA LA SINCERIDAD DE TU AMOR POR CRISTO (2 Corintios 8:8).
B. PORQUE AL DAR SE
DESARROLLA UNA ACTITUD DE GRACIA PARA OTRAS OBRAS. No se necesitan talentos o
habilidades especiales para dar, gracia solamente (2Corintios 8:6-7, 9:8).
C. PORQUE AL DAR SE
INVIERTE EN LAS RIQUEZAS ETERNAS Y TE AYUDA A QUITAR TUS OJOS DE LAS RIQUEZAS
TERRENALES QUE SE DESVANECEN (Filipenses 4:17; Mateo 6:19-21; Lucas 6:38).
D. PORQUE LA PERSONA
QUE SE BENEFICIA MçS AL DAR ERES Tò.
III. ÀDîNDE DEBO DAR MIS OFRENDAS?
A. TU
RESPONSABILIDAD PRIMORDIAL ES A TU ASAMBLEA LOCAL. Todos los casos del nuevo
testamento en que se mencionan ofrendas est‡n dentro del contexto de algœn
ministerio de la asamblea local (1Corintios 16:1-3 es el pasaje definitivo).
B. OBVIAMENTE,
CUALQUIERA ES LIBRE DE DAR A CAUSAS FUERA DE LA ASAMBLEA LOCAL, Y PUEDE SER QUE
DIOS TAMBIƒN LO USE Y LO BENDIGA. No obstante, es la asamblea local la que
ocupa el lugar central en el plan de Dios. Todas las ofrendas fuera de la
asamblea nunca deber‡n hacerse a expensas de lo que Dios quiere que des a la
asamblea local. Esto tambiŽn se aplica a tu tiempo y tu servicio, as’ como a tu
dinero.
IV.
ÀEN QUƒ SE USA MI DINERO?
A. PARA EL
SOSTENIMIENTO DE LOS LêDERES DE LA ASAMBLEA (1 Co. 9:13-14; G‡. 6:6; 1 Ti.
5:17-18).
B. PARA OTRAS OBRAS
DE DIOS SOSTENIDAS POR MEDIO DE TU ASAMBLEA (Filipenses 4:15-16).
C. PARA EL SOSTENIMIENTO DE
LOS NECESITADOS DENTRO DE LA ASAMBLEA, QUE NO SE PUEDEN SOSTENER A Sê MISMOS Y
SON FIELES A LA ASAMBLEA (Hechos 6:1; 1Timoteo 5:16; 9-10)
D. PARA SATISFACER
LAS NECESIDADES GENERALES QUE DETERMINEN LOS LêDERES DE LA ASAMBLEA (2
Corintios 8:4; Hechos 11:27-30).
V.
ÀCUçNTO DEBO DAR? Examinemos las cantidades que se mencionan en la Biblia:
A. EL DIEZMO. En el
Antiguo Testamento se les ped’a a los jud’os que dieran cierto porcentaje de
acuerdo con su ley religiosa. Aunque el diezmo era solamente el diez por ciento
de su ingreso, hab’a varios diezmos para varios prop—sitos que proven’an de
diferentes porciones de sus ingresos.
En su totalidad lo que se le
demandaba al jud’o era entre el 25 y el 30 por ciento de su ingreso total.
Adem‡s de eso, los jud’os deb’an dar ofrendas para otras obras de Dios.
B. LOS PRINCIPIOS
DEL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL OFRENDAR A LA OBRA SE ENCUENTRAN RESUMIDOS EN 2
Corintios 9:7.
1. ÒCada uno dŽ como propuso en su coraz—nÓ. Da tanto como el
Se–or te da gracia para dar.
2. ÒÉno con tristezaÓ.
3. ÒÉni por necesidadÓ. No est‡s sujeto por
la ley del diezmo cuando das a la obra, ni por ninguna otra ley.
4. ÒÉporque
Dios ama al dador alegre.Ó
C. OTROS PRINCIPIOS.
(P‡gina
11) 1. ÒDa segœn hayas prosperado.Ó No te preocupes en dar m‡s que los dem‡s,
solamente da de acuerdo con lo que Dios te haya bendecido (1 Co. 16:2; 2 Co.
8:12).
2. Da m‡s all‡ de tus fuerzas. La gracia
de dar en tu vida se magnifica cuando tienes que sacrificar para poder dar (2
Corintios 8:3; 2 Samuel 24:24).
