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Hojas de Oro

Un Llamado A Regresar A Las Enseñanzas Bíblicas

“…que contendáis por la fe…” Judas 3

Año XXXXII, No. 4 ABRIL 2012


Índice:

El principio de la discriminación (I, II, III, IV y final).

Lecciones de Santiago (XIII y XIV partes).

El Reino de los Cielos.

El Reino de Dios.

Los bautistas y su seguridad de salvación (X parte).

Los bautistas y la lealtad a Dios (XI parte).

Los bautistas y las promesas de Dios (XII parte).

Escalando montes espirituales (V, VI, VII y final).

La Asamblea y el Reino.

La última palabra.


El principio de la discriminación (I parte).

(Tomado del libro: Manual de Interpretación Bíblica)

INTRO: Discriminación: separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra. Este es el principio por el cual se usa bien la Palabra de verdad, haciendo una distinción entre las cosas que Dios ve como diferentes. No usar la discriminación conduce a la confusión.

I. La diferencia entre las criaturas de Dios y los hijos de Dios.  Aquí la palabra “criaturas” se refiere a los seres humanos como creación de Dios.

1. No tomar en cuenta esta diferencia conduce al error. Resulta en la  predicción de la paternidad divina universal y la fraternidad de todos los hombres. No todos son hermanos y Dios no es Padre de todos.

2. Todos son creación o criaturas de Dios, pero no todos son Sus hijos. La palabra “linaje” en Hechos 17:29 designa al hombre como hechura del poder creativo de Dios, no como Su hijo. La palabra “todos” en Gálatas 3:26, 27 se refiere a los creyentes en Cristo.

3. Somos criaturas de Dios por medio de Adán.  Él es la cabeza de la raza humana. Toda raza está incluida en la creación de Adán. Todo ser humano desciende de él, Ro. 5:12; 1 Co.15:45.

4. Llegamos a ser hijos de Dios por medio de la regeneración.  No por medio del nacimiento natural, sino por el Nuevo Nacimiento, Juan 1:12; 3:16; Gálatas 3:26.

5. El estado de criatura se origina en la creación. El estado de los derechos de los hijos proceden de la nueva creación, un proceso distinto. Dios hizo un solo hombre y le dio poder procreativo, es decir, de multiplicación, y desde entonces Dios no ha creado otro. Todos nacen por la propagación humana.

6. La criatura de Dios está bajo el pecado. En Adán todos cayeron y se sujetaron al poder de la muerte y de la ruina. Este es


el caso de todo descendiente de Adán. Un pecador no puede engendrar un hijo sin pecado. La  criatura humana es por naturaleza desobediente, sensual, nacida de la carne y sus deseos son contrarios a los de Dios, Romanos 8:7.

7. El hijo de Dios es nacido de nuevo. Participa de la naturaleza de Dios y ya no está ligado con el Adán de la raza natural, sino con Cristo y la nueva creación. Está libre de la ira de Dios y está bajo el favor divino, Romanos 8:1, 34.

8. Adán era la cabeza de toda la creación; Cristo es la cabeza de la nueva creación. Cuando una criatura de Dios cree en Cristo pasa a ser hijo de Dios.

9. El Señor es el Dios de todos los hombres. Es Creador de todos, pero Padre solo de los hombres salvos por la fe en Su Hijo Jesucristo, Juan 1:11, 12.

10. Nicodemo llamó a Cristo “Maestro”, sin reconocer Su deidad. Cristo no contestó su pregunta, sino que le reveló su necesidad. Esperaba que Nicodemo entendiera la verdad del nuevo nacimiento, registrada en Ezequiel 36:25-27, porque él era un maestro instruido en las Escrituras del A.T.

11. El hombre es salvo sólo por la fe. No por su membrecía en una “iglesia”, ni por su buena conducta, ni por aceptar un “credo”, ni por su carácter intachable, ni por cosa alguna, sino por la fe en Jesucristo como Salvador personal (Gá. 3:26; Tito 3:5). El único carácter que le place a Dios es el que manifiesta lo que Dios ha hecho en la vida del creyente en Cristo Jesús (Jn. 3:16; Ro. 8:17; 2 P. 1:4). Por nacimiento somos miembros de una raza alejada del Señor. Ni una sola cosa que el hombre haya hecho puede hacerle hijo de Dios.

12. Cuando la criatura de Dios se convierte en hijo de Dios, se hace miembro de la hermandad (Gá. 6:10). Pertenece a “la familia de la fe”. Esta es la hermandad espiritual, la única fraternidad que vale la pena en este mundo.

II. La diferencia entre ser aceptos y ser agradables.

1. En general:

(1) Dios ha aceptado a todos los creyentes, pero no se agrada de todos.  Efesios 1:6 se refiere a la posición celestial del creyente: ser acepto en Cristo Jesús. 1 Corintios 5:9 se refiere a su condición: su andar como creyente, es decir, ser agradable a Dios en su conducta diaria.

(2) Nótese la diferencia entre estas dos consideraciones:

A. Nuestra posición, lo que somos en Cristo.

B. Nuestra condición, lo que somos en nosotros mismos.

2. En particular, somos aceptos en Cristo Jesús, Ef. 1:6.

(Página 2) (1) Por Cristo, “el Amado”, que nos representa o sustituye. Sufrió en nuestro lugar (2 Co. 5:21). Cargó nuestros pecados y ahora nos representa ante Dios. Él llevó nuestros pecados y nosotros nos vestimos de Su gloria y justicia.

(2) Por identificación. Sus experiencias son contadas como nuestras (Gá. 2:20; Ro. 6: 6 – 8:11). Hemos de considerar a nuestro viejo hombre como muerto y no hacer provisión para la carne. Somos:

A. Sepultados con Cristo, Romanos 6:4, 5.

B. Resucitados con Él, Colosenses 3:1.

C. Ascendidos y sentados en lugares celestiales con Él, Ef. 2:6.

D. Glorificados con Él, Romanos 8:17, 30.

(A) Él es el cristianismo verdadero; el centro y la totalidad. Nosotros vemos a Dios en Cristo, y Dios nos ve a nosotros en Cristo. Nuestra  posición  en Cristo es la perfección absoluta, porque es de Él.

(B) Pero nuestra condición está lejos de la perfección, porque es de nosotros. Recibimos la perfección por la fe en Cristo Jesús, Col. 1:12; 1 Co. 1:30.

3. La aceptabilidad o aprobación.

(1) Siendo hechos aceptos en el amado Hijo, es nuestra responsabilidad vivir  una vida aceptable. Somos hechos aceptos por la fe, pero nos esforzamos por serle aceptables, 2 Ti. 2:15; 2 Co. 5:9.

(2) La vida de Jesucristo siempre fue aceptable al Padre. Debe ser nuestro constante anhelo serle aceptables en nuestra vida.
4. Algunas amonestaciones.

(1) Es posible ser salvo y, sin embargo, sufrir grandes pérdidas (1 Co. 3:14, 15). El haber sido hechos aceptos en “el Amado” no nos permite seguir las  inclinaciones de la vieja naturaleza, sino que hemos de vivir y servir de una manera agradable al Señor.

(2) Es posible ser salvo y aún llegar a ser “eliminado” o “desaprobado” para recibir recompensas (1 Co. 9:27). (Esto no habla de la pérdida de la salvación, algo que es imposible.) Un atleta que no corre bien o un soldado que no pelea bien puede llegar a ser eliminado por inútil. Por eso, tú que eres creyente en Cristo Jesús ¡sé diligente!

(3) Es posible ser salvo y todavía ser castigado, 2 Co. 5:9, 10; Col. 3:25.

(4) Es posible ser creyente y cosechar los frutos del mal vivir, Gá. 6:7, 8.

5. Nuestra aceptación en Cristo es de una vez y para siempre.

(1) Muchos creyentes viven años sin agradar a Dios con sus vidas. Nuestra aceptación es eterna pero ¡cuán escasos son nuestros momentos de aceptabilidad! A pesar de que Dios ha puesto a nuestro alcance todos los medios para vivir una vida aceptable.

III. La diferencia entre la fe y las obras.

1. Ambas son ordenanzas divinas y necesarias para el creyente. Sin la fe no se es creyente; y sin obras no hay evidencia de la fe. Ambas cosas son parte de la vida del genuino creyente.

2. Definición de la fe.

(1) Significa creencia o confianza personal en el Salvador Jesucristo, y en la Palabra divina para la salvación. La fe que salva necesariamente incluye la aceptación del testimonio de Dios acerca de Su Hijo, 1 Juan 5:9-12.

(2) Según Efesios 2:8-10 somos creados en Cristo Jesús para buenas obras.

A. Salvos por Cristo, v. 8.

B. No por las obras, v. 9.

C. Para buenas obras, v. 10.

(3) La fe tiene el lugar supremo en la vida del cristiano. Es el medio y la causa de una vida victoriosa, y de todas las fases de la experiencia cristiana. La diferencia entre la religión cristiana y las de origen humano está dada por el lugar que se le da a la fe y las obras.

(4) Las religiones humanas hacen hincapié en las obras como el medio de salvación, pero la religión divina está fundada sobre la fe, y las obras vienen como fruto, Tito 3:5; 2:14.

3. Resumen de la enseñanza bíblica tocante a la fe.

(1) Es absolutamente indispensable, Hebreos 11:6.

(2) Es creer a Dios y aceptar lo que dice en Su Palabra. La fe que salva es  la que acepta el testimonio de Dios respecto a Su Hijo.

(3) Es el medio por el cual se obtiene la vida espiritual y toda bendición espiritual. No hay bendición que Dios conceda que no esté basada en la fe.

4. Resumen de la enseñanza bíblica tocante a las obras.
(1) El hombre no es salvo por las obras, sino por la fe, Efesios 2:9; Tito 3:5.

(2) No es justificado por las obras de la Ley, sino por la fe, Romanos 3:20;  5:1.

(3) La Ley da conocimiento del pecado; no es un remedio para este.
(4) No le trae al pecador amor, gracia ni vida. No salva, sino que condena. Es un buen “espejo”, pero el espejo no lava la cara.
(5) Las obras realmente buenas son las del hombre salvo, pues son evidencia de su salvación.

(6) Serán premiadas cuando Cristo venga, 2 Co.5:10; 2 Ti.4:8.


El principio de la discriminación (II parte).

INTRO: Este es el principio por el cual se usa bien la Palabra de verdad, haciendo una distinción entre las cosas que Dios distingue como diferentes. No usar la discriminación conduce a la confusión.

IV. La diferencia entre la salvación y el galardón. A estos se los podría llamar bendición presente y bendición futura. El pecador se salva y el creyente es premiado. El pecador no es premiado porque Dios no aprueba sus obras. Nada le espera, sino juicio, condenación y muerte. La salvación trae liberación del pecado y de la ira de Dios. El galardón es el premio por la fidelidad, el trabajo y los sufrimientos. La salvación es el don gratuito de Dios. El galardón se gana. La salvación es un regalo presente, el galardón se obtendrá en el futuro.

1. Resumen de la enseñanza tocante a la salvación:

(Página 3) (1) Es del Señor. Dios es su fuente; Jesucristo es el Salvador.

(2) Es gracia, amor y misericordia de Dios, 2 Ti. 1:9; Tit. 2:11.

(3) Se recibe por la fe, Hch. 16:31; Ro. 1:16; Ef. 2:8, 9.

(4) Es posesión presente, poseída ahora por el creyente, Juan 3:16; 5:24; 6:47; 2 Timoteo 1:9; 1 Juan 5:13.

2. Resumen de la enseñanza tocante a los galardones:

(1) Se ganan por las obras y el fiel servicio, 1 Co. 3:11-13; 9:24, 25.

(2) Se pueden perder por causa del descuido y la infidelidad, 1 Corintios 3:12-15.

(3) Serán repartidos cuando Jesucristo regrese, 1 Co. 3:14; Mt. 16:27; Ap. 22:12.

(4) Son para alentar a los creyentes, Ro. 8:18.

(5) Son para quitar la vista del creyente de las riquezas y los placeres terrenales, y fijarla en las cosas espirituales, Col. 3:1-4; 1 Ti. 6:17-19.

(6) Son para animarnos a servir con amor, alentarnos en el sufrimiento y la persecución e incitarnos a ser fieles en el deber, Colosenses 3:17-25; 2 Timoteo 4:8.

(7) “Las coronas” prometidas son símbolos de las bendiciones espirituales:

A. De regocijo, para los que testifican, 1 Ts. 2:19.

B. De incorruptibilidad, para el que sujeta su cuerpo y su vida natural a la voluntad divina, y a una vida templada, 1 Co. 9:25.

C. De justicia, para los que aman la venida de Jesucristo, 2 Timoteo 4:8.

D. De gloria, por la fidelidad en ministrar, 1 Pedro 5:24.

E. De la vida, para el que sufre pruebas aun hasta la muerte, como mártir, Stg. 1:12; Ap. 2:10.

V. La diferencia entre la posición y la conducta del creyente. No hay nada que aumente más el gozo en la vida y el servicio del cristiano que la comprensión de su posición en Cristo, y de la relación que esta posición tiene con su conducta o su andar diario.

1. La posición del creyente delante de Dios. Es la de la perfección absoluta en Cristo Jesús. Somos aceptos en el amado Hijo. Nada se le puede añadir o quitar a esta posición en Él. Por más santamente que viva el hombre, nada añade a su posición en Cristo, que es invariable, irrevocable, permanente, continua y eterna. Cuando Dios nos mira en Su Hijo ve toda la perfección de Él en nosotros. Nosotros vemos a Dios en Cristo, y Dios nos ve a nosotros en Cristo. Esta perfección no es de nosotros sino de Él, Efesios 1:4.

(1) El “justo” aprecio de esta gran verdad obrará poderosamente en nuestra vida, dándonos el ardiente deseo de ser perfectos delante de los hombres así como también delante de Dios, y hará que cuidemos más nuestra vida y conducta diaria.

2. El “andar”, o sea, la conducta del creyente. Respecto a la posición no hay diferencia entre los creyentes, pero puede haber una inmensa diferencia en su “andar”. El “andar” o la conducta del creyente, es la consecuencia de su estado espiritual. Si le domina la carne, su vida será carnal y no gozará de la plena comunión con Cristo Jesús. Pero su posición es el resultado de la obra de Cristo, el carácter y mérito de Él.

3. Resumen de la verdad tocante a la conducta, el “andar” del creyente:

(1) Andar en el Espíritu, Gálatas 5:16, 25.

(2) Andar “en vida nueva” (Ro. 6:4). Desechar la pasada manera de vivir con sus antiguos hábitos pecaminosos, y vivir con el poder de la resurrección de Cristo, de modo que la naturaleza espiritual se manifieste en la conducta, Efesios 4:22-24.

A. “Saber”, “considerar” y “presentar”, Ro. 6:6, 11, 12.

(A) “Saber” cuál es su posición en Cristo.

(B) “Considerar” que está muerto al pecado y vivo para Dios en Cristo Jesús.

(C) “Presentar” todos sus miembros al que mora en Él y no al “viejo hombre”.

(3) Andar mirando con diligencia, Efesios 5:15 (activa y cuidadosamente).

4. Andar como es digno del Señor, agradándole en todo, para no traer reproche sobre el Nombre del Señor ni ser causa de que los impíos Le menosprecien, Col. 1:10.

5. Andar en amor (Efesios 5:2). Ser gobernado por el amor a Dios y al hombre. Si el amor de Dios es supremo en nuestra vida, también amaremos al prójimo.

6. Andar sabia y prudentemente, de tal manera que ningún inconverso tropiece por nuestra causa (Col. 4:5). Evitar todo lo que podría impedirles a los hombres venir a Cristo. Ser ejemplo y manifestar la gracia y el poder de Cristo a los perdidos, 1 Pedro 2:12.

7. Andar en la verdad, conforme a la Palabra, no conforme al mundo y el propio pensar, 3 Juan 4.

8. Andar “en Cristo” (Col. 2:6). Como Él anduvo (1 Jn. 2:6). Si habla de Él, ande como Él anduvo; y si no, no hable de Él. Ande como Él, dependiendo de Dios.

9. Andar (caminar) con Dios (Gn. 5:24; 6:9). Esto demanda separación del mundo y comunión con Dios. No podemos andar con Dios y con el mundo (Amós 3:3). La comunión y el compañerismo exigen que haya reciprocidad. Dios le ama, y usted le ama. Él se preocupa por usted, y usted se preocupa por Él. Usted anhela hacer algo por Él, y Él desea hacer todas las cosas por usted.

10. Andar delante de Dios (Gn. 17:1). Dios es “Todopoderoso”, “Todo suficiente”. Si desea ardientemente una vida perfecta, hallará que Él es suficiente para usted. Andará en el conocimiento de que Él le ve, Génesis 16:13.

11. Andar en pos de Dios (Dt.13:4). Andar en Su voluntad, gozarse en Su camino, andar en Sus pasos, fijar la vista en Él, nuestro ejemplo.

12. Andar en luz (1 Juan 1:7). En el conocimiento de Su voluntad; buscando, entendiendo y cumpliendo Su voluntad.

13. Andar en buenas obras (Efesios 2:10; Tito 3:8, 14). Hacer constantemente las obras que nos han sido deparadas.

14. Andar honestamente (Ro.13:13; 1 Ts. 5:5). A la luz del día.

15. Andar por fe (2 Co. 5:7; He. 11:1). Por la fe, no por la vista, desechando el interés propio y el propio pensamiento.

(Página 4) 16. Andar como es digno de nuestra vocación, Ef. 4:1; Col. 1:10.


El principio de la discriminación (III parte).

TEMA: La diferencia entre poseer y profesar.

Esta es la diferencia entre el que es creyente en Cristo Jesús y el que solo profesa serlo, sin tener a Jesucristo morando en él. Muchos genuinos hijos de Dios se privan de la certeza y el gozo de su salvación porque no entienden las Escrituras. Como consecuencia, dudan si se salvarán al fin de su vida. Viven en incertidumbre y temor, porque no conocen el punto de vista de Dios sobre ciertos aspectos.

1. Nunca se debe tomar un pasaje oscuro para contradecir otros pasajes claros y positivos. No existen contradicciones en las Escrituras. Con paciencia, tiempo y oración se disipan las dudas.

1. Hay pasajes difíciles, que según nuestro entendimiento no concuerdan con otros, pero en realidad no se contradicen.

2. Por ejemplo, Hebreos 6:4-8, un pasaje favorito de la teología arminiana (Arminio, teólogo de Holanda, 1560-1609), que enseña que un hombre se puede salvar en un día, perderse en otro, y volverse a salvar. Pero nótese que:

(1) Este pasaje fue escrito a los judíos en una época en que, a causa de la persecución, muchos abandonaban la fe cristiana y volvían al judaísmo.

(2) Fue escrito a los judíos cuando todavía se celebraba el culto en el templo. Fue el judaísmo el que crucificó a Jesucristo, estos creyentes judíos que volvían al judaísmo estaban volviendo a crucificarlo. En este texto no se habla de perder la salvación.

3. Otro ejemplo, Filipenses 2:12 “Ocupaos en vuestra salvación”. Esto debe ser interpretado a la luz del versículo siguiente, el 13. Es Dios quien obra en nosotros; nosotros obramos en lo práctico, pero no solos.

(1) Algunos dicen que hay personas en la asamblea que dan evidencia de ser salvas, y después se apartan y niegan la fe.

(2) No hemos de juzgar la Palabra de Dios por las experiencias humanas; sino las experiencias a la luz de la Palabra divina.

(3) No conocemos la vida y el corazón del hombre (1 Co.2:11). Si el que se apartó del camino era hombre salvo, no está perdido; y si perdió el alma, es que nunca fue hombre salvo.