3. Recuerda siempre
la ley de la siembra y la cosecha (2 Corintios 9:6; G‡latas 6:7-9).
D. LA VERDADERA
OFRENDA DEL NUEVO TESTAMENTO VA MAS ALLç DEL SIMPLE DIEZMO. Es darle al Se–or Jesœs todo el control de tu vida y
tus recursos. Todos los principios anteriores sobre el ofrendar se pueden
aplicar a tu tiempo y servicio, as’ como a tu dinero.
VI. PREGUNTAS BçSICAS.
A. ÀCîMO PUEDO ESTAR
SEGURO DE QUE ESTOY DANDO LAS OFRENDAS CORRECTAMENTE Y QUE MI DINERO (Y TIEMPO)
ESTçN SIENDO USADOS COMO DIOS QUIERE?
1. Edifica tu
ofrendar (tiempo, servicio y dinero) en conexi—n con la asamblea local. Es la
instituci—n ordenada por Dios para esta Žpoca.
2. En la mayor’a de
las asambleas se da a varios hombres la responsabilidad de controlar los
asuntos financieros de la asamblea. Si has buscado en oraci—n el liderazgo de
parte de Dios al seleccionar tu asamblea local, y has seguido los principios en
Su Palabra, entonces debes depositar tu confianza en los l’deres de la asamblea
para que manejen este asunto en forma adecuada. Si tienes razones suficientes
para dudar que los recursos de la asamblea se estŽn usando de acuerdo a la Biblia, habla entonces con la persona
encargada. Si no te dan una respuesta satisfactoria, quiz‡s debas entonces
considerar en oraci—n unirte a otra asamblea (2 Corintios 8:20-21). (Continuar‡)
Los
dones del Esp’ritu Santo (continuaci—n).
I. El don de la fe
(1 Co. 12:9»). Se trata de un Òdon especialÓ que permite ejercer un ministerio
especial.
II. El don de la
curaci—n (1 Co. 12:9b). El poder de Dios no se ha limitado,
interviene a menudo de forma sobrenatural. Es una falta que cometen algunos cristianos al poner su
confianza en ser curados solamente por la ciencia de los mŽdicos. VŽase
Santiago 5:14, 15.
1. No le ha sido
dado a todos y permanece la excepci—n (1 Corintios 12:9).
2. Puede ser
retirado. En Hechos 19:11, 12 y m‡s adelante Pablo no puede curar a Tr—fimo (2
Ti. 4:20; 1 Ti. 5:23).
3. El don de
curaci—n no opera en todos los casos. En ninguna parte nos ha prometido Dios
curarnos de todas nuestras enfermedades, puesto que esto significar’a no morir
jam‡s.
4. El don de
curaci—n es a menudo falsificado.
III. El don de
profec’a (1 Corintios 12:10). Este don comunica, no da œnicamente la facultad
de predecir el futuro, sino, segœn 1 Corintios 14:3 y 4, la de edificar,
exhortar y consolar.
1. Parece que en las
primeras asambleas el ejercicio del Òdon de profec’aÓ consist’a generalmente en
la entrega de un mensaje inspirado o de una revelaci—n (1 Corintios 14:3, 4,
24, 29-33). En aquel tiempo no se contaba con el Nuevo Testamento. El papel de
los ÒprofetasÓ era alimentar la fe de los fieles por medio de revelaciones
seguras de las verdades evangŽlicas. Pero, despuŽs que toda la revelaci—n de
Dios fue dada aquel don ces—.
IV. El discernimiento
de esp’ritus (1 Corintios 12:10; 1 Juan 4:1, 3). El esp’ritu del anticristo
est‡ obrando por todas partes. Nosotros hemos de estar en guardia puesto que
circula mucha literatura corrupta y la voz del Tentador se eleva sin cesar para
enga–ar nuestra conciencia (2 Corintios 11:14).
V. El don de
lenguas.
1. Hay dos clases:
La facultad de hablar lenguas sin haberlas aprendido. El don de hablar en una
especie de Žxtasis incomprensible. Pablo trata con este segundo en 1 Co. 14.
2. El hablar lenguas
sirve para la edificaci—n personal (14:2, 4). Esta es la raz—n de por quŽ este
don es de poca utilidad para el creyente (14:6, 9, 11, 16,17, 19). Hablar en
lenguas es aœn menos œtil para los no convertidos (v. 23).