(4) La vida eterna no se puede perder; de otro modo no sería eterna. La Palabra de Dios es veraz. Cuando Dios dice que uno es salvo, lo es, Juan 6:39, 40; 10:27, 28; 17:12.

II. El poseedor (A) y el profesante (B) difieren en su naturaleza y carácter.

1. (A) Tiene una naturaleza nueva, regalo de Dios, 2 P. 1:4.

(B) No tiene la naturaleza divina, Ef. 2:1-3; Ro. 8:8, 9.

2. (A) Es justificado delante de Dios, Ro. 5:1; 8:1.

(B) Nunca ha sido recto delante de Dios, Hch. 8:21.

3. (A) Está en vital unión con Cristo, Juan 15:4.

(B) Finge ser cristiano, 1 Juan 2:19.

4. (A) Cristo es el centro de su vida, Gálatas 2:20.

(B) El amor propio es el centro de su vida, 2 Ti. 3:2.

5. (A) Es hijo de Dios, 1 Pedro 1:3, 23, Juan 1:12.

(B) Es criatura de Dios e hijo de ira y desobediencia, Ef. 2:2,3.

6. (A) Tiene una vital comunión con Dios, 1 Juan 1:3.

(B) No tiene ninguna relación espiritual con Dios (1 Jn 1:6). Puede ser una persona culta, amable, atractiva, moral y religiosa, pero está muerto espiritualmente.

III. El verdadero creyente según el N.T.:

1. Es salvo, Efesios 2:8-10.

2. Tiene vida eterna, Juan 10:28.

3. Está exento del juicio por el pecado, Juan 5:24.

4. Es salvo de la ira, Romanos 5:9.

5. Hijo de Dios, Gálatas 3:26; Romanos 8:15.

6. Identificado con Cristo, Romanos 64-6.

7. Objeto del favor divino, Romanos 5:1, 2.

IV. El profesante imitador, según el N.T.:

1. Es un hipócrita religioso.

2. Lo atrae la influencia de la verdad del cristianismo, y bajo esta influencia presenta una apariencia religiosa, sin realidad.

3. Puede parecer obrero cristiano, pero no sabe someterse a la voluntad de Dios (Mt.7:21-23). Aunque haga “milagros” y proclame el Nombre de Dios, cuando llegue a la presencia de Jesucristo el Señor le dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí”.

4. Puede ser intelectualmente reformado, pero no es salvo.

5. Aunque sea miembro de la “iglesia”, está tan perdido como el peor pecador del mundo, pero no le gusta que le digan que es un pecador perdido. (Todo pecador es trasgresor ante los ojos de Dios y está tan perdido como cualquier otro.)

6. Lo que más le falta a la asamblea es la realidad. Falta autenticidad en el culto y adoración. La adoración es contemplar a Dios en gratitud por lo que Él ha hecho (Salmo 107). Falta autenticidad en el testimonio, y se necesita autenticidad para convencer a los de afuera. Se hacen largas oraciones en público, pero se ora poco en la casa.


El principio de la discriminación (IV parte).

TEMA: La diferencia entre la Ley y la gracia, Juan 1:17.

I. La religión de hoy es una mezcla de la Ley y de la gracia, aunque en realidad éstas son tan difíciles de mezclar como el agua y el aceite. Cuando se entremezcla la Ley, se desvirtúa la gracia, y viceversa (Gá. 5:1-11). La una se opone a la otra.

1. La Ley es el sistema o código instituido por Dios en el Monte Sinaí, con Moisés como mediador. Es la Ley del pacto con la nación de Israel.

2. La gracia es la expresión de la bondad de Dios, y de Su favor bajo el Nuevo Pacto, siendo Jesucristo el Mediador.

(1) Es el favor sin límite e inmerecido. Se otorga por el favor divino, no por algún mérito o esfuerzo propio.

(2) Es socorro divino a los inútiles, sin esfuerzo humano alguno. Nada de lo que jamás haya hecho o pueda hacer servirá para salvarle.

(3) Es todo dado por nada; todo lo que el pobre pecador necesita para la eternidad, que Dios le da por gracia.

II. No se debe formar una opinión errónea de la ley:

(Página 5) 1. La Ley no es un enemigo, sino el mejor amigo. Es santa, justa y buena, Romanos 7:12; Salmo 19:7, 8.

(1) Si el hombre ha de ser santo, justo, perfecto y bueno, debe obedecer la Ley. Por tanto, la Ley revela que los hombres son injustos, corruptos, imperfectos y malos, Romanos 3:20; 7:7.

(2) La Ley fue dada para enseñarles lo que deben hacer y ser. Le revela al hombre lo que es realmente: carnal, inclinado al mal y totalmente incapacitado para hacer el bien que él sabe que es su deber hacer.

(3) La Ley fue dada por causa de las transgresiones (Gá. 3:19). Donde no hay Ley no hay transgresión, Ro. 4:15; 5:20; 7:7, 13.

(4) La Ley fue dada para que el pecado tuviera el carácter de transgresión. Antes de la Ley había pecado en el mundo, pero la Ley fue establecida para que el hombre conociera su pecado. Bajo la Ley, el pecado se hizo transgresión.

2. La Ley le enseña al hombre que por naturaleza es pecador, y no solamente por sus hechos. Todos hemos mentido. No tenía que enseñársenos a mentir, lo hacíamos por naturaleza.

3. La Ley revela que todos somos pecadores.

(1) Los “Adventistas del Séptimo Día” enseñan que si uno guarda la Ley eso prueba que es persona santa. ¡No es verdad! Si ellos de veras se pusieran bajo la Ley, ella les revelaría que son pecadores.

(2) El hombre dice que es pecador porque ha hecho mal. La Ley dice que hizo mal porque es pecador. Esta es la diferencia entre la opinión de Dios y la del hombre.

4. La Ley revela el corazón del hombre; la gracia revela el corazón de Dios

5. La Ley revela lo perverso que somos, la gracia nos encauza.

6. La gracia vino para salvar del pecado y de una vida pecaminosa.

7. La Ley fue dada para revelar el pecado en su calidad real y pecaminosa. El pecado es rebelión contra la autoridad de Dios. Puesto que la Ley es perfecta y buena, el pecado es contra todo lo que es perfecto y bueno, Romanos 7:7-14.

8. La gracia puede hacer al pecador más malo tan blanco como la nieve (Is. 1:18). La Ley no hace perfecto a nadie (He. 7:11; 10:1, 14).

9. Probablemente Moisés se acercó más a la perfección que ningún otro hombre. Veintiún veces se dice de él que era fiel, pero pecó una vez, mostrando así que era pecador e imperfecto. La Ley no podía hacerlo perfecto, Números 20:10-12.

10. La Ley divina, que revela el pecado y nos conduce a Cristo, es nuestro mejor amigo, Gálatas 3:23-27.

11. “No estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Ro. 6:14). Esto no implica que el creyente pueda vivir en desobediencia ni perseverar en el pecado. Debemos morar en Cristo y andar como Él anduvo, dando evidencia del fruto del Espíritu (Ro. 13:10).

12. Dios quiere que por medio del amor se cumpla la justicia de la Ley en nosotros, Romanos 8:4.

13. Para llevar una vida perfecta, el judío fijaba su vista en la Ley. Nosotros debemos fijar nuestra vista en Cristo, y en tanto que lo hagamos cumpliremos la Ley.

14. El creyente no está bajo la Ley. Con respecto al creyente salvo por la gracia, Dios podría abolir la Ley (1 Timoteo 1:9). Como no estoy bajo la Ley no me gusta que nadie me ponga bajo la Ley. Pero no estoy sin ley; no soy anarquista (1 Co. 9:20, 21). Obra en mí la ley del Espíritu Santo y no haré las cosas que Dios ha prohibido, Gálatas 2:19; Romanos 7:4.

15. Nadie tiene el derecho de decirle al creyente: “haz” o “no hagas”. La Biblia dice: “Nadie os juzgue” (Gálatas 2:16, 17). Y “¿Quién condenará?” (Romanos 8:34).

16. No sea presumido. Tenga cuidado de no caer en la trampa de Satanás, porque hay muchas tentaciones para el obrero del Señor.

17. Pedro entendía la incapacidad humana para guardar la Ley, véase Hechos 15:10.

III. La abundancia de la gracia divina. Si es casi imposible definir la gracia de Dios, más aún lo es su abundancia.

1. Riquezas de la gracia, Efesios 1:7, 8.

2. Gracia abundante, Romanos 5:15.

3. Superabundante gracia, 2 Corintios 9:14.

4. La multiforme gracia de Dios, 1 Pedro 4:10.

5. Las abundantes riquezas de la gracia, Efesios 2:7.

6. Las riquezas inescrutables de Cristo, Efesios 3:8.

7. Gracia que sobrepasa todo pecado, 1 Ti. 1:14; Ro. 5:20.

RESUMEN: La gente tiende a considerar a la Ley como un enemigo. Al desobediente, la Ley le trae condenación y muerte. Este es especialmente el caso del incrédulo. El que viola la Ley la odia. Pero el creyente, por su amor a Cristo, aprende a amarla (Salmo 119:97; Gálatas 5:14). Hay en la Ley una bendición para el creyente.


El principio de la discriminación (V parte).

TEMA: La diferencia entre el reino de los cielos y el reino de Dios.

INTRO: La palabra “reino” en su uso bíblico. Se refiere a la soberanía del rey, más bien que al territorio de su gobierno; a la extensión de su dominio, no al país. En las Escrituras se emplean dos términos distintos: el reino de los cielos, y el reino de Dios.

1. El reino de los cielos es un reino del cielo, debajo de los cielos, sobre la tierra. El reino de Dios está en el cielo, sobre la tierra, y ha existido eternamente y abarca todo el universo.