3. Para ser œtil a
la asamblea ha de ser interpretado (14:27, 28).
4. El don de lenguas
no le es dado a todos (1 Corintios 12:8-10, 28-30). Es pues err—neo decir que
quien no habla en lenguas no ha recibido el Esp’ritu Santo.
5. El don de lenguas
no es una se–al del Òbautismo del Esp’rituÓ (1 Corintios 12:10, 30, 31).
6. No impid‡is el
hablar en lenguas, Òpero h‡gase todo
decentemente y con ordenÓ (14:33, 40). (Continuar‡n)
Las
marcas de una Asamblea de Jesucristo.
TEXTO: Mateo 16:18.
INTRO: La palabra ÒiglesiaÓ no se encuentra en el
texto griego. El tŽrmino utilizado es EKKLESêA y est‡ compuesta
por dos palabras (del griego EK
[afuera de] y KELEO [llamar aparte])
y significa literalmente: Ògente llamada fuera de un local para reunirse con un
prop—sitoÓ (Juan 1:34-51). Por esto la ÒasambleaÓ del Se–or se compone de
personas salvas llamadas a salir de sus casas para reunirse con un prop—sito. Siendo que Jesœs no le dio un nombre a
Su EKKLESIA, Sus fieles seguidores usaron el nombre ÒBautistaÓ como una
identificaci—n con Juan el Bautista, Jesœs el Bautista, los doce ap—stoles,
todos bautistas, y los primeros creyentes en las asambleas, tambiŽn todos
bautistas. La palabra bautista NO debe
identificar una Òdenominaci—nÓ.
I. Usa una
traducci—n que sea digna de confianza. La Revisi—n Reina-Valera de 1960 es muy
buena. Tengamos en Pagina 12 cuenta que no hay ninguna traducci—n perfecta en
relaci—n con las lenguas originales.
II. Su prop—sito es
predicar las Buenas Noticias y, una vez que el creyente se ha arrepentido y
recibido a Jesœs como Salvador, debe, despuŽs de que la asamblea ha o’do su
testimonio, ser sumergido usando la f—rmula de Mateo 28:19.
1. Tal asamblea ha
de rechazar los ÒbautismosÓ de las Òiglesias pentecostalesÓ y otras que no
ense–an las Escrituras honestamente. A esto se le conoce como Òbautismo
extranjeroÓ.
2. Al ser sumergido,
cada persona debe dar un testimonio claro de que ha Ònacido de nuevoÓ citando
la fecha de cu‡ndo ocurri— esto.
3. El que lleva a
cabo la inmersi—n puede ser cualquier persona seleccionada por la asamblea.
4. El motivo de ser
sumergido es obedecer al mandato de Cristo y no para obtener el perd—n de
pecados.
III. La EKKLESêA que Jesœs comenz— existe
todav’a, Mateo 16:18 dice: ÒY las puertas
del mundo invisible (el lugar de los esp’ritus de los incrŽdulos muertos) no prevalecer‡n contra ellaÓ. Aunque
millones de creyentes han muerto durante estos muchos a–os, la EKKLESêA existe
todav’a.
IV. La EKKLESêA es
una asamblea local aut—noma (1 Corintios 12:13).
1. El texto debe
leerse as’: ÒPorque con un intento,
prop—sito, fuimos sumergidos todos en un solo cuerpo (la EKKLESêA)Ó. La palabra Òesp’rituÓ usada aqu’ no es una referencia al Esp’ritu Santo,
sino a una disposici—n mental, sentido, intento, prop—sito.
V. Cada asamblea
debe ser ÒmisioneraÓ a fin de cumplir con los mandamientos de Jesœs de llevar
las Buenas Noticias a todo el mundo, proclamando que hay salvaci—n del Lago de
Fuego para los que se arrepientan de su vida pecaminosa y pongan su fe en la
obra final de Jesœs en la cruz.
VI. La asamblea debe
participar de la ÒCena del Se–orÓ de vez en cuando. Si se hace cada ocho d’as
llega a ser mon—tono.
1. Solo los miembros
con buen testimonio pueden participar de ella. (Fin)
La
perseverancia de los creyentes.
INTRO: Perseverancia: firmeza
y constancia en la ejecuci—n de los prop—sitos y en las resoluciones del ‡nimo;
duraci—n o continuaci—n de una cosa.
Los predicadores pentecostales predican un
Òevangelio falsoÓ diciendo que uno puede perderse despuŽs de ser salvo. Pero,
ÀquŽ dicen las Escrituras?