2. El reino de los cielos tiene al Mesías por Rey. Es el dominio personal de Cristo, en la Tierra, durante el Milenio, en Su Segunda Venida (segunda etapa). El reino de Dios tiene a Dios por Gobernante, y es el dominio de Dios sobre todo ser de Su creación sujeto a Su voluntad, de toda raza y en todo lugar.

3. El reino de los cielos es la esfera de dominio político, pero mesiánica. El reino de Dios es espiritual en su esfera de dominio.

4. El reino de los cielos es judaico; el que Dios le prometió a la nación de Israel en el A.T., y será literalmente un reino con un Rey (Jesucristo) sobre un trono.

(1) El reino de Dios es inclusivo en su carácter e incluye:

A. Los de cualquier época que creyeron en Dios.

(Página 6) B. La simiente (descendencia) de Abraham.

C. Los redimidos de la edad presente.

D. Los que serán redimidos durante los siete años de la Gran Tribulación.

(2) El reino de Dios ha sido desde el principio. Abel, Noé, Abraham, David, etc., estaban en el reino de Dios.

(3) Cuando el Señor Jesucristo entregue el reino en las manos de Su Padre, entonces el reino de Dios será supremo, 1 Corintios 15:24, 25.

5. El reino de los cielos es de aspecto nacional; el reino de Dios es universal.

6. En su extensión, el reino de los cielos está limitado a la Tierra, pero el reino de Dios es sin límite.

7. El reino de los cielos es dispensacional, limitado al Milenio. El reino de Dios no es dispensacional, es eterno.

RESUMEN: Dios tiene solo un reino pero hay diferentes fases de este. En el principio hubo el reino de Yahvé, una fase del reino de Dios. Luego el “reino de Israel” presentó al pueblo escogido en relación íntima con Dios, y es una parte del reino de Dios. Durante aquel tiempo, el único medio de acceso a Dios era Israel, mediante los sacrificios y el culto en su templo. Daniel menciona el reino de los cielos en 7:13, 14, una fase del reino de Dios. Ahora existe el reino de su Amado Hijo, otra fase del reino de Dios, Colosenses 1:13. (Fin de los estudios) 


Lecciones de Santiago (XIII parte).

TEMA: Malos deseos, la fuente de distensión.

TEXTO: Santiago 4:1-10.

INTRO: Estas cosas suceden entre personas dentro de la asamblea y no son conflictos interiores de cada persona. “Guerras” alude a conflicto en general y “pleitos” a manifestaciones específicas de esta belicosidad (agresivo).

I. Contencioso, v. 1a, Salmo 137:1; 140:2; Pr. 15:18; 17:19; 18:6; 26:21.

II. El origen del pecado, v. 1b, Gn. 3:6; Sal. 51:5; Mt. 15:19; Santiago 1:15.

III. Carnalidad, v. 1c, Éx. 16:3; Nm. 11:4; Sal. 78:18; Jn. 6:26; Ro. 7:23; 8:5; Gá. 5:13; 1 Jn. 2:16.

IV. Malos deseos, v. 2a, Nm. 11:4; Pr. 21:10: 30:15; Hab. 2:5; Mr. 4:19; 1 Co. 10:6; Ef. 2:3; 1 Juan 2:16.

V. Insatisfacción, v. 2b,

1. Oportunidades de ver y oír, Ec. 1:8.

2. Trabajo sin fin, Ec. 4:8.

3. Acumulación de riquezas, Ec. 5:10.

4. Satisfacción del apetito, Ec. 6:7.

5. Buscando las cosas del mundo, Is. 55:2.

6. Prodigalidad, derroche, Lucas 15:14.

VI. Revalidad prohibida, v. 2c, Pr. 3:30; 17:14; 20:3; 25:8; 26:17; Fil. 2:3; 2 Ti. 2:14; 2:24. Vea 1 Co. 1:11; 3:3; 6:6; 2 Co. 12:20; Filipenses 4:2.

V. Rapacidad (inclinado al robo), v. 2d, Lucas 11:39; 20:14, 47; Juan 10:12; Hechos 20:29; Gá. 5:15; 1 Pedro 5:8.

VI. Sin oración, v. 2e, Sal. 53:4; Is. 43:22; Is. 64:7; Dn. 9:13: Sof. 1:6.

VII. Oraciones no contestadas, v. 3a, ¿por qué?

1. Desobediencia, Dt. 1:45; 1 S. 14:37; 28:6.

2. Pecados secretos, Sal. 66:18.

3. Indiferencia, Pr. 1:28.

4. Falta de misericordia, Pr. 21:13.

5. Desprecio de la ley, Pr. 28:9.

6. Culpable de sangre, Is. 1:15.

7. Iniquidad, Is. 59:2; Miqueas 3:4.

8. Obstinación, Zac. 7:13.

9. Inestabilidad, Santiago 1:6, 7.

VIII. Oraciones indiscretas, v. 3b, Nm. 11:15; 1 R. 19:4; Jonás 4:3; Mt. 20:21.

IX. Adulterio espiritual, v. 4a, Jueces 2:17; 8:27; 1 Cr. 5:25; Sal. 106:39; Ez. 6:9; 20:30; 23:35; Oseas 4:12: 5:4; 9:1.

X. Mundanalidad, v. 4b, Mt. 16:26; Lc. 21:34; Col. 3:2; Tito 2:12.

XI. Extrañamiento (separación), v. 4c,, Sal. 58:3; Jer. 2:5; Ez. 14:5; Mt. 15:8; Ef. 2:12.

XII. Enemigos de Dios, su castigo, v. 4d, Éx. 15:6; Dt. 32:41; Jueces 5:31; Sal. 68:1; 74:23; Is. 1:24.

XIII. V. 5. Esta porción difícil se entiende mejor si se ve al ‘espíritu’ no como una referencia al Espíritu Santo, sino al espíritu humano. El punto de Santiago es que el espíritu de una persona incrédula está siempre inclinado a la maldad, Gn. 6:4; 8:21; Pr. 21:10; Ec. 9:3; Jer. 17:9; Marcos 7:21-23.


Lecciones de Santiago (XIV parte).

TEMA: Pasos hacia el favor Divino.

LECTURA: Santiago 4:6-10.

INTRO: El único rayo de esperanza en las tinieblas del hombre es la gracia soberana de Dios, el único que puede rescatar al hombre de su propensión a desear cosas malas. El hecho de que Dios suministre ‘mayor gracia’ muestra que Su gracia es más grande que el poder del pecado, la carne, el mundo y Satanás, Romanos 5:20.

I. La gracia (favor no merecido) de Dios, v. 6a:

1. Dada liberalmente, Sal. 84:11; Hechos 11:23; 13:43.

2. Habilita al hombre a servir, 1 Co. 3:10; 15:10.

3. Puede no tener efecto, 2 Co. 6:1; Gá. 2:21; Ef. 3:7; He. 2:9.

4. Hace posible que el hombre viva una vida sencilla, 2 Co. 1:12.

5. No es para uso personal o exclusivo, 1 P. 4:10.

6. Prometida a los humildes, 1 P. 5:5.

II. El orgulloso es humillado, v. 6b.

1. Ejemplos:

(1) Faraón, Éx. 14:4.

(2) Senaquerib, 2 Cr. 32:17-21.

(3) Amán, Ester 7:1-10.

(4) Nabucodonosor, Daniel 4:33.

(5) Baltasar, Daniel 5:24-31.

(6) Nínive, Sofonías 2:13.

III. Promesa a los humillados, v. 6c, Salmo 138:6; Is. 66:2; Lucas 14:11; 1 Pedro 5:5.

IV. Sumisión, v. 7a, Mt. 6:10; 26:39; Lc. 1:38; Ro. 6:13.


Página 8) V. Resistir al diablo, v. 7b (recuerde que hay un solo diablo, Satanás, y millones de demonios), Ef. 4:26, 27; 6:11; 1 P. 5:8.

VI. La promesa dada a los que son tentados, v. 7c, Lc. 10:19; 22:31, 32; Ro. 16:20; 1 Co. 10:13; He. 2:18; Ap. 3:21.

VII. Consejos, v. 8:

1. Acercarse a Dios (8a), 1 S. 14:36; Sal. 73:28; He. 7:19; 10:22.

2. Promesas a los solicitantes (8b), Dt. 4:29; 2 Cr. 7:14; Pr. 8:17; Lucas 11:9.

3. Limpieza espiritual (8c), Is. 1:16; Jer. 4:14; 2 Co. 7:1; 2 Ti. 2:21; 1 Juan 3:3.

4. Pureza (8d), Sal. 24:3,4; Mt. 5:8; 1 Ti. 5:22; 1 P. 1:22.

5. Indecisión (8e), 1 Reyes 18:21; 2 Reyes 17:41; Oseas 10:2; Lucas 9:62.

6. Vacilante (8f), 2 R. 17:33; Sof. 1:4, 5; Lc. 16:13; 1 Co. 10:21; Santiago 1:8.

VIII. Arrepentimiento, v. 9:

1. El deber de (9a), Is. 22:12; Ez. 18:31; Oseas 14:2; Joel 2:12; Mt. 3:2; Lucas 13:2, 3; Hechos 3:19; 8:22; 17:30.

2. La promesa al arrepentido, 1 S. 7:3,

(1) Respuesta a la oración, 2 Cr. 7:14.

(2) Perdón de pecados, Is. 55:7.

(3) Vida, Ez. 18:21.

(4) Consolación, Mateo 5:4.

3. Ejemplos de arrepentimiento:

(1) Ahab, 1 Reyes 21:27.

(2) Josías, 2 Reyes 22:18, 19.

(3) Israel en el tiempo de Esdras, Esdras 10:1.

(4) Job, Job 42:1-6.

(5) Los de Nínive, Jonás 3:6-9.

(6) Pedro, Lucas 15:21.

(7) Los publicanos, Lucas 18:13.