I. Lo que Dios
comienza, ƒl lo termina (Salmo 138:8; EclesiastŽs 3:14; Isa’as 46:4; Jerem’as
32:40; Romanos 11:29; Filem—n 1:6; 2 Timoteo 4:18).
II. De todos los que
Dios llam— y trajo a Cristo ninguno se perder‡ (Juan 6:39, 40; 10:27-29;
Romanos 8:28-31, 35-39; Hebreos 7:25; 10:14).
III. Es Dios quien nos
santifica y nos motiva a perseverar (Juan 15:16; 1 Corintios 1:30, 31; 6:11;
12:3; 15:10; G‡latas 3:1-6; Efesios 2:10; Filipenses 2:12,13: 1 Tesalonicenses
5:23,24; Hebreos 13:20,21; 1 Juan 2:29; Judas 24, 25). (Fin)
Cristo
es el Se–or de todo.
TEXTO: Filipenses 2:5-11;
Colosenses 1:19.
I. Las Escrituras
proclaman que el prop—sito de Dios desde la eternidad era hacer a Jesucristo el
Se–or de todo (Efesios 1:4, 9, 10; 20-23; Colosenses 1:13-19; 1 Corintios 12:3;
Colosenses 3:11; Juan 1:1; Filipenses 2:6; Juan 17:5, 24; Proverbios 8:23; 1
Pedro 1:20).
1. As’ que
entendemos por la Escritura que Cristo es el Se–or de todo porque ƒl era desde
el principio, igual a Dios el Padre y, por lo tanto, merece nuestra adoraci—n,
alabanza, amor y obediencia.
II. Lleg— el tiempo
en que esta tierra fuera creada y Àd—nde estaba Cristo en aquel entonces? (Juan
1:3; Colosenses 1:16; Hebreos 1:10; Proverbios 8:27-30).
1. As’ que vemos que
nuestro Se–or fue el Creador de todas las cosas. ƒl es el Se–or de todo y ha de
ser alabado, amado, obedecido, y adorado en sumisi—n a ƒl. S’, ƒl es el Se–or
sobre todo porque es Dios y fuera de ƒl no hay otro (Isa’as 45:21-23).
III. Segœn Romanos
5:12, 13 el pecado entr— en el mundo el d’a en que Ad‡n desobedeci— a Dios.
1. Pregunto: ÀD—nde
estaba Cristo? Fue ƒl quien dio la primera promesa de Su venida (GŽnesis 3:15).
2. Al cumplirse el
tiempo, Cristo dej— la gloria que ten’a desde la eternidad con el Padre y vino
a darnos salvaci—n.
(1) ƒl tom— nuestra
naturaleza sobre s’ mismo.
(2) ƒl cumpli— al pie
de la letra la voluntad de Dios.
(3) ƒl sufri— en la
cruz la ira de Dios.
(4) ƒl nos trajo la
justicia perdurable.
(5) ƒl nos redimi— de
la maldici—n de la ley quebrantada.
(6) ƒl muri— por nuestros
pecados.
(7) ƒl resucit— para
nuestra justificaci—n.
(8) ƒl ascendi— a la
diestra de Dios y all’ se sent— y ahora est‡ ofreciendo salvaci—n a todos
aquellos que vienen a ƒl.
3. ÁHe aqu’, a
nuestro bendito Se–or, sentado en el trono espiritual en los lugares
celestiales! (Hechos 2:34). Su trono de misericordia es mediador con los
mensajeros; las autoridades y potestades est‡n sujetos a ƒl (1 Pedro 3:22).
IV. Viene un tiempo
cuando el pecado ser‡ echado fuera de este mundo. Satan‡s no siempre ser‡ el
dios de este mundo. Habr‡ una
restituci—n de todas las cosas (Romanos 8:22; Hechos 3:21; 2 Pedro 3:13; Isa’as
11:9).
1. ÀY d—nde estar‡
Cristo en aquel entonces? ÀQuŽ har‡? (2 Tesalonicenses 1:7-9).
Pagina
13 2. Tenemos una representaci—n
de esta escena en Mateo 25:21-34 y 41.
3. S’, ƒl es el
Se–or de todo, de los muertos y de los vivos.
4. ÁPero eso no es
todo! M’ralo en los cielos nuevos y en la tierra nueva, y contŽmplalo con todo
Su pueblo comprado con Su sangre, mientras ƒl recibe la gloria y la honra,
puesto que ƒl es el templo, la luz y el esposo amado de todo Su pueblo.
V. ÀSab’as que el
verdadero camino de salvaci—n en Dios es poco conocido hoy? El mensaje que
o’mos hoy con frecuencia es Òotro evangelioÓ. ÀQuŽ dice la Palabra de Dios?
1. En cada lugar del
N. T. donde aparecen los dos t’tulos de nuestro Se–or, es decir, Se–or y Salvador, siempre est‡n en este
orden, lo cual quiere decir que ƒl es el Se–or de la vida y el Salvador del
alma.
2. Cuando Dios salva
a un pecador este recibe a Jesœs como Profeta, Sacerdote y Rey.
(1) En Su oficio de
Profeta para ense–arnos.
(2) En Su oficio de
Sacerdote para interceder por nosotros.
(3) En Su oficio de
Rey para gobernar sobre nosotros.
Jesœs es el Se–or a quien le fue dado el poder para dar la vida eterna
(Juan 17:2-4). VŽase Lucas 1:46, 47; 2 Pedro 1:11; Hechos 5:31.
3. Ahora, vŽase la
predicaci—n de Pedro en Hechos 2:33-36 y 10:36.
4. El evangelio de
la gracia de Dios en Cristo Jesœs nos libra de la esclavitud, el cautiverio y
el reino del pecado, y nos libra de Òla ley del pecado y de la muerteÓ (Romanos
8:2; Colosenses 1:13).
5. Hay pocos hoy que
tienen un concepto correcto de lo que es una conversi—n verdadera y b’blica
como se nos presenta en el evangelio. La verdadera aparece en dos pasajes:
Isa’as 55:7 y 1 Tesalonicenses 1:9. La conversi—n es una sumisi—n al Se–or’o de Dios en rendici—n voluntaria de todo lo que somos
y todo lo que tenemos.
(1) ÀPor quŽ exige
Dios el arrepentimiento y la sumisi—n de nuestras voluntades al Se–or’o de
Jesucristo? Es por causa de nuestra naturaleza rebelde y testaruda, vŽase ƒxodo
45:2 y Lucas 19:14.
(2) S’, este es el
coraz—n de cada alma fuera de Cristo: enemistad contra Dios y rebeld’a.
VI. VŽase Efesios
1:9-11. El gran objetivo sobre el cual el coraz—n de Dios est‡ puesto es el de
sujetar todas las cosas al Se–or Jesucristo. 1 Corintios 15:26-28 presenta esta
misma verdad. VŽase Efesios 1:20-23.
1. No hay ningœn
elemento en la obra de la salvaci—n que no estŽ bajo Su control y autoridad,
porque ƒl es el Se–or. VŽase Mateo
11:27 y Hechos 5:31.
2. En el
arrepentimiento venimos al Se–or, renunciando a nuestro modo de vivir y sometiŽndonos
a Su gobierno sobre nuestras vidas (Isa’as 55:7). Es un cambio radical de la
mente y del coraz—n y resulta en una conducta transformada (2 Corintios 5:17; 1
Juan 3:7, 9).
3. El verdadero
arrepentimiento produce un auto-aborrecimiento (Lucas 10:13; Joel 2:12,13; Job
42:5, 6; Salmo 51:1-12), mientras que la fe en Cristo reconoce Su soberan’a y
Se–or’o.
4. La œnica
evidencia del verdadero arrepentimiento son los Òfrutos dignos de
arrepentimientoÓ (Mateo 3:8; Hechos 20:21).
VII. Ahora veamos la
soberan’a o el se–or’o de Cristo en Su redenci—n (Juan 10:17, 18).
1. Vemos que la vida
del Se–or no le fue quitada, sino que ƒl escogi— darla por S’ mismo (Hebreos
12:2; Apocalipsis 19:15; Hebreos 2:10, 15).
2. Las Escrituras
hablan de la redenci—n como Òla cruz de
nuestro Se–or JesucristoÓ (G‡latas 6:14; 1 Corintios 2:8; Colosenses 1:22;
Efesios 5:25-27).
3. Vemos la
soberan’a o el se–or’o en la resurrecci—n (Romanos 1:3, 4; Hechos 2:30, 31, 32,
36).