IX. Llanto causado por el pecado, v. 9b, Gn. 27:34; Dt. 1:45; Is. 15:3; Jer. 3:21; Marcos 14:72; Lucas 6:25.

XI. Gozo terrenal, v. 9c, Job 20:5; Pr. 14:13; Ec.2:10; 7:6.

XII. Contrición, v. 9d, Sal. 34:18; 51:17; Is. 66:2; Joel 2:13; 2 Co. 7:10.

XIII. Humildad, v. 10a.

1. Promesas sobre humildad, Pr. 16:19; 22:4; 29:23; Is. 57:15; Mt. 18:4.

2. Ordenada, Miqueas 6:8; Lucas 14:10; Ro. 12:3; 1 Pedro 5:5.

3. Ejemplos de:

(1) Jacobo, Gn. 32:10.

(2) El rey Saúl, 1 S. 9:21.

(3) El rey David, 2 S. 7:18.

(4) El Rey Salomón, 1 Reyes 3:7.

(5) Juan el Sumergiste, Mt. 3:14.

(6) El Centurión, Mt. 8:8.

(7) La mujer sirofenicia, Mateo 15:27.

(8) Pablo, 1 Ti. 1:15.

3. Promesas dadas, v. 10b, Sal. 138:6; Is. 66:2; Lc. 14:11; 1 P. 5:5.

4. Dios exalta a los humillados, v. 10c, Gn. 45:8; 1 S. 2:7, 8; 1 R. 14:7; Sal. 75:7; Dn. 2:21. (Continuará)


El Reino de los Cielos.

(Tomado de la Biblia Anotada de Scofield)

La frase “el reino de los cielos” es peculiar de Mateo y significa el gobierno mesiánico de Jesucristo, el Hijo de David, en este mundo. Se le llama “el reino de los cielos” porque es el dominio de los cielos sobre la tierra (Mateo 6:10). Esta frase se deriva de la profecía de Daniel (2:34-36, 44; 7:23-27), donde se define como el reino que “el Dios del cielo” establecerá después de la destrucción del sistema mundial gentílico por medio de “la piedra cortada no con manos” (Jesucristo). Es el reino pactado con la simiente de David (2 S. 7:7-10), descrito por los profetas (Zac. 12:8), y confirmado a Jesús el Cristo por el mensajero Gabriel, Lucas 1:32, 33.

En Mateo hay tres aspectos del reino de los cielos: (a) El reino está “cerca”, desde el principio del ministerio de Juan el Sumergidor (Mateo 3:2), hasta el rechazamiento virtual del Rey y el anuncio de la nueva fraternidad de Sus seguidores (Mateo 12:46-50). (b) El reino aparece en los siete “misterios del reino de los cielos” que han de cumplirse durante la época actual (Mateo 13:1-52). A estos misterios deben añadirse las parábolas del reino de los cielos pronunciadas después de Mateo 13, las cuales tratan de la esfera de “profesión de fe” cristiana en la presente edad. (c) El aspecto “profético”: El reino que se establecerá después del regreso del Rey en gloria, Mateo 24:29 – 25:46. (Fin)


El Reino de Dios.

(Tomado de la Biblia Anotada de Scofield)

TEXTO: Mateo 6:33.

El “reino de Dios” ha de distinguirse del “reino de los cielos” en cinco particulares: (1) Es universal, e incluye todos los seres morales e inteligentes que se sujetan voluntariamente a Dios, ya sean mensajeros, creyentes en Cristo, o los redimidos (pasados y futuros) (Lucas 13:28, 29; Hebreos 12:22, 23); mientras que el “reino de los cielos” es mesiánico , medianero y davídico, y tiene por objeto el establecimiento del reino de Dios sobre esta tierra (1 Co. 15:24, 25). (2) Al reino de Dios se entra tan solo por medio del nuevo nacimiento (Juan 3:3, 5-7); el reino de los cielos, durante la edad presente, es la esfera de profesión de la fe cristiana, profesión que puede ser falsa o genuina. (3) Puesto que el “reino de los cielos” es la esfera terrenal del reino universal de Dios, ambos tienen casi todas las cosas en común. (4) El “reino de Dios” no viene con advertencia, es decir, con manifestación exterior (Lucas 17:20), sino que consiste en aquello que es principalmente interior y espiritual (Romanos 14:17); mientras que el “reino de los cielos” es orgánico y ha de manifestarse con gloria en este mundo. (5) El “reino de los cielos” llegará a ser uno con el “el reino de Dios” cuando Jesús, el Cristo, habiendo puesto “A todos Sus enemigos debajo de sus pies”, “Entregará el reino al Dios y Padre Suyo”, 1 Corintios 15:24-28. (Fin)

(Página 9) Los bautistas y su seguridad de salvación (X parte).

LECTURA: Romanos 8:28-39.

TEXTO: Salmo 97:10.

PROPÓSITO: Mostrar que los Bautistas No Conformistas siempre han enseñado la seguridad eterna de la salvación de sus almas del lago de fuego.

I. Pensamientos sobre Romanos 8:35-39.

1. Cualquier creyente puede entender la doctrina de la seguridad de su salvación contestando la pregunta al fin del v. 35.

2. La salvación descansa en el amor de Dios por los escogidos. Dios no exceptuó a Su propio Hijo del castigo para proveer perdón, Apocalipsis 1:5.

3. Dios ofrece salvación solamente en términos de seguridad eterna. Aquellos que se han arrepentido de sus pecados y han confiado en la obra final de Jesucristo son salvos de una vez y para siempre, Romanos 8:1.

4. La persona salva, redimida, ya tiene a Jesucristo viviendo en sí misma, Colosenses 1:27.

5. La relación entre el creyente y Jesucristo no puede quitarse. El creyente está preservado por el poder de Dios y Dios tiene más poder que cualquiera, Eclesiastés 3:14a.

II. Examinando Salmo 37:18-24.

1. En este texto encontramos la “declaración de fe” de David, lo que revela su creencia en la seguridad de la salvación.

2. Con frecuencia David alabó al Señor por su salvación, Salmo 18:1, 2.

3. David no tuvo temor de perder su salvación ni siquiera cuando estaba en pecado, Salmo 51:12.

4. Desde su juventud y hasta al final de su vida David sintió aquella seguridad.

5. Dios preserva la “herencia incorruptible” del creyente para siempre, 1 Pedro 1:3-5.

(1) Herencia: patrimonio de un difunto, lo que se hereda. Los creyentes en Cristo Jesús un día van a ocupar esta tierra renovada para siempre donde no habrá corrupción, pecado ni muerte, Efesios 1:13, 14.

6. Dios no permitirá que el creyente perezca, Juan 10:27-30. “Perecer” = acabar, dejar de existir, morir eternamente.

7. Dios no va a derribar al creyente, Salmo 97:10; Juan 6:37; Filipenses 1:6.

III. Comentario sobre la lección:

1. La doctrina de la seguridad del creyente, con frecuencia, es falsificada. Unos dicen que tal seguridad da licencia a pecar. ¡Oye! Ningún hijo de Dios puede pecar y escapar de la pena de su pecado. Pero siendo que vivimos todavía en un cuerpo carnal, de vez en cuando pecamos. Luego tenemos que practicar lo que dice 1 Juan 1:8, 9.

2. Si usted como creyente ha pecado y no ha confesado tal pecado, recibirá el castigo de Dios, Hebreos 12:5, 6.

3. El creyente tiene seguridad en la habilidad de Dios para preservarle, Juan 6:39, 40. Véase Judas 24; 2 Tim. 1:12.

4. El creyente puede estar seguro de su salvación por la obra mediadora de Jesucristo, Hebreos 7:25; 1 Juan 2:1; Juan 17:11.

5. El creyente tiene seguridad porque él ha nacido en la familia de Dios, Juan 1:12; 1 Juan 5:1; Juan 3:3.

6. Aquellos que no han experimentado el nuevo nacimiento todavía pertenecen a la familia de Satanás, Juan 8:44.

7. Los creyentes necesitan poder contestar esta pregunta: ¿Puede una persona salva perder su salvación? Nótese bien qué dice 1 Pedro 3:15.

(1) Cada hijo de Dios debe entender la seguridad de su salvación a través del estudio de las Escrituras, donde con toda claridad se puede ver que: “una vez salvo, siempre se es salvo”.

CONCLUSIÓN: La seguridad eterna de la salvación del alma del lago de fuego descansa sobre la naturaleza de la salvación:

(1) Es una obra de Dios, no del hombre, Jonás 2:9c.

(2) Es por el poder y la fidelidad de Dios, no del hombre, 1 Pedro 4:19.

(3) Si la salvación es por obras, o es una recompensa dada por hacer buenas obras, no habría seguridad, pero siendo que la seguridad descansa sobre las promesas de Dios, la persona que se ha arrepentido de sus pecados y ha aceptado la obra final de Jesucristo en la cruz es salva.

(4) La salvación produce el deseo de agradar a Dios, 1 Pedro 1:15, 16. Véase Romanos 12:1, 2.


Los bautistas y su lealtad a Dios (XI parte).

LECTURA: Nehemías 13:10-14.

TEXTO: 1 Corintios 4:2.

PROPÓSITO: Mostrar con las Escrituras y la historia que los Bautistas No Conformistas siempre han puesto mucha importancia en ser leales, fieles, y constantes a Dios su Creador y Salvador.

I. Pensamientos: Vamos a observar algo de los varones escogidos por Nehemías al hacer la obra de Dios, Nehemías 13:13.

1. Un avivamiento espiritual animó al pueblo de Dios a comprometerse a ser leales a Él. Por años la casa de Dios en Jerusalén había sido abandonada (13:10), llevando a Nehemías a preguntarse: “¿Por qué está la casa de Dios abandonada?”

2. Nehemías no fue profeta ni predicador. Fue un hombre de negocios con el deseo a animar a los judíos, 13:11c.

3. En aquel tiempo los líderes de los judíos y la gente habían abandonado la casa de Dios en Jerusalén. No había sacerdotes, cultos de adoración, ni sacrificios.