4. Por ser el Se–or
de la resurrecci—n fue que Jesœs pudo decirle a Marta: ÒYo soy la resurrecci—n y la vidaÓ. VŽase Juan 11:25, 26; 5:21;
5:25.
5. ƒl tambiŽn es el Se–or de la Segunda
Resurrecci—n (Juan 5:28, 29).
Conclusi—n: Amigo, Àlo
conoces como tu Se–or? ÀTe has sometido a Su Se–or’o con arrepentimiento y con
fe? ƒl no es el Salvador de los que no se le someten a ƒl como Se–or.
(Fin)
La
muerte espiritual, f’sica y la muerte segunda.
I. La muerte
espiritual es el estado del hombre natural o no regenerado que se halla
todav’a en sus pecados (Efesios 2:1), alejado de la vida de Dios (4:18, 19), y
destituido del Esp’ritu. Prolongada m‡s all‡ de la muerte f’sica, la muerte
espiritual es el estado de eterna separaci—n de Dios en sufrimiento consciente.
Esto es lo que se llama Òla segunda muerteÓ (Apocalipsis 2:11, 20:6,14, 21:8).
II. La muerte
f’sica.
1. Es una
consecuencia del pecado (GŽnesis 3:19), y la universalidad de la muerte
demuestra la universalidad del pecado (Romanos 5:12-14).
2. La muerte f’sica
afecta solamente el cuerpo y no es el fin de la existencia del individuo ni de
su estado consciente (Habacuc 2:5, Lucas 16:23; Apocalipsis 6:9, 10).
3. La muerte f’sica
terminar‡ para todos con la resurrecci—n del cuerpo (1 Corintios 15:52).
4. Debido a que la
muerte f’sica es una consecuencia del pecado no es inevitable para el redimido
(GŽnesis 5:24; 1 Corintios 15:51, 52; 1 Tesalonicenses 4:15-17).
5. La muerte f’sica
tiene para el creyente en Cristo un car‡cter muy peculiar. Se la llama Òsue–oÓ
porque el cuerpo del redimido puede ser ÒdespertadoÓ en cualquier momento
(Filipenses 3:20, 21; 1 Tesalonicenses 4:14-18).
6. El alma y el
esp’ritu viven independientemente de la muerte del cuerpo, el cual se describe
como un Òtaberna
P‡gina
14 culoÓ
(tienda) en que el ÒyoÓ mora y que puede ponerse a un lado, segœn 2 Corintios
5:1-8.
7. Al morir, el
creyente es ÒsobrevestidoÓ de una Òhabitaci—n celestialÓ, quedando pendiente la
resurrecci—n de su Òcasa terrestreÓ y siendo introducido al instante en la
presencia del Se–or (2 Corintios 5:1-8; Filipenses 1:23; Lucas 23:43).
III.
La
muerte segunda (Apocalipsis
20:14) es Òel lago de fuegoÓ, o sea, el Òinfierno finalÓ. La segunda muerte y
el lago de fuego son tŽrminos idŽnticos y se usan con referencia al estado
eterno de los malos. Es ÒsegundaÓ con relaci—n a la precedente muerte f’sica de
los perversos, quienes parten de este mundo en su incredulidad y rechazo hacia
Dios; su estado eterno es un estado de ÒmuerteÓ perpetua, es decir, separaci—n
de Dios por el pecado (Juan 8:21, 24).
Que la segunda muerte no es la aniquilaci—n de los perdidos se demuestra
por una comparaci—n de Apocalipsis 19:20 con 20:10. DespuŽs de permanecer mil
a–os en el lago de fuego, la Bestia (el anticristo) y el Falso Profeta (el
l’der religioso durante la tribulaci—n) se hallan todav’a all’, sin haber sido
destruidos. Las palabras Òpor los siglos de los siglosÓ se usan con referencia
a la duraci—n del trono de Dios que es eterno en el sentido de no tener fin.
(Fin)
En los postreros tiempos.
TEXTO: 1 Timoteo 4:1-3.
ÒPostreros tiemposÓ. Hace referencia al
per’odo desde la primera venida de Cristo hasta Su regreso. La
apostas’a existir‡ durante todo este per’odo y tendr‡ su punto culminante justo
antes de la llegada de Cristo.
ÒApostatar‡n de la feÓ. Los que
caigan presa de los falsos maestros abandonar‡n la fe
cristiana. ÒApostar‡nÓ se refiere a una persona que se aleja por completo
de una posici—n original. Se trata de cristianos nominales o de profesi—n que
se asocian con aquellos que creen verdaderamente en el evangelio y luego
desertan al seguir mentiras y enga–os, lo cual revela su verdadera naturaleza
de inconversos.
ÒEsp’ritus enga–adoresÓ. Aquellos
esp’ritus demoniacos que de manera directa o a travŽs de los falsos maestros
optaron por alejarse de la verdad y se dedican a animar a otros a hacer lo
mismo. La palabra que mejor define todas las actividades de Satan‡s y sus
demonios es Òenga–oÓ.
ÒDoctrinas de demoniosÓ. No es una
ense–anza acerca de los demonios, sino todas las ense–anzas falsas que se
originan en ellos.
ÒLa hipocres’a de los mentirososÓ. Son
los falsos maestros humanos que propagan la doctrina demon’acaÓ (MacArthur).
Hermano predicador: Es tiempo de tomar una posici—n firme contra las mentiras
que dicen los predicadores pentecostales, quienes exponen que no es la
voluntad de Dios de que el creyente se enferme, que es la voluntad de Dios que
los creyentes sean ricos, que uno no puede estar seguro de su salvaci—n y que
puede perderse, que hay que hablar en lenguas para probar la salvaci—n,
etc. Cada predicador del movimiento ÒpentecostŽsÓ o Òcarism‡ticoÓ es un Òfalso profetaÓ.
Todo
esto indica que el regreso del Se–or se acerca. Durante mis 85
a–os he visto la ca’da de las ÒiglesiasÓ de la ense–anza pura de la verdad a la
predicaci—n de mentiras.
Pon
atenci—n a lo que Jesœs le dijo a Sus disc’pulos en Mateo 24:3-28. Hambre,
terremotos, falsos profetas, etc. Todas estas cosas las estamos viendo hoy.
Seguro, sin lugar a dudas, el Se–or ha de regresar en cualquier momento. Y la
pregunta es: ÀHas sido fiel en la predicaci—n? ÀHas declarado toda la
verdad de las Escrituras? ÀEst‡s listo a aparecer ante el Tribunal de
Cristo y dar cuenta de tu vida como predicador? ÀHas preparado tu
congregaci—n para estar lista para el regreso inminente de Jesœs? ÀTœ
propia familia est‡ bien con el Se–or? Oh, ÁquŽ gran responsabilidad tenemos tœ
y yo como representantes del Dios de la Creaci—n! Mientras esperamos Su
regreso tenemos el deber de ense–ar toda la doctrina de verdad. (Fin)
Comentarios sobre los Diez Mandamientos
(continuaci—n).
(Pastor
H. B. Pratt. Traductor de la Biblia conocida comœnmente como Versi—n Moderna que finaliz— en 1893.
Comentarista de los libros del GŽnesis, ƒxodo y Lev’tico y autor de Noches de los Romanistas.)
III.
EL TERCER MANDAMIENTO.
ÒNo tomar‡s el nombre de Jehov‡ tu
Dios en vano (1); porque Jehov‡ no
tendr‡ por inocente al que tomare su nombre en vano.Ó (ƒxodo 20:7, Versi—n Moderna).
(1) Para
una nada (Hebreo) = vanidad, o falsedad.
Para su
nombre, y para todas las cosas suyas, Dios reclama de nuestra parte el uso
santo y reverente de ellos.
El tercer mandamiento proh’be
el uso irreverente o irrespetuoso de Su nombre, proh’be con aun m‡s grave
censura la forma m‡s agravada de tal profanaci—n, que consiste en cubrir o
acreditar la mentira con solemne juramento y apelaci—n a Dios y, sobre todo, al
dar testimonio ante los tribunales. Y as’ en el texto original la frase Òen
vanoÓ puede traducirse Òpara una mentiraÓ, pero sin excluir su uso m‡s
ordinario de Òpara nadaÓ o Òen vanoÓ.
(Continuar‡)
La œltima palabra.
Esta
obra de amor por parte de J. Alvino Nelson y su esposa Janet se env’a gratis por correo postal o
electr—nico a todo aquel que la solicita. Puede visitar nuestra p‡gina web para
tener acceso a nœmeros anteriores de la revista
a: www.hojasdeoro.com as’ como escribirnos a: jan23@cox.net, o
directamente a nuestra direcci—n postal
HojasdeOro,660South Front,
Salina, Kansas EE. UU.