4. La casa de Dios (el aula de reunión) era el lugar para los predicadores, los obreros, y los creyentes. Hoy muchos creyentes son negligentes con respecto a ser leales, véase Hebreos 10:24, 25.

5. Nehemías escogió hombres especiales para servir a Dios y los encomendó con estas palabras: “Porque eran tenidos por fieles” (v. 13).

(1) “...eran tenidos...”, apreciados, estimados.

(2) “...por fieles...”, que no falta a la palabra, que cumple sus compromisos, firme y constante.

6. Aquellos varones habían demostrado ser leales en otras responsabilidades. La obra de Dios debe ser hecha por gente confiable, 2 Timoteo 2:2.

(Página 10) 7. La lealtad para actuar y enseñar requiere priorizar el estudio de las Escrituras, la oración, la adoración, y testificarle a los perdidos.

8. Nehemías encontró varones leales que tenían la voluntad de llevar a cabo la obra de Dios en la casa de Dios. Cada creyente debe dedicarse a ser fiel en cumplir con la Gran Comisión.

II. Examinando Nehemías 7:2, “Mandé (Nehemías) a mi hermano Hanani”.

1. El nombre Hanani quiere decir: “Yahvé es benigno”, que se muestra bueno, afable, templado, apacible.

2. Hanani, el hermano carnal de Nehemías, demostró su lealtad y su amor a Dios, trayendo noticias de la mala condición de la ciudad de Jerusalén a Nehemías, quien vivía en Susa, la capital del enemigo, Nehemías 1:1-4.

3. Inmediatamente Nehemías reconoció la habilidad de su hermano para ser usado en el servicio de Dios.

(1) Hanani fue un hombre leal porque “era varón de verdad y temeroso de Dios, más que muchos”, 7:2.

A. “Temeroso”, que causa miedo y reverencia, respeto que se debe tener a Dios. Medroso, irresoluto. Respeto hacia la majestad, santidad y poder de Dios.

B. Cada persona que adora y sirve a Dios debe hacerlo con temor y con reverencia, Hebreos 12:28, 29.

C. Aquellos que no son leales en practicar una adoración verdadera no dan honor a Dios.

D. Para adorar a Dios correctamente, hay que hacerlo según lo que dice la Palabra de Dios.

4. Nehemías supo que Hanani sería un hombre de confianza en la obra que él había de encomendarle, véase 1 Co. 4:2; Lc. 19:17.

III. Comentario sobre la lección:

1. Si usted como creyente ama a Jesucristo será considerado leal a Él, Salmo 31:23.

(1) Hay una promesa dada a los “fieles”: “Guarda Yahvé”. Guardar: cuidar, custodiar, vigilar o preservar de daño.

2. Lealtad es más que asistir a los cultos, véase Salmo 126:5, 6.

(1) La lealtad requiere que el pueblo de Dios sea diligente en compartir las Buenas Noticias con los incrédulos.

(2) El testigo leal tiene muchas responsabilidades para alcanzar los perdidos. Tiene que tener compasión de la condición perdida de tales personas, véase Romanos 10:1.

(3) El testigo leal tiene que ser constante en oración, y nombrar en sus peticiones a aquellas personas a quienes les está testificando.

(4) El testigo leal tiene que hablarle directamente al incrédulo y ofrecerle el plan de Dios de salvación.

(5) Alguien escribió: “La obligación divina del testigo descansa sobre cada creyente sin excepción. El cristiano recibe aquella obligación y llamamiento en el momento de ser salvo. La regeneración demanda reproducción. El fruto del creyente es otro creyente”.

(6) El testigo leal se regocija grandemente cuando un incrédulo recibe a Jesucristo como su Salvador.

(7) Los que descuidan la obra de testificarle a los perdidos no son considerados “leales” a Dios.

3. ¿Qué espera Dios de Sus testigos? Mateo 24:45, 46.

4. Dios ha ordenado que Su obra sea hecha por medio de Su asamblea, Efesios 3:21.

CONCLUSIÓN: Cada creyente maduro debe ser ejemplo a los nuevos creyentes en su testimonio a los perdidos y en sus actos de adoración y asistencia en los cultos.

Aquella “fe” “que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 3), debe ser seguida hoy como lo fue ayer. Tal “fe” (conjunto de doctrinas) ha sido preservada por Dios. Él da vigor, fortaleza, y fuerza a los creyentes cuando son perseguidos, y consolación a los mártires que no comprometieron la verdad.

La lealtad no termina en el culto de adoración. La lealtad tiene que incluir la obligación de alcanzar a los incrédulos con el mensaje de las Buenas Noticias.


Los bautistas y las promesas de Dios (XII parte).

LECTURA: Isaías 40:6-31.

TEXTO: Romanos 4:20-22.

PROPÓSITO: Determinar cuál de las promesas de Dios pertenecen a nosotros los creyentes, y cuáles son “condicionales” (que incluye una condición) e “incondicionales” (absoluto, sin restricción).

I. Pensamientos sobre Isaías 40:28-31.

1. Dios el Todopoderoso, quien no puede cansarse ni debilitarse, prometió darle fuerzas a Sus siervos.

(1) Creó todo lo que hay en el universo por Su poder infinito.

(2) Existe sin principio ni fin.

(3) Siempre está para ayudar Sus criaturas.

(4) Sabe todas las cosas.

(5) Sabe las necesidades de Su pueblo.

(6) Da liberación, salvación, perdón, consolación, fuerza y misericordia a los que les falta.

2. Dios le da fuerzas a Su pueblo cuando este busca Su ayuda. A veces el creyente trata de servir al Señor en su propia fuerza, pero nótese lo que dice Zacarías 4:6. Véase Gálatas 6:19.

3. Pablo aprendió a depender en las promesas de Dios en tiempos de gran debilidad, 2 Corintios 12:9, 10.

II. Examinando el texto, Romanos 4:10-22.

1. El capítulo cuatro habla de Abraham. Él respondió a la promesa de Dios mostrando una fe grande, “tampoco dudó”, véase Números 14:8; Salmo 3:6; 20:7; 23:4; 46:2; Isaías 12:2; Habacuc 3:17-19.

2. “La promesa de Dios”. Promesa: expresión de la voluntad de dar a uno o hacer por él una cosa. El Cristo resucitado es la prueba de la habilidad de Dios de guardar Sus promesas, 2 Corintios 1:20.

3. “Se fortaleció en fe”. Dios les dio fuerzas a Abraham y a Sara para concebir.

4. Abraham tuvo que escoger creer en Dios y Su promesa, o dudar de la Palabra de Dios. “Incredulidad” = falta de fe. Cuando el pueblo de Dios responde a Sus promesas con incredulidad Él no está satisfecho, porque la incredulidad es pecado.

(Página 11) 5. “Plenamente convencido”. Cada promesa que Dios ha hecho se ha cumplido. Cada promesa cumplida es la evidencia de Su habilidad para hacer lo que Él dice. Cada promesa hecha y cumplida es la prueba de que Dios puede hacer cualquier cosa, Mateo 19:26.

III. Comentario sobre la lección:

1. La promesa de Dios es Su “prenda” para hacer algo específico. Aquellas promesas revelan Su gracia, Su misericordia, Su amor y Su lealtad a Su pueblo. Cada promesa debe ser examinada para determinar si es para:

(1) Todo el mundo.

(2) Los creyentes de la edad de la gracia.

(3) Los incrédulos.

(4) La nación de Israel.

2. Algunas de las promesas de Dios son llamadas “pactos” o “convenios”:

(1) El “pacto de Noé”, una promesa que Dios le dio a él (Gn. 9:11-13), una promesa incondicional y para todo el mundo.

(2) El “pacto de Abraham” (Gn. 12:2, 3). Incondicional y todavía en efecto, siendo que lleva la promesa de bendición a todo el mundo:

A. Por medio de la nación de Israel vino el Salvador.

B. El pacto con Abraham prometió ayuda, bendición, y protección para las naciones que tratan bien al pueblo de Dios, los judíos.

C. Aquel pacto prometió castigo sobre las naciones que maltratan a la nación de Israel.

(3) Tenemos otro pacto con Abraham en Génesis 13:14-18 y se llama el “pacto Palestino” y es incondicional.

(4) Luego el “Pacto Davídico” que Dios dio a David (1 Reyes 2:1-4). Esta promesa fue dada a la familia de David.

A. Dios estableció condiciones por las cuales la promesa sería cumplida por miembros de la familia de David.

B. La desobediencia por parte de la familia libró a Dios de Su obligación.

C. La obediencia le dio a Dios la oportunidad de cumplir Su promesa.

D. El último cumplimiento de este pacto será cuando Jesucristo, Hijo de David, se siente sobre el trono durante Su reino futuro de mil años sobre esta tierra, Lucas 1:31-33.

(5) La salvación del alma del infierno es otro “pacto” o promesa que Dios ha dispuesto para los elegidos, los que tienen que arrepentirse de sus pecados y poner su confianza en la obra final de Jesucristo en la cruz.

A. Cuando un incrédulo responde al llamamiento del Espíritu Santo es salvo, redimido, y perdonado para siempre.

B. Una vez que se cumplen las condiciones de arrepentimiento y fe el pacto es irrevocable.

3. Algunas promesas de Dios son para Su asamblea, Mt. 28:18-20.

4. Algunas de las promesas son para todos Sus hijos:

(1) La promesa de ayuda en tiempo de necesidad, He. 13:5, 6.

(2) La promesa de fuerza, Isaías 41:10.

(3) La promesa de gozo, Mateo 14:27.

(4) La promesa de alegría, Isaías 61:3.

(5) La promesa de guía, Salmo 32:8.

CONCLUSIÓN:

1. Dios nunca quebranta Sus promesas, Hebreos 6:17-19.

2. Obtenemos las promesas por oración, Santiago 1:5.

3. Las promesas están disponibles por fe, Mateo 7:7, 8.

4. Tenemos la promesa de la salvación para los hijos de los creyentes, Hechos 16:31.

5. Tenemos la gran promesa de Proverbios 22:6. (Continuará)


Escalando montes espirituales (V parte).

TEMA: Los misericordiosos.

LECTURA: Proverbios 14:21-31.

TEXTO: Mateo 5:7.

INTRO: Versión Popular: “Felices los que tienen compasión de otros, pues Dios tendrá compasión de ellos.” La Paráfrasis: “¡Dichosos los bondadosos, los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia!”

Misericordioso: Que tiene misericordia, una virtud que inclina el ánimo a compadecerse de las miserias ajenas y tratar de aliviarlas debidamente. Conmiseración. Compasión. Lástima.

I. Se nos ha ordenado que:

1. Todo el mundo debe practicarlo (Miqueas 6:8).

2. Especialmente el creyente (Lucas 6:35, 36; Colosenses 3:12, 13; Santiago 2:13).

II. Nuestro Señor mostró misericordia en todos Sus tratos:

1. Al centurión (Mateo 8:5-7).

2. A la suegra de Pedro (Mateo 8:14, 15).

3. Cuando alimentó la multitud (Mateo14:13-21).

4. Con aquella mujer extranjera (Mateo 15:21-28).

5. Con los dos ciegos en Jericó (Mateo 20:29-34).

III. Las promesas de Dios a los que muestran misericordia:

1. Liberación en tiempo de problemas, protección, conservación de la vida, curación de enfermedades tanto físicas como espirituales (Salmos 41:1-3).

2. Luz en la oscuridad, libertad del temor, constancia y seguridad, honor (Salmos 112:1-10).

3. Dirección (Isaías 58:9-11).

4. Perdón (Mateo 6:14).

5. Bendiciones materiales (Lucas 6:38).

IV. Ejemplos de misericordia:

1. El carcelero a José (Génesis 39:19-23).

2. Josué a Rahab (Josué 6:22-25).

3. Los soldados de Josué al ciudadano de Betel (Jue. 1:22-25).

4. David a Saúl (1 Samuel 24:1-21).

V. Algunos textos que hablan de la misericordia: Proverbios 11:17; 21:21; Miqueas 6:8; Lucas 6:36; Col. 3:12, 13.


Escalando montes espirituales (VI parte).

TEMA: La pureza.

LECTURA: Salmos 24:1-10.

TEXTO: Mateo 5:8.

(Página 12) INTRO: Pureza: Calidad de puro, libre de toda mezcla con cualquier otra cosa. Casto. Dícese de las cosas que conservan en sí aquella pureza y hermosura con que se criaron y alejan toda idea de sensualidad de quien las contempla. Libre de imperfecciones.

Aquí encontramos una cualidad que debe estar en la vida de cada creyente. La pureza de corazón guía al creyente a vivir una vida santa, separada y lejos del mundo (Hebreos 12:14).

El creyente que piensa en el futuro cuando esté en la presencia del Dios tres veces Santo debe vivir una vida pura.

I. La pureza es un mandato (Salmos 24:3-5; 2 Pedro 3:14).

1. El corazón puro produce amor (1 Tim. 1:5; 1 Pedro 1:22).

2. La persona con una “religión pura” muestra compasión (Santiago 1:27).

3. La vida santa, separada y aparte, es cuando el cuerpo y el espíritu son puros (2 Corintios 7:1).

4. Dios nos ha mandado que seamos santos porque Él es santo (Levítico11:45).

5. El saber que el Señor vendrá pronto debe animarnos a vivir una vida de pureza (2 Pedro 3:10-12).

II. Jesucristo nos dio el ejemplo de la pureza:

1. El testimonio de Pablo a los judíos (Hechos 3:14).

2. El testimonio de Pablo (2 Corintios 5:21; véase Isaías 53:9; Juan 8:46; Hebreos 4:15; 7:26; 1 Pedro 1:19; 2:22).

III. Si vivimos una vida de pureza tendremos las promesas de Dios:

1. Estaremos preparados para toda buena obra (1 Timoteo 2:21).

2. Llevando una vida pura veremos a Dios (Mateo 5:8; Salmos 24:3, 4).

IV. Ejemplo de pureza (Génesis 39:6-12).

V. Aunque todos los creyentes pecan, Dios está listo para perdonarlos y ayudarlos a vivir una vida santa:

1. David (Salmos 51:1-4).

2. Pedro (Juan 13:9; véase Isaías 6:1-7; 1 Co. 6:9-11).

VI. Varios textos que hablan de la pureza: Isaías 1:18, 25; 1 Timoteo 5:22; Santiago 4:8; 1 Juan 3:3.


Escalando montes espirituales (VII parte).

TEMA: Los pacificadores.

LECTURA. Génesis 13:1-11.

TEXTO: Mateo 5:9.

INTRO: Versión Popular: “Felices los que procuran la paz”. La Paráfrasis: “¡Dichosos los que luchan por la paz!” Pacificador: uno que es quieto, sosegado y amigo de la paz. Que no tiene o no halla oposición o alteración en su estado. Que establece la paz donde hay guerra. Que reconcilia a los que están enemistados.

En esta lección encontramos una característica muy importante: la habilidad de producir paz entre otras personas. Necesitamos “pacificadores” en cada una de nuestras asambleas.

I. La voluntad de Dios es que todo el mundo viva en paz (Proverbios 20:3; Marcos 9:50; Ro. 12:18; 14:19; He. 12:14).

II. Jesucristo practicó la paz durante Su ministerio:

1. Entre creyentes y no creyentes (Lucas 9:51-54).

2. Entre los que venían a prenderlo (Mateo 26:47-56).

3. Cuando sufrió físicamente (Juan 18:22, 23).

4. Antes de regresar al Tercer Cielo Jesús prometió paz a los creyentes durante Su ausencia (Juan 14:27).

5. En la cruz propició la paz entre el Dios Santo y el hombre pecador (Romanos 5:1).

III. Ejemplos de pacificadores:

1. Abran (Génesis 13:8, 9).

2. Pablo (1 Corintios 1:10).

IV. Textos que hablan de “paz”: Salmos 133:1; Proverbios 15:17; 16:7; 20:3; Romanos 14:19; 2 Corintios 13:11.


Escalando montes espirituales (VIII parte).

TEMA: El porqué del sufrimiento de Jesús.

LECTURA: 2 Corintios 11:16-33.

TEXTO: Mateo 5:10-12.

INTRO: Sufrimiento: Hecho de padecer un dolor, físico o moral, más o menos prolongado. La N.V.I.: “Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Felices sois cuando os insulten, os persigan y digan falsamente todo género de maldad contra vosotros por mi causa. Alegraos y estad contentos, porque grande es vuestra recompensa en los cielos. Pues del mismo modo persiguieron a los profetas que os han precedido”.

El sufrimiento vino por causa de la caída de Adán, Génesis 3:16-19. No existe un ser humano que no haya experimentado un sufrimiento ya sea físico o moral.

El texto en cuestión se refiere al ser perseguidos y sufrir por causa del Señor, y nos habla de las bendiciones de Dios cuando sufrimos por Él.

I. Los creyentes son llamados a sufrir (Mateo 10:16-25, 39; Hechos 9:15, 16).

1. A veces el sufrimiento viene como resultado de un ataque directo de Satanás. Considere la vida de Job.

2. A veces es el resultado de nuestro pecado.

3. A veces es una “prueba” de parte de Dios.

II. Nuestro Señor tuvo que sufrir:

1. De parte de la gente religiosa (Lucas 22:1-6).

2. De parte de los impíos (vea la profecía de Isaías 50:4-6).

3. De parte de las autoridades civiles (Lucas 23:13-16).

4. De parte de Su propia familia (Juan 7:1-5).

III. Dios tiene promesas para quienes sufren:

1. Seremos glorificados con Él (Romanos 8:17).

2. No seremos separados de Él (Romanos 8:35-39).

3. Seremos consolados (2 Corintios 1:3-7).

4. Seremos resucitados (Filipenses 3:10, 11).

5. Reinaremos con Él (2 Timoteo 2:12).

6. Recibiremos la aprobación de Dios (1 Pedro 2:18-20).

7. Seremos restaurados (1 Pedro 5:10).

8. Recibiremos más que una simple compensación (Mt. 19:29).

IV. Ejemplos de sufrimiento por causa de Jesús:

1. Juan el Sumergido (Marcos 6:27).

2. Esteban (Hechos 7:54-60).

(Página 13) 3. Jacobo (Hechos 12:1, 2).

4. Los apóstoles (Hechos 5:40, 41).

5. Pablo (2 Corintios 11:16-33).

Conclusión: ¿Qué hemos aprendido durante estas lecciones? Considere Mateo 15:1-12. (Fin)


La Asamblea y el Reino.

INTRO: La EKKLESÍA no es una continuación de la dispensación (un lapso de duración variable, durante el cual Dios trata con el hombre de una manera particular, tocante al pecado y responsabilidad humanos; la palabra significa “administración” o “mayordomía”) judaica bajo otro nombre, ni la asamblea toma el lugar de la sinagoga. Algunas personas “religiosas” creen que la asamblea cristiana es simplemente otra fase de la “iglesia judaica”, e insisten en continuar con rituales, ceremonias, sacerdotes, altares, ropas y edificios especiales, sacrificios (la misa) y sacramentos, diciendo que todas las promesas del A. T. han sido trasladadas del judío al cristiano.

La asamblea que Jesucristo fundó durante Su ministerio y todavía está edificando no debe confundirse con el “reino” que todavía está por venir. ¡Usted no puede tener un “reino” sin un rey! La asamblea de Jesucristo se compara con una casa (1 Timoteo 3:15); con un templo (1 Corintios 3:16, 17); con un cuerpo (1 Corintios 12:27-31), pero nunca es comparada con un “reino”. Jesucristo es la Cabeza de Su asamblea (Efesios 1:22; 4:15; Colosenses 1:18), pero nunca es llamado su “Rey”.

La asamblea es un “misterio” (una verdad que habiéndose hallado oculta, ahora está ya divinamente revelada, pero en la cual, a pesar de su revelación, existe todavía un elemento sobrenatural) que fue revelado por primera vez a Pablo (Ef. 3:1-11).

El reino no era un misterio. Los profetas del A. T. lo describieron en detalle. Lo que ellos no entendieron fue lo que había de venir en el futuro entre los “sufrimientos” del Mesías prometido y Su “gloria” (véase 1 Pedro 1:9-12), o sea, lo que ha de suceder entre la “cruz” y la “corona” (entre Su crucifixión y Su Reino).

Que había de haber gentiles salvos no era un misterio (Ro. 9:24-30). El “misterio” era que Dios había de formar una cosa nueva, la EKKLESÍA, compuesta de judíos y gentiles.

El propósito de la dispensación presente, de la gracia de Dios, o de la edad de la asamblea, se ve en el “Programa Divino” en Hechos 15:13-18, donde Santiago declaró que Dios había visitado a los gentiles para tomar de ellos un “pueblo” para Su Nombre.

Por eso, el propósito de la dispensación presente no es meter gente dentro de un “reino”, ni la “conversión del mundo” (imposible y no es el plan de Dios), sino una recolección de los elegidos para traerlos a la salvación por la predicación de la Palabra.

Nótese bien: Ningún creyente pertenece a una asamblea si no ha sido sumergido por la autoridad de tal asamblea. Sí, es redimido, salvo, pero es desobediente.

I. La EKKLESÍA (una congregación de gente llamada afuera de sus casas; negocios con un propósito)

1. Es llamada el “cuerpo de Cristo” en Efesios 1:22, 23.

2. Es verdad que la asamblea es un “cuerpo” hecho de gente redimida, sumergida. Por eso es un organismo con el propósito de manifestar a su Salvador, Jesucristo.

3. También la EKKLESÍA es la “novia” de Jesucristo, 2 Co. 11:2.

4. Hechos 2:41 explica quién es un miembro de una asamblea de Jesucristo.

5. Hechos 1:8 explica la misión de cada asamblea.

II. El “reino”. Las Escrituras dejan claro que Dios tuvo un plan para poner un “reino visible” sobre esta tierra desde la creación de Adán, a quien le dio dominio (Génesis 1:26-28). Pero aquel “dominio” se perdió y Satanás llegó a ser el “príncipe de este mundo” (Mateo 4:8, 10; Juan 14:30).

1. En el llamado de Abran, Dios dio el primer paso para establecer un “reino visible”, un estado libre asociado de los judíos bajo la dirección de Moisés. Pero aquel plan se cerró cuando los judíos fueron llevados en cautividad por Nabucodonosor en el año 587 antes de Cristo, lo cual fue el principio de los “Tiempos de los Gentiles” (que el gobierno del mundo sería por gentiles).

2. Cuando aquel mensajero anunció el nacimiento del “Rey” (Lucas 1:26-33), Dios indicó otra vez Su deseo de establecer un “reino” terrenal.

3. Después de unos 30 años, Juan el Sumergidor anunció que “el reino de los cielos se ha acercado”, Mateo 3:1, 2.

4. Y cuando el Señor se manifestó a la nación de Israel, Él dijo lo mismo, véase Mateo 4:17-23.

5. Jesucristo envió a los doce (Mateo 10:7) y a los setenta (Lucas 10:1-9) para proclamar el mismo mensaje. Pero el “Rey” fue rechazado y crucificado, y el “reino” fue pospuesto y tomó la forma de un misterio, bajo el nombre: “el reino de los cielos” (es decir, que Dios está controlando el universo desde Su trono).

III. ¿Qué sabemos de la EKKLESÍA?

1. Si el plan eterno de Dios era formar la asamblea, ¿cómo sería posible hacerla sin un “espacio” indeterminado entre las semanas 69 y 70 de Daniel?

2. Dios en Su presciencia sabía que los judíos habían de rechazar el Mesías. ¡No fue una sorpresa para Dios!

IV. Aquí hay algo de mucha importancia: En su trato con las Escrituras uno no debe tomar algo que pertenece a una dispensación pasada o futura y ponerla en la dispensación presente.

1. La dispensación “pasada” de La Ley, y la que ha de venir, la del Reino, no tienen nada que ver con la dispensación presente, de la gracia, o de la asamblea.

2. El “reino” será una organización política, visible (Daniel 2:44); mientras que la asamblea es un organismo cuyos miembros y todos los redimidos serán arrebatados en el futuro, quizás pronto.

3. El “reino” fue preparado desde la fundación del mundo (Mateo 25:34), pero los redimidos, que pasan a formar parte de una (Página 14) asamblea cuando son sumergidos, fueron escogidos desde antes de la fundación del mundo, Efesios 1:4.

V. Tenemos que distinguir entre el “reino de Dios”, el “reino del cielo” y la “asamblea”.

1. El “reino de Dios” es el gobierno de Dios sobre todo el universo. Es espiritual y no “viene con advertencia” (por medios que se observen), Lucas 17:20.

2. La entrada al “reino de Dios” es por el nuevo nacimiento (Juan 3:5); mientras que la entrada a una asamblea es a través de una confesión abierta de la fe en Jesucristo, siendo obediente a él y sumergido por la autoridad de la asamblea.

3. El “reino del cielo” es un término usado solamente por Mateo unas 32 veces, y está limitado por tiempo y espacio.

(1) Su tiempo comenzó cuando Jesús nació y sigue hasta que Él regrese para llevar a los redimidos al Tercer Cielo.

(2) Su espacio es la parte de este mundo llamada “cristiandad”, toda profesión de religión cristiana.

(3) En el “reino del cielo” está lo bueno y lo malo, trigo bueno y cizaña mala. Hay peces buenos y malos. Hay vírgenes sabias y vírgenes necias.

4. Después de Su resurrección los discípulos le preguntaron (véase Hechos 1:6, 7), pero Él no les reveló ningún tiempo.

5. Ya que el Rey fue rechazado, el “reino” tomó otro aspecto conocido como “el reino en misterio”, descrito en las parábolas de Mateo, véase 13:10, 11, 35.

6. Las parábolas del “Reino del cielo” no describen el “reino de mil años” que ha de venir, porque los profetas del A. T. entendieron esto. Ni describen un “reino espiritual” porque todos los caracteres son terrenales. Describen la dispensación presente en su aspecto terrenal durante la ausencia del Rey.

VI. El “reino” en manifestación.

1. En Lucas 19:2 Jesucristo es aquel “Hombre noble” que cuando regrese va a recompensar a Sus siervos, y los que hayan negociado bien recibirán mucha autoridad.

2. Recuerde que todavía el Señor no ha recibido Su “reino” porque aún no ha terminado Su obra en el Tercer Cielo como nuestro Sumo Sacerdote.

(1) La forma de gobierno en aquel “reino” será una teocracia en la que Jesucristo reinará como un Rey o Príncipe llamado David (Oseas 3:5; Jeremías 30:9; Ezequiel 37:24; 34:24) cuyo trono estará en Jerusalén.

(2) El templo será reconstruido y el sacerdocio restablecido, Ezequiel 44:15-31.

(3) Habrá un avivamiento espiritual en toda la tierra de Palestina (Joel 3:18), y durante los mil años del reino la vida humana se alargará para los seres humanos que entraron y nacieron allí, Isaías 65:20-22; Zac. 8:4. (Fin)


La última palabra.

(Por el editor, J. Alvino)

Amado hermano, como ya es habitual, he tratado de incluir en esta edición material que pueda serte útil en tus estudios y en la predicación de la Palabra. Como habrás podido notar, la condición del mundo está empeorando más cada día. Sé fiel en tu ministerio puesto que el Señor Jesús ha de venir muy pronto, y tendremos que darle cuentas cara a cara en el Tribunal.

Los gastos de esta publicación son pagados por creyentes que tienen interés a ver que vosotros tenéis la verdad de las Escrituras. Mi esposa Janet y yo damos gratuitamente nuestro tiempo para editor, imprimir y enviarlo.

Pastor, es tú deber a avisar tu congregación a estar preparada para el regreso pronto del Señor Jesús, vea Mateo 24:3-51. Hay mucha información en estos versículos que tú puedes usar a informar bien a los creyentes que estamos a punto de ver estas cosas sucediendo.

En los versículos 11 Jesús dijo: “….muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos….”. Esta es la obra de los pentecostales hoy en día. Las muchas falsas promesas de prosperidad, de buena salud, de mejor empleado, etc. etc…..toda es la obra de Satanás, vea Romanos 16:18; 2 Corintios 11:13; Efesios 4:14; 2 Timoteo 3:13; Tito 1:10, 2 Juan 7; Apocalipsis 18:23.

Hay que recordar que esta planta no termine, solamente la edad. Este planeta será limpiado y cambiada para los redimidos a vivir sobre ella durante la eternidad futura.

Hay que estudiar y entender bien Apocalipsis capítulos 19, 20, 21 y 22 que explican, con claridad lo que ha de venir.

Hay que comenzar con capítulo 19 “….después de estas cosas…¨ ¿Qué cosas?

1. El arrebatamiento de los redimidos (que puede ocurrir en cualquier momento), 1 Tesalonicenses 4:13-18.

2. El Tribunal de Cristo, 2 Corintios 5:6-10.

3. La recepción de coronas, 2 Corintios 5:10.

4. Los siete años de Gran Tribulación sobre la faz de esta tierra, Apocalipsis capítulos 6-19.

5. El regreso de Jesús con Sus redimidos para establecer Su reino de paz sobre esta tierra por 1,000 años.

6. Derrota final de Satanás, Apo. 20:7-10.

7. El juicio de los incrédulos, Apo. 20:11-15.

8. La limpieza de esta planeta y el cielo, Apo. 21:1-7.

9. La herencia de los incrédulos, Apo. 21:8.

10. La eternidad, Apo. 21:9 y adelante.

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